«Nube Roja, el hombre que derrotó a los Estados Unidos» de E.J. Rodriguez, en Jot Down

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   El artículo se ha publicado en dos entregas. La primera de ellas dice: “«Nos hicieron muchas promesas, más de las que puedo recordar. Pero jamás cumplieron ninguna de ellas, excepto una: nos prometieron que nos quitarían nuestras tierras… y nos las quitaron»

Nebraska, 1837. La atmósfera está muy agitada en un poblado indio, habitado por los sioux oglala. Los habitantes del poblado están planeando un ataque. Quieren vengar la muerte de uno de sus jóvenes a manos de los indios pawnee, enemigos ancestrales de los sioux. Varios hombres curtidos en mil batallas han sido escogidos para la peligrosa tarea y se están discutiendo los detalles de la inminente expedición. Todo parece preparado para que a la mañana siguiente partan cabalgando hacia la batalla.

Pero en plena reunión se presenta un voluntario inesperado, que apenas tiene edad para hacerse llamar «hombre». Bullendo de excitación, el joven huérfano Nube Roja se ofrece para combatir a los pawnee. Tiene solamente dieciséis años pero insiste en formar parte del comando, causando el asombro de todos los presentes. El asombro o incluso el enfado, como puede deducirse de la ruidosa oposición que la ocurrencia provoca entre sus hermanas mayores y demás féminas de su familia. Casi histéricas, reprenden a Nube Roja e intentan convencer a los guerreros más experimentados para que desatiendan la alocada petición del muchacho. ¿Qué demonios le pasa por la cabeza a ese chiquillo inexperto? ¡No está preparado para una misión semejante! Debería empezar con tareas más sencillas antes de lanzarse de pleno en un ataque directo contra los pawnee. Y aunque las mujeres protestan airadamente, Nube Roja sigue en sus trece. El paisano a quien han matado los pawnee es su primo y él quiere estar allí cuando sea vengado. Todos en la aldea conocen el carácter competitivo e indómito de Nube Roja. Todos saben que desea ser un guerrero por encima de cualquier cosa, motivado por diversas razones. Una de las más importantes: guerrear es una de las pocas opciones que tiene el jovencísimo Nube Roja para hacerse un nombre entre los sioux. Su difunto padre no fue un oglala, y esto es algo que desvirtúa su linaje y supone un obstáculo a la hora de labrarse un futuro en la élite sioux. Aún peor, su padre fue alcohólico —lo mató la bebida— y esto es un motivo de vergüenza para la familia.

Los guerreros dudan, pero finalmente deciden que no son quienes para impedir que Nube Roja ayude a vengar a su primo. Y Nube Roja no cabe en sí de gozo: irá a combatir a los pawnee. Va a ser un guerrero…”

Texto completo en http://www.jotdown.es/2013/10/nube-roja-el-hombre-que-derroto-a-los-estados-unidos-i/

 

   La segunda entrega empieza: “Esta es la primera oportunidad que tengo de escribirle desde la gran masacre, y para empezar le diré que siento vergüenza por haber formado parte de aquello. No serviría de nada contarle cómo fue conducida la lucha; me limitaré a decirle que pienso que el oficial al mando debería ser ahorcado. Tras la batalla hubo una escena que espero no volver a ver jamás: a los hombres, a las mujeres y a los niños se les quitaron las cabelleras, se les cortaron los dedos para despojarlos de sus anillos. Se disparó a niños pequeños mientras rogaban por sus vidas. Le dije al coronel que creía que era un asesinato atacar a indios amistosos. Me respondió diciendo: «Dios maldiga a cualquier hombre que simpatice con esos indios». (Carta del teniente estadounidense Joseph Kramer a uno de sus superiores)

Noviembre de 1864. La tétrica noticia corre por las grandes llanuras como un reguero de pólvora encendido: setecientos soldados blancos, dirigidos por el sanguinario coronel John Chivington, han atacado una aldea cheyenne en Colorado. Una aldea pacífica, no involucrada en la guerra que otra parte de la Nación Cheyenne libra contra los blancos. Una aldea teóricamente beneficiaria de la protección estadounidense por efecto de un tratado con el gobierno de Washington. Y aun así, los hombres de Chivington han cometido una carnicería que ha horrorizado incluso a militares que formaban parte de esa misma expedición: en su correspondencia personal y oficial, así como en los informes verbales ante sus superiores, algunos de esos oficiales piden abiertamente que el coronel Chivington sea llevado al patíbulo. Cuando la noticia de la masacre empieza a circular por el país, incluso renombrados enemigos de los nativos —como el antiguo trampero y aventurero de la frontera reconvertido en líder militar Cristopher «Kit» Carson— hablan de la matanza con una mezcla de rabia y náusea:

Lo que ese perro de Chivington y sus sucios sabuesos han hecho en Sand Creek… sus hombres han disparado a mujeres y le han volado los sesos a niños inocentes. Y llamáis a esos soldados «cristianos», ¿no es así? ¿Y en cambio llamáis «salvajes» a los indios? ¿Qué pensará de esto el padre celestial, que nos creó tanto a nosotros como a ellos? Te diré algo: no me gusta un piel roja hostil más de lo que te gusta a ti. Y cuando son hostiles he luchado contra ellos tan duramente como cualquier otro hombre. Pero aún no le he puesto un dedo encima a una mujer o a un niño. Y abomino de los hombres que sí lo hacen…”

   Texto completo en http://www.jotdown.es/2014/02/nube-roja-el-hombre-que-derroto-a-los-estados-unidos-y-ii/