La pregunta M.Valls. Rafael Poch de Feliu

¿Qué ha pasado en este país para que un personaje como éste tenga posibilidades de ser alcalde de Barcelona?

Los medios de comunicación del procés, la “prensa del movimiento” de este país, han puesto el grito en el cielo. Sus voluntariosos comisarios y bien pagados plumíferos parecen estar literalmente cagados por la candidatura de Manuel Valls. ¿Para qué, sino, dedicarle tanta atención? Para mí la primera pregunta que Valls evoca es la de, ¿qué ha pasado en este país para que un personaje como Manuel Valls, opte a la alcaldía de Barcelona? La pregunta nos interroga a todos.

No se trata de que sea un “fracasado” en su país de acogida. A un tipo que a su edad ha sido alcalde, diputado ministro y primer ministro en Francia, esa etiqueta no le va. No es su talla como político lo que hay que debatir, a menos que queramos compararla con la de sus competidores a la alcaldía o con las figuras que hoy presiden la Generalitat, el Parlament, los partidos políticos catalanes, etc. En esa foto, Valls no es, precisamente, el más bajito. Tampoco el más facha.

La Presidentorra (el concepto es homenaje a Albert Soler del Diari de Girona, el último periodista cuerdo que queda en Catalunya) es bastante más facha que él: el discurso de Torra sobre los españoles (que en la “prensa del movimiento” apenas ha sido tema) sitúa a Valls bien a la izquierda del actual honorable. El president del Parlament, el chalado de Bruselas y todo el rebaño de profesores de instituto y amateurs que dirigen la República imaginaria, parecen una colla de payasos al lado de este tipo, formado en la escuela republicana (esta de verdad) francesa. Valls tiene los pies en el suelo, sabe sumar y restar. Sabe lo que es un estado, lo que es Europa, lo que es y no es un referéndum. En resumen, al lado de los de aquí es un profesional.

Claro que es un oportunista, claro que es de derechas, pero me remito a la pregunta del inicio: ¿qué ha pasado en este país para que un tipo como él tenga posibilidades de hacerse con la alcaldía? Pues lo que ha pasado es que se ha quebrado el consenso interno que sostenía la convivencia en Catalunya. Aquí unos eran nacionalistas, y otros no. Unos lo eran al 90%, otros al 50%, otros al 10% y otros no lo eran en absoluto, pero todos se respetaban y se soportaban los unos a los otros. Hoy sospecho que la mayoría de los catalanes apoyarían a quien fuera capaz de coser ese divorcio y acercarnos al matrimonio anterior.

En Barcelona ese deseo es tan fuerte que el cinturón periférico de la ciudad que siempre votó a la izquierda catalanista, hoy vota a un partido de derechas cuya bandera es el antinacionalismo, lo que mucha gente ve como una especie de procés al revés. Es decir, en Barcelona se ha abierto una gran oportunidad y Valls, que es un oportunista profesional (no confundir con uno amateur e ignorante), la ha visto. Después de que la izquierda regalara buena parte de su base electoral a Ciudadanos, de que el nacionalismo lo dividiera todo con la ilusión de su Ínsula barataria y que revitalizara con sus banderas a la derecha corrupta, tanto en Madrid como en Barcelona, ¿de qué podemos quejarnos? Este pueblo grande en el que se ha convertido Barcelona tendrá al Valls que se merece. La escuela política francesa es superior a la española. No es un juicio de valor, es una cuestión de años de libertad y en eso nos llevan bastante ventaja.

En general, todos los políticos franceses, de izquierda, derecha y hasta de ultraderecha, tienen más tablas, más cultura y más escuela que los nuestros. Aunque sea al servicio de los ricos, de la empresa y del autoritarismo, esa escuela es superior a la local. Lean el artículo que Valls publicó hace unos días en El País. Era un producto perfecto. Quiere arrambar con todo; con los antinacionalistas, con los castellanoparlantes, con los asustados por el procés, con los desencantados con todas las demás opciones, y hasta con un buen sector del catalanismo. Pujol, Maragall, Coby, els castellers el tío Perico y la virgen de Montserrat, si hace falta. No se rían: este tipo puede ganar. Y hay que preguntarse por qué.

La pregunta M.Valls