“Marx y las interpretaciones culturalistas de la esclavitud americana colonial” de Jorge Ibarra, en A contracorriente

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Los debates historiográficos más importantes sobre la esclavitud americana han estado vinculados de una manera u otra a la hipótesis central de Marx a propósito del carácter no capitalista de la plantación y su dependencia del mercado mundial. En la medida que el trato al esclavo y las relaciones de tolerancia existentes en la sociedad han dependido de los nexos con el mercado mundial y con el mercado africano de esclavos, las formulaciones marxistas originales han sido acreedoras del veredicto favorable de los hechos. La primera gran discusión tuvo como centro los estudios de Gilberto Freyre sobre la esclavitud brasileña y de Frank Tannenbaum acerca de las diferencias entre el contexto moral y legal de la esclavitud en los Estados Sureños de Norteamérica y el de la esclavitud en las posesiones coloniales ibéricas.(2)

La caracterización de la esclavitud nordestina del siglo XVII por Freyre como una esclavitud de tipo patriarcal, cuyo origen debía atribuirse a las normas morales y legales y al poder de asimilación cultural de la civilización ibérica, evadía los condicionamientos económicos del fenómeno estudiado. La híbrida cultura de la metrópolis portuguesa, con sus diversas influencias moriscas y africanas, habría determinado desde un principio las relaciones étnicas y el carácter de la esclavitud brasileña. De ahí que el paternalismo constituyese el patrón básico de las relaciones sociales entre los colonizadores blancos de origen portugués y sus esclavos, africanos e indios. De acuerdo con esta interpretación, la compasión cristiana por las razas inferiores constituía la marca de distinción de la cultura brasileña. Los castigos que ocasionalmente imponían los amos a sus esclavos debían ser valorados como una derivación de las relaciones familiares entre padres e hijos. Si bien esta descripción de Freyre de las relaciones patriarcales imperantes en el nordeste brasileño parecía inobjetable, su intento de definir a los propietarios de yacimientos minerales de Minas Gerais y a los plantadores cafetaleros de Bahía, de carácter y orientación marcadamente empresarial, como señores paternalistas, constituyó una extrapolación contraria a la lógica de su relato historiográfico. Sus posiciones fueron cuestionadas por las investigaciones regionales de C. R. Boxer sobre Minas Gerais. Los trabajos de Caiao Prado Jr. y de Celso Furtado contribuyeron también a esclarecer las diferencias entre las distintas regiones esclavistas.3 Sin embargo, Freyre trataría de rebasar las inconsistencias de sus primeros estudios de carácter culturalista cuando se propuso vincular el deterioro del paternalismo nordestino y de su carácter patriarcal, con el auge de la producción mercantil en esa región a lo largo del siglo XIX…”

Texto completo en http://www.ncsu.edu/acontracorriente/documents/Ibarra_000.pdf