“Manuel Sacristán en el contexto de la filosofía española” de Pedro Ribas Ribas, en Rebelion

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“El contexto es el de la dictadura franquista. Sacristán nace en 1925, dentro de una dictadura, la de Primo de Rivera. A sus seis años llega la República, el gran acontecimiento de renovación cultural y política de España. Pero la renovación da un vuelco en 1936, con el estallido de la Guerra Civil, cuando Sacristán tiene 11 años. La victoria de los militares golpistas, cuando Sacristán ha cumplido 14 años, significa que vuelve la dictadura, esta vez sobre una España en escombros, los producidos por tres años de terrible guerra civil. En este contexto de país en ruinas, dominado por militares, eclesiásticos y falangistas, termina su bachillerato, y, como a tantos españoles de su generación, le tocará vivir la dictadura de Franco durante 40 años. Sólo podrá vivir nueve años de posfranquismo, que tampoco le trató muy bien, ya que la conferencia de rectores de universidad se negó a concederle una cátedra en 1980. Sacristán llegó a catedrático en 1984, un año antes de su muerte.

Al igual que muchos jóvenes como él, entra en la organización juvenil de Falange ya en los años de bachillerato. [2] Durante los estudios universitarios ingresa en el SEU (Sindicato Español Universitario), con el que rompe muy pronto, en 1946, a sus 21 años. En el SEU encontró medios para expresar sus inquietudes intelectuales, pero, naturalmente, dentro de cauces muy estrechos. Estudió inicialmente Derecho, pero en 1947 se pasó a Filosofía y Letras para estudiar Filosofía. Una vez licenciado en Filosofía se licenció también en Derecho. Entre 1954-1956 estudia lógica matemática en la universidad alemana de Münster, convirtiéndose en el primer español con gran formación en lógica moderna. Habían existido ya o existían hombres de buena formación matemática interesados en la lógica, como Ventura Reyes Prósper, Juan David García Bacca, Vicente Muñoz Delgado, Miguel Sánchez Mazas o José Ferrater Mora, pero sin una preparación y dedicación específica a la materia comparable a la de Sacristán.

Por lo que sabemos, es en Alemania donde se hace comunista. Al volver a España se convierte en profesor no numerario (PNN), esa figura que conocemos muy bien los que hemos enseñado en la universidad durante la dictadura y que significaba tener un contrato de trabajo sin ninguna cobertura jurídica. Naturalmente, Sacristán, como hombre comprometido políticamente, como comunista, tendrá problemas con la policía desde el primer día. Su expediente policial debe dar materia para una tesis. [3] Se casa con Giulia Adinolfi, una hispanista y comunista italiana, en 1957. Y en 1959 lee su tesis doctoral sobre Heidegger: Las ideas gnoseológicas de Heidegger. Conviene tomar nota de esto: viene de Alemania convertido en un gran especialista en lógica moderna, pero su tesis, que trata de un autor sobre el que ya había escrito en Laye, en 1952, no es un estudio de lógica, sino de un filósofo metafísico. Sin embargo, el metafísico Heidegger sale bastante malparado de esta tesis. Aunque lo considera un filósofo muy importante y muy influyente, ahora, en 1959, Sacristán sigue siendo un hombre muy preocupado por las cuestiones de fundamento y, por ello, nunca alineado con positivistas y neopositivistas [4] , aunque sí con el interés de éstos por la ciencia. Su orientación teórica va cada vez más unida a la ciencia y ahí Heidegger resulta decepcionante. La racionalidad es indisoluble del conocer científico, y al ser el autor de Ser y tiempo un filósofo tan poco amigo de este conocimiento, Sacristán atribuye su irracionalismo a su falta de apoyo en la ciencia. La lógica es un instrumento básico para criticar tal irracionalismo, pero no sólo la lógica, sino la epistemología científica o la filosofía de la ciencia son herramientas que Sacristán cultiva con progresiva intensidad desde mediados de los años 50 del siglo XX. Por otro lado, cuando Sacristán escribe la tesis sobre Heidegger, en 1959, era comunista. No podía congeniar con un autor que despreciaba la práctica, sobre todo la práctica en el sentido de trabajo con el que el hombre se hace a sí mismo y transforma la naturaleza. Miguel Manzanera, en su tesis sobre Sacristán, señala muy oportunamente que donde Heidegger habla de la iluminación del Ser, es éste el que ilumina, de manera que el genitivo es subjetivo. Pero Sacristán invierte este orden, de manera que es el hombre, al señalar fines, el que ilumina, esto es, convierte el genitivo en objetivo, convierte la pasividad en actividad, en práctica. [5] Y esto es lo que emparenta tan de cerca a Sacristán con Adolfo Sánchez Vázquez, el filósofo de la praxis, y lo que lo emparenta de forma especial con Gramsci, que es el gran referente del comunismo sacristaniano.

