Mini-Crónicas catalanas/95: “Quemar las naves.Andreu Claret

 

Si han visitado el museo de arqueología de Estambul recordaran una tableta de terracota que los turcos exhiben como el primer tratado de paz firmado por egipcios e hititas hace más de treinta siglos. Un antecedente de los logros y las normas de la diplomacia. Puede que el President Torra no haya estado en Turquía, o que entienda la diplomacia como propaganda. En todo caso, su actuación en Washington ha sido un tremendo error. No es que las relaciones internacionales no sirvan para convencer las mentes y los corazones de los demás. Pere si se reducen a la agitación, el fracaso está garantizado. Y si además esta pretensión se lleva a cabo a trompicones, con formas propias de otros escenarios, conduce al fiasco.

Churchill, que podía ser muy bruto cuando quería, dijo que ‘la diplomacia es el arte de decir a la gente que se vayan al infierno, de tal manera que acaben pidiendo por la dirección’. Nada de esto ha tenido en cuenta el President al defender sus posiciones en Estados Unidos. El descalabro ha sido mayúsculo, con vuelta al hotel andando, prohibición de pronunciar el segundo discurso, que era el importante, orden de replegar las pancartas y cachete de los organizadores. ¿Un error? Puede que sea más que esto. La tendencia a quemar las naves que se impone en un sector del independentismo. A entrar al trapo, en este caso de lo que dijo Morenés, porque no gustaba, en vez de seguir el sabio consejo de Sun Tzu para quien ‘el arte supremo de la guerra es el de subyugar el enemigo sin presentar batalla’. Todo lo contrario de lo que ha sido el lamentable espectáculo del Smithsonian Institute .

No soy ni he sido diplomático pero he trabajado en lo que suele llamarse diplomacia pública. Y si algo he aprendido, es que las cancillerías huyen de las excentricidades como de la peste. ¿Quien se va a atrever con el presidente de la Generalitat después de lo de Washington? Puede que algunos gobiernos vean con simpatía que Torra pida la libertad de los políticos presos. Sin embargo, ninguno habrá entendido que monte un pollo en pleno centro de Washington. Aprendan, por favor. El viaje son unas seis horas. Da tiempo para leer en diagonal a Joseph Nye, Paul Kennedy, y hojear las memorias de Kissinger, que son muy entretenidas.