“¡Nos la querrán colar de nuevo!” de Juan Laborda, en vozpopuli

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“De nuevo unos mercados financieros nerviosos, de nuevo el consenso del mercado “a por uvas”, de nuevo una crisis larvada al margen de la mayoría de la población. Y ahora, de nuevo, pretenderán endorsársela a las espaldas de los ciudadanos corrientes y molientes a riesgo de quebrarlas. Ya les he comentado que en alguna de las propuestas planteadas por esa parte minoritaria de la ortodoxia que sí prevé una crisis de deuda se contempla un impuesto confiscatorio sobre la riqueza de la ciudadanía para hacer frente al correspondiente colapso del

Pero no se discriminaría según riqueza, no se discriminaría en contra de todos aquellos que han ido protegiendo su riqueza en paraísos fiscales, no se castigaría a todas esas corporaciones que mediante triquiñuelas legales no han pagado impuestos. De nuevo no habría un reparto equitativo de las cargas. Todo por proteger a aquellos -oligopolios, gerencias y acreedores- cuya avaricia y nulo control de riesgos ha generado la mayor crisis desde la Gran Depresión.

Occidente solo sabe deambular de burbuja en burbuja pero a costa de más desigualdades, más pobreza. Esta idea tan heterodoxa la defiende el otrora secretario del Tesoro de Estados Unidos, Larry Summers. Además, con buen criterio, insta a los responsables políticos a invertir agresivamente en todo, desde infraestructuras a educación; y en un mundo de creciente desigualdad y rápidos avances tecnológicos va a ser necesario una tributación más progresiva.

Los últimos datos

Los datos que vamos conociendo -parálisis ciclo inversiones productivas; desaceleración del comercio mundial; inefectividad política monetaria; burbujas de activos de riesgo y posterior estallido,…- nos aproximan a una de nuestras previsiones: la Segunda Fase de la Gran Recesión. Se trata de un escenario no contemplado por el mercado, debido a que no incorpora dinámicas de deuda, dinero y mercados en sus análisis.

Frente a las políticas implementadas había alternativas de política económica. Cuando se entra en una recesión de balances es necesaria una reestructuración ordenada de la deuda y de quien la concedió, el sistema bancario, a costa de gerencia y acreedores. Se trata de una condición necesaria para la reactivación, pero no suficiente. Debería completarse mediante un control de capitales, y una política fiscal expansiva centrada en gasto social y en un vasto programa de infraestructuras públicas a escala mundial. Éste último no supondría ningún aumento de deuda pública. Se podría financiar vía bancos centrales, lo que además ahuyentaría el riesgo de deflación.

Por “infraestructuras”, nos referimos especialmente el conjunto de los servicios públicos esenciales como la educación, el acceso a la asistencia médica y a los servicios esenciales (agua, electricidad, telecomunicación) y programas científicos emblemáticos (medicina, espacial, energía). Se trataría de garantizar de manera eficaz y sostenible el crecimiento mundial utilizando mejor los desequilibrios actuales en materia de recursos financieros: los países que gozan de excedentes considerables encuentran de esta forma un medio útil y seguro para reciclarlos. Obviamente implicaría un reequilibrio en el tablero geopolítico global en favor de los países BRICS.

La perversión de la política económica

La ortodoxia académica dominante, englobada en el Consenso de Washington, utilizó, y continúa usando, dos líneas básicas de política económica en lo que podemos calificar como una cínica perversión de las mismas, perturbando el uso para el cual fueron diseñadas. Por un lado, una política monetaria expansiva que, siguiendo a Richard Koo, es totalmente inefectiva en plena recesión de balances, sólo genera meras ilusiones ópticas, vía inflación de activos. Por el contrario no genera ni renta ni inversiones productivas. La expansión de los balances de los Bancos Centrales, en definitiva, no ha reactivado el ciclo de crédito de las principales áreas geográficas.

Paralelamente, se está produciendo una brutal expansión de la deuda pública en la práctica totalidad de las democracias occidentales. No se pretende sostener el empleo, los ingresos, las pensiones, la seguridad de una vivienda, tener unos estándares salariales mínimos, o el derecho a una educación como elemento de mejora social. Sólo se está incrementando la deuda pública para financiar a terceros y sanear sus balances a costa de los contribuyentes…”

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