“Nuevo proyecto, ¿nuevo PSOE?”. Javier Aristu. en campo abierto

Por Javier ARISTU

Comentaba en un post de hace solo ocho días que la situación de las fuerzas políticas españolas podía dar como resultado que el PP se mantuviera a flote a pesar de lo que venía ocurriendo desde meses antes. Lo escribía dos días antes de la publicación de la sentencia del caso Gürtel y tres de la presentación de la moción de censura del PSOE. El cálculo que hice evidentemente era erróneo. Tras la moción y, sobre todo, tras su apoyo por todo el arco parlamentario a excepción de Ciudadanos y PP es obvio que el PP se ha venido abajo, al menos durante un corto tiempo. Se ha venido abajo porque al perder el Gobierno de España se queda como partido de gobierno solo en 4 comunidades autónomas (Castilla León, Galicia, Murcia, La Rioja). Sin duda es una derrota extraordinaria. Una derrota parlamentaria y de poder político. Queda por ver si ésta se traduce posteriormente en una pérdida de relevancia dentro de la sociedad española en beneficio de Ciudadanos o de otros partidos. En estos momentos no sabemos, ni creo que lo sepa el PP, qué van a hacer los 8 millones de ciudadanos que todavía en 2016 dieron su voto a Rajoy y al PP.

Por otro lado, paradojas de la política, la exitosa moción de censura ha cambiado radicalmente las expectativas del propio PSOE y de su secretario general. De estar prefigurado como el gran pagano de la crisis política puede pasar a ser el gran beneficiado de la misma. Si lo hace medio bien en el gobierno, si es capaz de encarrilar media docena de asuntos espinosos y relevantes es claro que obtendrá beneficios. Su dilema es, sin embargo, evidente: o crece a costa de Podemos, recuperando parte de aquel voto que a partir de 2014 se fue yendo a la formación violeta, o crece a partir de Ciudadanos que también le arrebató tajada electoral. Quiere decir, por tanto, que o se inclina por políticas de corte progresista (sociales, educación pública, salud, pensiones, energéticas, de igualdad, de derechos civiles) o tiende a proseguir una política de tinte moderado y centrista (política económica de ajustes, fiscal, de apoyo a la gran empresa, discurso nacionalista).

Otro aspecto que ha marcado un antes y un después en la moción de censura ha sido las repercusión que pueda tener en el interior del PSOE. Todos sabemos lo que ha significado Pedro Sánchez en la historia interna de ese partido: en cierta medida ha sido el intruso que desestabilizó un juego de poderes que, de una manera u otra, venía desarrollándose desde casi la Transición. Antes el intruso se llamó José Borrell. Esa intrusión consistía básicamente en encajar un concepto de política y de partido que no se correspondía con aquel diseñado por Felipe González desde los años setenta y ochenta del pasado siglo. La máxima representación y fuerza de ese modelo de partido residía en Andalucía. El debate y la agria disputa entre Susana Díaz y Pedro Sánchez cuando las primarias de hace solo un año es el cuadro más clarificador de dos modelos de partido, de dos modelos políticos. La foto de Susana Díaz  rodeada, a gusto o a disgusto, por Felipe González, Alfonso Guerra, Rubalcaba, además de toda la dirigencia socialista andaluza de los últimos cuarenta años, es la mejor imagen de ese “modelo de partido” en el que Pedro Sánchez aparecía desenfocado, fuera de foco. Todo eso creo que se ha acabado. Comienza, todavía de forma imprecisa pero sin marcha atrás, una nueva fase de un nuevo PSOE. Que triunfe ese proyecto es otra cosa, no está nada claro, pero que va a dejar atrás al PSOE de Suresnes, de FG y de Andalucía es algo evidente. Nadie va a poder contener el movimiento. Desde el Gobierno de España Pedro Sánchez va a tratar de modelar un nuevo partido que tendrá ya poco que ver con el de los viejos dirigentes.

Si el lector me permite la inmodestia, me remito a un artículo mío de hace un año donde escribía lo siguiente: « El gran error de Susana Díaz ha sido recurrir al «patrimonio eclesial» del partido, a la serie de «fundadores», como si ese talismán fuera a resolver los problemas de hoy. No ha captado que en 2011 se abrió otro ciclo político de gran profundidad, que la crisis de 2008 ha desencuadernado a todo el armazón de la izquierda social y política en Europa, que las nuevas generaciones no se acoplan con un discurso histórico que ha funcionado durante los años pasados, los de la bonanza y el circulante de dinero, y que, en consecuencia, eran nuevos los problemas y debían ser nuevas las soluciones.»

Ahora le toca a Pedro Sánchez articular ese proyecto y demostrar si hay masa crítica para el mismo.

Nuevo proyecto, ¿nuevo PSOE?