“Nuevos tiempos”. Javier Aristu. en campo abierto

Por  Javier ARISTU

En mi entrada anterior escribía: «Un tiempo nuevo acaba de comenzar en Andalucía. Un tiempo confuso, volátil, indefinido y abierto a múltiples posibilidades. Para saber encajar en él hace falta, ante todo, desprenderse de los viejos hábitos y de las antiguas fórmulas.» Bien, pues parece que algunos, o la mayoría de los partidos en liza no han terminado de adaptarse a él. Tanto por la derecha como por la izquierda las cosas siguen en un tran-tran que no nos lleva a buen puerto. Vayamos por partes.

  1. El Partido Popular sigue creyendo que Vox es fácilmente gobernable. Los dirigentes madrileños del PP –esa nueva hornada surgida de no se sabe qué escuela de alta política del chichinabo– pensaban que la gente de ese partido anticonstitucional y xenófobo han montado un partido de extrema derecha para hacerle la corte a los chicos de Casado y Moreno. No se han dado cuenta de que Vox es una apuesta a medio y largo plazo de potentes sectores de la elites europeas y españolas por configurar un polo de referencia español en la ola creciente de partidos radicales de extrema derecha. Los que están al frente de Vox no han venido a jugar a la política. Aparte de las ambiciones personales que puedan motivarles Vox se enmarca en un proyecto que es claramente antieuropeo, anticonstitucional y agresivo con el marco fundamental de derechos humanos. Es un partido que rompe los moldes de la política institucional. Ni más ni menos. Jugar a las casitas con Vox es arriesgarse a perder no solo tu propia casa sino la finca entera. Con la apuesta política que al parecer ha decidido hacer el PP y que consiste en apoyarse en Vox para llegar de cualquier manera al gobierno –esta vez andaluz pero mañana puede que español– el PP rompe la baraja constitucional que es la pieza clave que mantiene unida a la sociedad española. Al romper el compromiso constitucional el PP rompe muchas más responsabilidades que, de forma compleja y contradictoria, vino asumiendo desde 1978 y sobre todo desde la llegada de Aznar en la década de los años 90. Si se consuma el pacto con Vox en Andalucía por el que el candidato popular Juan Manuel Moreno llegaría a la Presidencia de la Junta ese partido, sus dirigentes y sus militantes, deben saber que han roto ellos mismos el proyecto de convivencia basado en el marco de derechos y deberes que es la Constitución de 1978. Que luego no se quejen de las consecuencias.
  2. Ciudadanos nació como proyecto «liberal progresista, demócrata y constitucionalista», según dice su propia web institucional pero, sin embargo, está dispuesto a aceptar y recibir los votos de un partido nítidamente anticonstitucional como es Vox. Y eso también le acarreará consecuencias negativas al partido de Rivera y de Marín. No será posible seguir defendiendo un modelo constitucional tras formar parte de un gobierno andaluz que ha sido investido con los votos de un partido de extrema derecha radical y xenófobo. En política ningún negocio es gratis. El afán de jugar en todas las zonas de un campo de juego puede llevar a la pérdida del sentido de en qué campo está uno y para qué se juega. La figuración que ha tratado de representar Ciudadanos alegando que ellos pactaban con el PP y que lo que hiciera éste con Vox era cosa suya es un juego de niños y a nadie va a convencer. Manuel Valls, su candidato en Barcelona, lo expresó claramente cuando afirmó que «Todo acuerdo programático o de gobierno con Vox sería, en cambio, un error político y una incongruencia moral. Sería incompatible con los valores europeos que muchos de nosotros defendemos». Claro como el agua. Si Juan Manuel Moreno sale elegido presidente en esta primera votación lo será con los votos del PP, de Ciudadanos…y de Vox, y a eso se llama un pacto en toda regla de los tres partidos. La otra hipótesis que plantea Ciudadanos, para evitar que aparezcan como pactistas con Vox, es que el PSOE facilite el gobierno de PP-Cs a través de su abstención. Esa propuesta marca una cierta novedad y originalidad: trata de condenar al primer partido salido de las elecciones del 2D a la ineficacia, la inoperatividad y al propio abandono de sus votantes, cerca de un millón de andaluces. ¿Qué debería hacer posteriormente el PSOE a lo largo de toda la legislatura de cuatro años? ¿Seguir absteniéndose permanentemente sin ejercer su papel de oposición? ¿Dejar que gobiernen PP y Cs como si nada pasara, como se dice en román paladino, por su cara bonita? La propuesta es sencillamente ridícula por no decir estrambótica.
  3. Por la parte del PSOE tampoco pintan buenas cartas ni sentido de la realidad. Desde la dirección andaluza siguen insistiendo en que son los primeros y tienen algo así como un derecho natural a presidir el gobierno…aunque las matemáticas no le acompañen. El PSOE de Susana Díaz cuenta con 33 diputados, es el primer grupo, pero tiene enfrente a 76 diputados que en principio manifestaron por activa y por pasiva su oposición a investir a Susana Díaz como presidenta: tanto los diputados de Vox, PP y Cs como los de Adelante Andalucía se niegan a dar su voto a esa candidata. Es muy difícil por no decir imposible que por alguna extraña combinación del actual Parlamento andaluz llegue Susana Díaz a presidir la próxima Junta de Andalucía; ni siquiera el insospechado apoyo de Adelante Andalucía (33+17=50 votos) conseguiría derrotar la oposición del tripartito PP-Cs-Vox (59 votos). Solo una impensable abstención de Cs podría dar la mayoría simple a una candidatura de Susana Díaz apoyada por AA. Los números salen, pero no las voluntades expresadas. Por ello insistía yo en aquella entrada en un «cambiar de bitácora, de carta de navegación» para afrontar la nueva singladura. Un ciclo sí ha acabado en Andalucía, 2019 marca el cierre de una época y cuanto antes se den cuenta los dirigentes socialistas andaluces antes se podrá recomponer un nuevo mapa y unas nuevas coordenadas que ayuden a salir del hoyo. Y cuanto más tarden peor será para su liderazgo social.
  4. Y vayamos, para terminar, con Adelante Andalucía. Su voluntad como fuerza política electoral que se abstiene de hacer política es francamente alarmante. Acaba de sacar (ayer martes día 8) una toma de posición sobre el futuro de la investidura que es…el parto de los montes; es decir, no dice nada y no indica ninguna vía de salida. Un primer punto declara que están «dispuestos a explorar la posibilidad de presentar un candidato o candidata alternativa que no sea la del tripartito reaccionario si las tres fuerzas de derechas no suman lo suficiente para una investidura». Es decir, si no hay acuerdo PP-Cs-Vox estarían por una candidatura PSOE-AA (55 votos, recordemos) que siempre tendrá en contra los 59 del tripartito…a no ser que sea Cs quien se abstenga esta vez. Surreal. El segundo punto es incluso hiperreal, dice así: «en caso de alcanzar un acuerdo, daremos nuestro voto a fin de evitar que se conforme una agenda política reaccionaria, antisocial y antiandaluza marcada por Ciudadanos, Vox y PP, reiterando que Adelante Andalucía no va a conformar gobierno alguno». Entiendo que quiere decir dar los votos a un gobierno del PSOE, sin AA, que lógicamente nunca podrá gobernar porque nunca tendrá mayoría. Y el tercer punto nos dice que «la persona que se presente para la candidatura a la Presidencia tendrá que acordarse por consenso». Lo que no sabemos es si ese consenso es de todos los cinco partidos o solo de PSOE y AA. En este caso eso no se llama consenso sino simple acuerdo que son cosas muy diferentes. En definitiva, la propuesta de AA es un claro brindis al sol, un amagar con la capa pero no hacer frente al toro, un plantear hipotéticas soluciones que nunca se podrán aplicar porque son inviables. Y en política, lo que no es viable es puro arbitrio que nuestra RAE define como «Voluntad no gobernada por la razón, sino por el apetito o capricho».
  5. ¿Qué hacer después de todo lo dicho? ¿Cómo configurar un gobierno andaluz que evite la presencia o apoyo de Vox? ¿Cómo hacer posible una política andaluza que respete las mínimas líneas rojas de nuestra Constitución puesto que de eso se trata en estos difíciles momentos? ¿Cómo cuadrar el círculo de todos los deseos incompatibles que plantean las cinco fuerzas políticas en liza? Proponemos lo siguiente aun sabiendo que choca con bastantes de las líneas de fuerza de los partidos que hoy tienen en sus manos la posibilidad de sacar adelante esta difícil coyuntura.

