“Las urnas no indican un triunfo de la extrema derecha, sino una advertencia a Merkel” de Mary Dejevsky, en eldiario.es/the guardian

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“Malo” es un concepto relativo. Tras conocerse los resultados de las elecciones regionales en Alemania, se ha calificado de “dramática” la derrota del partido de centro derecha Unión Cristianodemócrata (CDU), liderado por Angela Merkel. Estos comicios eran percibidos como un referéndum oficioso sobre la acogida de refugiados y los resultados han sido interpretados como un suspenso. La extrema derecha xenófoba ha obtenido el mayor impulso electoral; algo impensable en Alemania hasta la fecha. Los electores han castigado las medidas impopulares de CDU, ideadas y auspiciadas por Merkel, con una audacia poco habitual en ella.

La profundidad de la caída de CDU, y por extensión de Merkel, depende en gran medida de nuestras expectativas.

El pronóstico más extremo era que la derrota de CDU sería tan espectacular que Merkel se tendría que plantear dimitir. Esto no ha pasado; el CDU no se ha desvanecido y si bien es cierto que la Canciller se ha debilitado también lo es que todavía puede dar mucha guerra. En el otro lado de la balanza, había la esperanza, aunque débil, de que los votantes cerrarían filas con Merkel, como muestra de confianza de una nueva Alemania, más moderna, más diversa y más generosa. Esto tampoco ha pasado. El apoyo a Alternativa para Alemania (AfD) ha crecido sustancialmente y el partido antiinmigración ha obtenido cifras de dos dígitos en los tres estados que votaron este domingo y ha conseguido representación en los parlamentos regionales. Así que Alemania, a pesar de su historia, no es inmune a la extrema derecha.

Sin embargo, el voto de los alemanes es más astuto y más realista de que se podría pensar a simple vista. Los efectos del voto a la extrema derecha son diferentes en cada región. En Sajonia-Anhalt, un estado pobre del este, el AfD superó a los socialdemócratas del SPD de centro izquierda y se situó en segundo lugar, por detrás de CDU. En el estado de Baden-Wurtemberg,, los verdes han capitalizado los problemas de Merkel, mientras que en Renania-Palatinado ha sido el SPD, y la líder regional de CDU Julia Klöckner, que es percibida como una posible sucesora de Angela Merkel, los que han sufrido el golpe más duro.

Al final, ni el bofetón a CDU ni el abrazo a AfD han sido lo suficientemente fuertes como para hacer temblar los cimientos de la política alemana. En cada uno de los tres estados, el partido más votado sigue siendo el mismo si bien es cierto que se tendrán que reconfigurar las coaliciones. Por otra parte, el AfD no tiene ninguna posibilidad de entrar en el gobierno regional. Sigue siendo, al menos de momento, el partido de las protestas.

El voto a AfD pone de manifiesto dos problemas, uno estructural en la política alemana y el otro más inmediato y creado por Angela Merkel.

Los votantes de los comicios regionales constituyen cerca del 12% del electorado de Alemania, y le han lanzado una clara advertencia a Merkel de cara a las elecciones nacionales del próximo año. No todos han dado su apoyo al AfD al expresar su rechazo. En lo que antes era Alemania Occidental muchos optaron por votar al partido de los verdes, el SPD, que podría cortarle las alas a CDU. Este es el legado de un electorado bien informado y práctico pero también es un indicador de los defectos del sistema.

Al final, ni el bofetón a CDU ni el abrazo a AfD han sido lo suficientemente fuertes como para hacer temblar los cimientos de la política alemana. En cada uno de los tres estados, el partido más votado sigue siendo el mismo…

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