Mini-crónicas catalanas 124 y 125. La nueva política y los patinetes/Debilidad y desconcierto. Andreu Claret.

Mini-crónicas catalanas/124
LA NUEVA POLITICA Y LOS PATINETES. Con la nueva política, ocurre como con los patinetes. Que no todo es tan nuevo como parece. En los últimos años, los partidos políticos se han visto sacudidos por maneras de ser y de hacer rompedoras. El movimiento que llevó a Ada Colau a la alcaldía de Barcelona fue pionero en esta renovación. Se trataba de superar, en el fondo y en la forma, el sistema de partidos procedente del consabido ‘régimen del 78’. Incluyendo el PSUC. Carles Puigdemont, que tiene vocación de esponja, intenta copiar la fórmula: ni CDC, ni PDeCat. Nada que recuerde la herencia de Pujol. Comparte con Colau la voluntad de dejar atrás la maldita transición. Con una euforia que no acaba de cuajar, los suyos proclaman que es el momento de La Crida. Un objeto político no identificado pilotado por dos hombres procedentes del legado post-psuquero: Jordi Sánchez y Toni Moral. La forma-partido es una pantalla pasada teorizan la izquierda post-comunista y el independentismo post-convergente. ¡Menuda coincidencia! El cambio es ineludible. Pero no parece que sea suficiente, a la vista de la fagocitosis que padecen quienes han apostado por tirar al niño con el agua sucia. Innovar es preciso, pero la sufraguista londinense montada en su patinete nos recuerda que todo está inventado. También en política. Vean sino: los dos partidos que encabezan las encuestas en España y en Catalunya suman 228 años. El PSOE y Esquerra Republicana, que siguen operando cómo formaciones convencionales. O sea que menos lobos. Para progresar, no basta con subirse a un patinete eléctrico. Hay que saber a donde se quiere ir. Sin olvidar que la batería da para 20 kilómetros cuando el juguete es nuevo, pero no alcanza ni para cinco al cabo de un tiempo. (Gracias a Pepa Alemany por la foto de Lady Norman, la suffraguette que acudia a su oficina con un scooter para colaborar con el esfuerzo de guerra. Circa 1916)

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Mini-crónicas catalanas/125
DEBILIDAD Y DESCONCIERTO. La derecha y sus medios se frotan las manos ante la debilidad y el desconcierto que muestra el independentismo en puertas del juicio. Yo no me alegro. En política, la debilidad no suele ser buena consejera. Puede llevar a sobreactuar y arriesgar más de la cuenta como ocurre estos días. ¿De qué debilidad habla usted? De la que se expresa en muestras de flaqueza de mucho calado. Los presos han venido y se han ido sin que se produjera ningún ‘daltabaix’. El gobierno se reunió en Barcelona sin que sucediera nada que no estuviera previsto. El juicio se ha convocado sin que se alterara la vida cotidiana. La huelga prevista se ha aplazado… al día siguiente de que el Consell per la República la apoyara, y las últimas movilizaciones han sido, digamos que discretas. Europa sigue inquieta por unas acusasiones de rebelion que no entiende, pero callada. Y ningún país del continente está, ni estará, por el derecho de autodeterminación. Aunque cada día hay alguna barrabasada para exhibir en TV3, lo cierto es que el Supremo mira hacia Estrasburgo y prepara la vista con una cautela que desarma. La suficiente como para que no cuele el símil de Turquía. Desconcierto para quienes esperaban vejaciones de republica bananera. Hay otras fuentes de debilidad: las trifulcas cainitas entre socios, el fracaso de la Crida y la huida hacia adelante de Puigdemont que vuelve a dar por proclamada la República. Radicalización de unos pocos. Desconcierto de muchos. Nada bueno. Quienes se alegran de semejante deriva se equivocan. Yo siempre he estado contra las proclamas unilaterales, pero no aspiro a que el independentismo muerda el polvo. Hay que darle una salida. Dentro de la ley y con toda la imaginación que haga falta. Empezando por la gestión política de las condenas y buscando una fórmula para que algún día se pueda votar.

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