«Los asuntos de nuestra socialdemocracia» de Luis García Montero, en Público

nuestros socialdemócratas

“La verdad es que ha sido una representación muy dura la protagonizada por la socialdemocracia europea en el Circo de Invierno de París. La sonrisa y las palabras de Martin Schulz,  candidato socialista a la presidencia de la Comisión Europea, estuvieron llenas de malabaristas, equilibristas, trapecistas y contorsionistas. El antiguo dominio político de las palabras terminadas con el sufijo “ista” (socialista, anarquista, comunista, fascista…) se vio sustituido por los saltos mortales y los juegos propios de la pista del circo. Más que pertenencia a una doctrina, el sufijo indicó el desempeño de un oficio espectacular.

François Hollande ganó las elecciones en Francia con un programa lleno de ilusión social. Ofrecía una alternativa política al neoliberalismo imperante de Angela Merkel. Su Gobierno abandonó después esa ilusión para aplicar de inmediato, más allá de las consignas y los adornos electorales, el mismo programa que la presidenta de Alemania. Cuando las elecciones municipales evidenciaron el enfado de los ciudadanos, sólo supo hundirse más en la herida y acentuar el abandono de la ideología socialdemócrata. La imposición de una política única (neoliberal y financiera) llegada de Alemania y del Banco Central Europeo, no sólo ha acabado con la socialdemocracia. También ha borrado la lógica franco-alemana de la Europa fijada en el viejo Tratado del Elíseo por Charles de Gaulle y Konrad Adenauer. Ahora todo es Berlín, o mejor, todo es imperio de la especulación y de los bancos.

La verdad es que fue duro oír hablar en el circo a Elena Valenciano, candidata socialista española en las próximas elecciones europeas. Justo en el momento en el que el socialismo francés representado por Manuel Valls imponía la congelación de las pensiones y de los sueldos públicos, Valenciano gritaba en París contra la “tiranía de la austeridad” y clamaba en favor de la Europa social. No quiero hablar aquí desde un punto de vista moral, utilizando conceptos como hipocresía, desfachatez, farsa, mentira o desvergüenza. Esa perspectiva la dejo para el socialismo de caviar, fascinado por el dinero y los amigos multimillonarios, que representan hasta la saciedad figuras como la del escandaloso Dominique Strauss-Kahn o como nuestro Felipe González.

Aquí sólo quiero hablar del síntoma político: un mitin y la contradicción de un programa electoral socialdemócrata defendido por los mismos que, en ese mismo momento (no ya un turno después), aplican duras medidas neoliberales. Los austericidas claman contra el austericidio. La lluvia de este síntoma cae sobre un mojado reciente en España. Los socialistas de nuestro Rubalcaba protestan hoy contra lo que ellos mismos hicieron cuando estaban en el Gobierno.

Desde el punto de vista de la izquierda, el proceso de configuración de la Unión Europea ha supuesto un fracaso. El síntoma principal está en el suicidio político de la socialdemocracia. Los partidos tradicionales socialdemócratas se pueden mantener, aunque en condiciones cada vez más adversas. Pero la política socialdemócrata está liquidada. La Europa del bienestar y del Estado garante de los equilibrios económicos fue una alternativa contra los totalitarismos y el neoliberalismo norteamericano. Pero el proceso de los últimos años ha convertido a Europa en un laboratorio para la privatización de la política en favor de los intereses financieros y de la banca alemana…”

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