«Los teólogos herejes de Roma» de Ruben Aguilar Valenzuela, en nexos

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«El 16 de octubre de 1978 el cardenal polaco Karol Wojtyla es electo Papa y adopta como nombre Juan Pablo II. Tres años después, el 25 de noviembre de 1981, designa al alemán Joseph Ratzinger como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Éste dimite como arzobispo de Múnich, para trasladarse a Roma al inicio de 1982. A partir de ese momento y hasta la muerte de Juan Pablo II será el teólogo del Papa y el garante de la vera doctrina de la Iglesia. El papa Wojtyla es consciente de ser un pastor, cosa que le será muy útil en su tarea, pero también que está lejos de ser un conocedor profundo de la filosofía y teología. Sabe que es algo que necesita para realizar su tarea y es eso precisamente lo que puede ofrecerle el profesor Ratzinger.

A partir de 1982, el papa Juan Pablo II y el teólogo Ratzinger van a trabajar juntos en defensa de la ortodoxia doctrinal y serán a partir de entonces “el uno para el otro” o “almas gemelas”. Los dos coinciden en que tienen ideas teológicas conservadoras, con rasgos integristas, pero uno es estudioso de la teología, un teórico reconocido en el campo, que a los 34 años fue asesor del cardenal Joseph Frings, arzobispo de Colonia, en el Concilio Vaticano II (1962-1965), y el otro un pastor que ejerció en su natal Polonia. Uno es extrovertido y el otro tímido. Los dos se complementan y no se compiten. Cada uno sabe de sus límites y posibilidades.

En 1993, a los 10 años de encabezar la moderna Inquisición el Papa premia al teólogo Ratzinger y lo hace cardenal. En 1998 es elegido como vicedecano del Colegio Cardenalicio y en 2002 como decano del mismo al tiempo que continúa como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El 19 de abril de 2005 el cardenal Ratzinger es elegido como sucesor de Juan Pablo II en el segundo día del Cónclave. Los cardenales acordaron pronto quién sería el 265 sucesor de san Pedro en el obispado de Roma.

Algunos teólogos albergaban la esperanza de que Ratzinger, con su acceso al papado, cambiaría de actitud con relación a la producción teológica, sobre todo cuando, a semanas de haber asumido su nueva responsabilidad, sostuvo un encuentro con el teólogo suizo Hans Küng, condenado por Juan Pablo II, que había sido su compañero en el Concilio. Muy pronto el desarrollo del pontificado de Benedicto XVI se encargó de echar por tierra esas esperanzas. Entre el cardenal Ratzinger a cargo del Santo Oficio y el papa Benedicto XVI nunca hubo diferencias. Los dos, al final el mismo, pero con cargos diferentes, se dedicaron a perseguir a las y los teólogos que según ellos, el prefecto y el Papa, eran “herejes” o por lo menos heterodoxos, que para el caso es lo mismo…»

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