Los jaleadores/La rueda de los traidores. Andreu Claret/Enric Juliana. Mini-Crónicas catalanas/La Vanguardia

Andreu Claret.

Mini-Crónicas catalanas/67. LOS JALEADORES.

Como saben mis lectores por alguna crónica, vivo muy cerca del Parlament. O sea que ayer fue otro gran día. Cuando se llena la calle suelo bajar un rato, darme una vuelta, a veces hablo con algunos de los manifestantes que acuden de otros barrios y de las comarcas lejanas que constituyen viveros de la Catalunya independentista. Los observo con distancia, pero con respeto. Y nunca he perdido del todo la curiosidad que se le supone a un periodista. Política, cultural, casi antropológica. La impresión que tuve ayer es que para muchos fue un día triste, muy triste, y me cabreé. Eran menos que otras veces, pero eran muchos, la mayoría jubilados, disciplinados, atraídos por el llamamiento de la ANC. Habían acudido para ver investido a Puigdemont. Para ver como su último sueño se hacia realidad. Iba a ser un gran día. Le iban a dar un bofetón histórico a Rajoy. ¿Que el gustazo sólo iba a durar unas horas? Qué más da. Tenemos 68 votos, pues adelante. La mayoría eran conscientes de que el Constitucional iba a actuar. Algunos incluso aceptaban que pretender gobernar desde Bruselas es una temeridad, pero lo importante era la dignidad. Otra vez la dignidad. Sin embargo, ayer las cosas se torcieron. Y no fue por Rajoy, sino por Torrent. No había policía nacional y sí muchos Mossos. Cuando la ANC mandó desalojar, volvieron a coger el coche del vecino, el autobús o el tren y para casa otra vez. Había sido un día triste. Entonces pensé en la responsabilidad inmensa de los jaleadores. En quienes les han vendido humo durante años, aprovechando la cerrazón del Partido Popular. En quienes les prometieron que el voto del 27-S iba a ser el voto de su vida. En los responsables de que este sueño acabe en pesadilla, haciéndo creer que esto de la independencia iba a ser pan comido. Que Rajoy se iba a achantar, y que Europa iba a celebrar el nacimiento de una nueva República en la orilla del Mediterráneo en cuanto el Estado se pasara un pelín. Si tuviera que anotar los nombres de quienes han alentado esta mentida colectiva desde tribunas mediáticas o políticas, no cabrían en esta crónica. Sí, ayer, viendo como toda esta gente descubría los límites de la política y de la geopolítica, me cabreé. Y pensé que no habíamos sido capaces de advertirles que caminaban hacia ningún sitio.

[Tomado del facebook de Andreu Claret]

 

 

Enric Juliana

La rueda de los traidores.

Madrid

La aplicación del artículo 155 en Catalunya se podía haber evitado si Carles Puigdemont hubiese convocado elecciones el día 26 de octubre, después de tensas horas de discusión en el Palau de la Generalitat. Valiosas pruebas documentales de la negociación obran en poder de los nacionalistas vascos, que actuaron de mediadores entre Madrid y Barcelona. (Véase La Vanguardia del 27 de noviembre del 2017).

La madrugada del 26 de octubre, después de un duro forcejeo dialéctico con la secretaria general de Esquerra Republicana, Marta Rovira, el presidente de la Generalitat tenía decidida la convocatoria. “Puigdemont estaba más decidido que convencido”, me puntualizaba hace unas semanas en Bilbao un alto dirigente del PNV que conoce bien el transcurso de aquellas horas. Se oyeron algunas palabras gruesas en Palau. Más cauto que Rovira, Oriol Junqueras evitó el choque personal. Puigdemont estaba dispuesto a firmar el decreto antes del amanecer, pero el conseller Santi Vila, el más moderado de todos, tuvo un arrebato noucentista y comentó en voz alta que los países serios no convocan elecciones de madrugada. ¡La estética!

El prurito del ampurdanés Vila tuvo consecuencias. Al cabo de unas horas, por la mañana, la infantería digital soberanista se incendiaba. ¡Traición! Algunos oficiales se pusieron al frente de la protesta. El ubicuo Antonio Baños colocó la foto de Puigdemont boca abajo. Gabriel Rufián tuiteó “155 monedas de plata”, un mensaje que le acompañará toda la vida. La ejecutiva de ERC amenazó con abandonar el Govern. Dos diputados del PDECat anunciaron la dimisión. Muchos alcaldes convergentes llamaron a Puigdemont muy asustados. Nunca perdamos de vista las elecciones municipales del 2019 para entender lo que está pasando ahora en Catalunya. Puigdemont pidió ser apuntalado por una declaración pública del Gobierno central, y le dijeron que no podía ser. El trato acordado con Urkullu era: él convoca, nosotros hibernamos el 155. Y después pasó lo que pasó.

Ayer se vivió en Barcelona el reverso del 26 de octubre. Ahora los traidores son los de ERC. Manifestación airada ante el Parlament. Bronca a los diputados de la oposición. Presión sobre Roger Torrent, apoyado desde la cárcel por Junqueras. Linchamiento digital de Joan Tardà por sugerir el sacrificio de Puigdemont. (Marta Rovira, hábilmente desaparecida).

Hay pelea. Espesa pelea. El proceso político de Catalunya no se explica sin considerar la pugna insomne entre dos fuerzas. La poderosa y quemada CDC y la inquieta ERC, siempre temerosa de no poder alcanzar sus objetivos. El gen convergente es muy resistente. Primero mutó en PDECat y después en el legitimismo de Junts per Catalunya, lista victoriosa el 21 de diciembre. Los “carlistas” tienen en la cabeza la reunificación del soberanismo en un nuevo movimiento de amplio espectro, al estilo del Scottish National Party. El proyecto de Puigdemont es incompatible con la gran ERC de centroizquierda teorizada por los profesores Josep Manuel Tresserras y Enric Marín. Esta es la pelea. Esta es la clave de tantas prisas. Ahí está la causa principal de los graves errores cometidos.

http://www.lavanguardia.com/politica/20180131/44419639460/la-rueda-de-los-traidores.html