«Nacionalismos e izquierda» de Augusto Klappenbach, en Público

nacionalismos e izquierda

«Ante todo, hay que aclarar el sentido de los términos. Entiendo por nacionalismo el deseo  de convertir en derechos políticos los sentimientos de arraigo a una región y a una cultura determinada, sea que se pretenda el establecimiento de un Estado propio o de distintos grados de autonomía. Este aspecto político es lo que diferencia al nacionalismo del patriotismo, de carácter predominantemente emotivo. La izquierda es más Ante difícil de definir. Recordemos que su origen es la ubicación espacial de los diputados en la Asamblea de la Revolución Francesa, lo cual implica cierta relatividad, en la medida en que izquierda y derecha se definen por su posición recíproca. Decía Norberto Bobbio que la izquierda se distingue de la derecha por poner el acento en la igualdad de los ciudadanos, por encima de sus diferencias. Pero el concepto de igualdad es problemático. Es evidente que no se trata de la igualdad empírica: si hasta una bacteria difiere de otra, mucho más diversos son los seres humanos, y no solo por su apariencia física sino por su manera de “estar en el mundo”, por sus cualidades, sus creencias, sus deseos. Desde este punto de vista, la igualdad empírica –como cualquier igualdad- es siempre artificial: pretender que los ciudadanos debamos eliminar nuestras diferencias o seleccionarnos por ellas para ajustarnos a un modelo establecido por el poder es la ancestral aspiración del racismo y la xenofobia. La igualdad que postula la izquierda –que debe postular la izquierda-  no consiste en la igualdad empírica sino en la igualdad de derechos no limitada a derechos jurídicos y formales sino que incluya el derecho a disfrutar de los recursos materiales y el consiguiente rechazo de la explotación del trabajo. La actual desigualdad económica, con la concentración de casi la mitad de la riqueza mundial en manos del 1% de la población es el ejemplo más claro de esta desigualdad indeseable.

En este sentido, la igualdad que caracteriza –que debe caracterizar- a la izquierda no es fácil de compaginar con el nacionalismo. Porque la aspiración a la igualdad tiende por su naturaleza a ser universal, ya que cualquier límite que se ponga a ella implicaría introducir criterios discriminatorios, es decir, no igualitarios. Definir una unidad política según criterios de lengua, geografía, cultura, religión o cualquier otro implicaría cambiar el criterio de la igualdad de derechos para reemplazarlo por el de la igualdad empírica, ajeno a la izquierda en cuanto limitativo de la universalidad. De hecho las primeras luchas izquierdistas enarbolaban la bandera del “internacionalismo proletario” y la unión del proletariado de todos los países contra el enfrentamiento de naciones en la primera guerra mundial, así como la desaparición de los Estados en una etapa final. Y resulta significativo que haya sido precisamente Stalin, cuya figura no representa precisamente a la izquierda, quien haya reivindicado “el socialismo en un solo país” y aprovechado las revueltas nacionalistas de la Europa del Este. Parece mucho más coherente con el pensamiento de izquierdas la propuesta de una sociedad plural en la cual ciudadanos distintos gocen de iguales derechos e incluso la utopía de una ciudadanía universal que haya eliminado las fronteras junto con las relaciones de explotación entre sus habitantes.

Por el contrario, la derecha liberal, en la medida en que acentúa los valores de la competitividad y el libre mercado, está mejor dotada para defender posturas nacionalistas, ya que tales valores implican la formación de grupos de poder que se oponen a posibles competidores. La sociedad de clases que la derecha defiende implica precisamente la organización de la sociedad según criterios empíricos, como su nivel de renta y su papel en la vida económica. No es casual la coincidencia de  grupos nacionalistas con sectores económicamente privilegiados. Por no hablar de la derecha fascista, con su exacerbación de los sentimientos raciales y nacionales, que se dirigen siempre a la exclusión de los diferentes…”

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