Primero: Creo que el PSOE debería anunciar que Susana Díaz ya no es candidata a presidir gobierno andaluz. La candidata nunca va a reunir los consensos necesarios para una mayoría, salvo los de su partido pero a lo mejor, en un contexto de análisis distinto y en una correlación diferente, puede haber algún otro diputado o diputada que los pudiera reunir. Es decisión traumática, sin duda, pero la realidad de los hechos es tozuda.

Segundo: Si Ciudadanos se replanteara su posición en el mapa político andaluz y se aviniera a una nueva correlación que supusiera abandonar el voto de Vox sería posible encontrar un terreno de consenso activo entre tres partidos (Ciudadanos, PSOE y AA, 71 votos) que permitiera un programa mínimo de gobierno que contaría con la participación directa de unos en ese gobierno, el apoyo externo de otros e incluso la abstención positiva de otros. Quien encabezara ese gobierno podría ser un diputado o diputada de Ciudadanos o del PSOE que tuviera el acuerdo de los tres partidos, y el gobierno podría ser lo más parecido a un gobierno de personas de prestigio y capacidad de gestión propuestas por los tres partidos y que contaran con su confianza. Un tiempo tan volátil e inestable como el que estamos viviendo a lo mejor conlleva fórmulas de gobierno y de pacto también volátiles e inestables pero útiles para impedir males mayores. Y yo entiendo que el mal mayor en estos momentos es el de un gobierno presidido por el PP y apoyado por Vox.

Tercero: Adelante Andalucía debe decidir ya si ha venido a este mundo para hacer política o para proclamar discursos. La política es un noble ejercicio del ser humano, diseñado para resolver los problemas cotidianos de los ciudadanos aunque ello suponga, en ocasiones, tragarse sapos y dejar cerradas las lecciones de los libros sagrados. Su papel como representante de sectores sociales muy importantes le exige lanzarse al ruedo y apostar por soluciones que nunca van a tener el consenso de todos pero pueden ayudar a mejorar la vida de la mayoría. Y sobre todo de los más castigados.

Algunos me dirán que esto que propongo es de todo menos bonito. Sin embargo, las siete décadas de vida biológica (tres de ellas viviendo bajo una dictadura) que llevo recorridas, los muchos años que me he pasado haciendo política y en los últimos tiempos observándola y examinándola, me están señalando la alarma de estos tiempos. Estamos ante momentos excepcionales que nos pueden llevar, si no se actúa adecuada y correctamente, a otros momentos aún más negativos. Estamos a las puertas de unas elecciones europeas decisivas y transcendentales (no reduzco los calificativos) y Andalucía es en estos momentos un terreno político donde se juegan muchas batallas de esa ofensiva europea contra los derechos y libertades. No colaboremos desde la izquierda en provocar precisamente más derrotas.

Nuevos tiempos