Vayamos a esto del comunismo de Sacristán. ¿Cómo andaban las cosas en cuanto a marxismo y comunismo en los años 50? Imagínense ustedes cómo podían andar con una dictadura militar, con una llamada Organización Sindical, que no era un sindicato, sino una organización de la dictadura para meter en el mismo saco a empresarios y obreros. La Organización Sindical era el invento fascista destinado a evitar que hubiese sindicatos, igual que el llamado Movimiento Nacional, el partido único del franquismo, era el partido destinado a evitar que hubiese partidos. Sacristán se ha formado en ese mundo de la dictadura como marxista clandestino, y eso le distingue de marxistas como Sánchez Vázquez o Wenceslao Roces. Éstos se han formado como marxistas en la España republicana, que les ha enseñado lo que es una revolución popular, lo que es un pueblo en armas y lo que es una guerra en la que los intereses de clase están muy claros. Sánchez Vázquez, uno de los comunistas exiliados en México, fue militante de la Juventudes Comunistas, una organización que contaba con doscientos mil afiliados y que tenía su propia prensa. Esa organización actuaba como escuela de formación, ayudada por gran actividad de artistas, cine, literatura, conferencias etc. Naturalmente, la España de Franco intentó y consiguió borrar toda huella de actividad no controlada por la dictadura. Los libros sobre marxismo fueron confiscados, quemados o retirados de las bibliotecas. Sin entrar en detalles, sólo pretendo indicar que Sacristán no tuvo las cosas fáciles para ser comunista, sino que serlo en los años 50, dentro de la España franquista, era moverse en la clandestinidad, en las catacumbas, expuesto siempre a ser detenido, torturado y hasta ejecutado, como lo fueron tantos en la época. Aunque los jóvenes no habéis vivido directamente la dictadura, que, afortunadamente queda ya muy lejos, habéis visto el cine de nuestros grandes artistas y habéis leído las novelas de los escritores que han escrito sobre ello. Lo que yo quisiera destacar es que Sacristán es un marxista surgido desde dentro del franquismo, desde dentro esa España en escombros, dentro de la clandestinidad. Con ello no quiero decir que él sea una rara excepción. Sacristán es parte de un grupo de intelectuales, la mayoría salidos también de la Falange, que simpatizarán con el marxismo o que serán liberales críticos de la dictadura. Carlos París, sin ir más lejos, marxista también, que fue catedrático de esta universidad y fundador y organizador de su departamento de Filosofía, salió igualmente de la Falange y pertenece a la misma generación que Sacristán, aunque es cierto que el marxismo y el comunismo de París son más tardíos, lo cual es fundamental para que París llegara a catedrático a sus 25 años. Los que ocuparon las cátedras que dejaron los exiliados republicanos fueron generalmente falangistas, opusdeístas o de Acción Católica.

La clandestinidad es palabra clave tratándose de comunismo durante la dictadura. Los comunistas que no han podido salir del país han sido asesinados o están en la cárcel. El comunismo era algo obsesivo para el régimen de Franco. Todo lo que se movía, incluidos grupos liberales, republicanos o simplemente cristianos comprometidos, eran comunistas. Por esta razón el comunismo tenía un peso mucho mayor del que en realidad le correspondía. Conviene recordar que Franco nunca presumió de haber derrotado a la República, sino de haber derrotado al comunismo. El comunismo no era para el nacionalcatolicismo imperante en la España de Franco una corriente intelectual o una orientación filosófica y política. Comunistas eran los rojos, la anti-España, los enemigos de la patria; comunista era una designación absolutamente negativa en el lenguaje oficial; ser comunista no designaba a una una persona con una forma de pensar y de actuar; designaba a un traidor y a un delincuente.

Para situar a Sacristán en el contexto que le tocó vivir y para situar el marxismo al que él adhirió hay que recordar que el marxismo había logrado una presencia considerable en la República. Me refiero a asociaciones obreras, libros, prensa, asociaciones culturales, cine, teatro. No me voy a detener ahora en las ediciones de bibliografía marxista que salen en la España de los años 30, los de la República. Solamente indicaré, como botón de muestra, que el Manifiesto Comunista, que es la obra de Marx más universalmente editada, tenía una edición aproximadamente cada 5 años desde su primera traducción al español, en 1872, mientras que en el período de la República hay 4 y 5 ediciones cada año, es decir, se han multiplicado por 10. Probablemente, el salto es todavía mayor de lo que estoy diciendo, pues me baso casi en exclusiva en los datos que conozco de la prensa y editoriales de Barcelona y Madrid. Es muy probable que haya ediciones que desconozco, sobre todo en la prensa obrera de provincias y pueblos a lo largo y ancho de la geografía española. El ejemplo del Manifiesto no es ningún caso excepcional, sino que, por los datos que conozco, sus ediciones corresponden aproximadamente al ritmo de ediciones de bibliografía marxista en general…”

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