Ocho años despues: Para ir completando la bibliografía de Francisco Fernández Buey (más una sugerencia). Salvador López Arnal. Cuarto Poder

FFB señalaba que ningún pensador o pensadora del siglo XX había ido tan lejos como Simone Weil “en la comprensión de lo que es la desdicha en la condición humana”

  • FFB comentaba que para él Gramsci siempre había sido el marxista por antonomasia
  • Su tesis: lo que ambos pensaron, lo que escribieron, aun procediendo de tradiciones distintas y pensando con su propia cabeza, tenía muchos puntos de contacto
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Para los lectores y estudiosos de la obra de Francisco Fernández Buey

Lluvia de primavera

sobre el río henchido:

agua en el agua

Mi amigo ha muerto

Pétalos de majuelo

corriente abajo:

murió mi amigo

Jorge Riechmann

Recordando a Paco Fernández Buey junto al río Pradillo,

25 de mayo,

en esta pujante y extraña primavera de 2020

Tras el prematuro fallecimiento del autor de Marx (sin ismos) el 25 de agosto de 2012 y con la ayuda del malogrado compañero Jordi Torrent Bestit (1943-2020), el profesor Jordi Mir Garcia y el autor de esta nota elaboramos una primera aproximación a la extensa, rica y variada bibliografía del autor de Leyendo a Gramsci. Se publicó en mientras tanto, nº 119, 2013, pp. 155-202; puede verse ahora en rebelion.org. Titulamos nuestro trabajo: Bibliografía (provisional) de Francisco Fernández Buey (FFB a partir de ahora). Acertamos en el uso de provisional. Había muchas búsquedas pendientes, mucho trabajo por hacer para poder hablar de bibliografía sin adjetivos.

Algunos de los apartados en que dividimos nuestro texto están completados (o casi completados). Por ejemplo: “Libros» [1]; “Capítulos, apartados y contribuciones en libros”; “Cuadernos y separatas”; “Ediciones de libros”; “Prólogos, presentaciones y notas introductorias”, etc. Pero nos faltó introducir un apartado con sus intervenciones orales (se conservan grabaciones de algunas de ellas, sobre todo conferencias [2]) y el apartado “Artículos” presenta muchas insuficiencias. No tuvimos tiempo suficiente, no pudimos hacer una búsqueda exhaustiva de las publicaciones de FFB en diarios como El PaísEl Correo catalán o Público, o en revistas, entre otras, como Askatasuna, mientras tanto, El Viejo TopoTriunfoRealidad, Veritat, Materiales, Arbor, Sistema, Nous Horitzons, sin permiso, Papeles de relaciones ecosociales y del cambio global [3] o El Món.

Se editó posteriormente, en 2019, un material con sus aportaciones a una revista de la que fue uno de sus fundadores: mientras tantoArtículos, notas, traducciones y cartas de Francisco Fernández Buey publicados en la revista mientras tanto”Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 144, 2019, pp. 165-176)¡.

Pues bien, el objetivo de esta nota es aportar otro granito de arena a la elaboración de una bibliografía completa del que fuera profesor (y maestro de varias generaciones de estudiantes y ciudadanos) de la UPF (“El Buey” le llamaban cariñosamente sus alumnos). Se trata de facilitar a lectores y estudiosos de su obra una lista de sus contribuciones (que quizá convendría revisar de nuevo [4]) a la revista El Viejo Topo y al diario El País (véase el apartado final de esta nota), sin olvidar, como decía, que queda trabajo pendiente de búsqueda en las restantes publicaciones que he citado anteriormente, y también en otras.

Más allá de este apartado informativo bibliográfico, me permito añadir unas sugerencias, algunas posibles líneas de investigación para futuros artículos, estudios o trabajos dedicados a la obra de nuestro filósofo palentino-barcelonés. Las siguientes:

Simone Weil./ Wikimedia Commons.

En una conversación con Rosalía Romero, de la Asociación Andaluza de Filosofía, para Alfa de 23 de noviembre de 1999, FFB señalaba que ningún pensador o pensadora del siglo XX había ido tan lejos como Simone Weil “en la comprensión de lo que es la desdicha en la condición humana”. No era ajeno a la radicalidad de su enfoque el que se tratara de una mujer y de una mujer desdichada. Pero tampoco el hecho de que hubiera sido mujer explicaba sin más “el carácter, a la vez profundo y conmovedor, de sus consideraciones sobre la desdicha”.

Weil había sido una mujer excepcional, de una sensibilidad para captar las implicaciones de la vida desgraciada de los seres humanos que no tenía parangón en la filosofía occidental. No había duda de que esta sensibilidad tenía en ella una dimensión profundamente religiosa y mística. Lo admirable en su caso, enfatizaba FFB, era que la dimensión religiosa de su pensamiento había ido de la mano con la preocupación social y el interés por la ciencia, y que cuajara en una coherencia práctica que, remarcaba el entrevistado, nos dejaba prácticamente sin palabras para calificar su conducta.

Lo que él se proponía en una conferencia que iba a impartir al día siguiente (en Sevilla, en el curso Pensadoras del siglo XX celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo) era estudiar con detalle cómo y por qué vías pasó la filósofa francesa “del análisis de la opresión social y de la condición obrera en la fábrica (1934-1939) a la comprensión de la desdicha de los pobres del mundo como un estado de la condición humana”, un estado que tenía mucho que ver con el dolor y el sufrimiento pero que rebasaba estos sentimientos por su permanencia.

En su acercamiento radical de lo que era la desdicha, Weil había descubierto un hueco importante en la cultura laica, que apenas tenía pensamiento para esta temática [5]. Ese descubrimiento la había llevado, a los 32 años, “a una crítica tan radical de la política y de los derechos en la modernidad que no hay ética de base laica que pueda sostenerse, en una plétora miserable como es nuestro mundo, sin medirse con ella”. La conclusión del autor de Poliética era que ese diálogo con el pensamiento religioso de Weil sobre la desdicha y la ética laica estaba aún por hacer y que era central en “la época del SIDA y de la ingeniería genética, del paria universal y del uniformismo cultural, del hambre generalizado y de la sociedad del despilfarro”. Desde su punto de vista, ese era el diálogo que correspondía a la conformación de la conciencia moral del siglo XXI.

Más de veinte años después, en la que fuera probablemente su última entrevista, una conversación con su amigo Jaume Botey (1940-2018) fechada el 27 de marzo de 2011, un año antes de su fallecimiento, FFB comentaba que para él Gramsci [6] siempre había sido el marxista por antonomasia. “Empecé a leer cosas sueltas en el 63, y a partir de conocer a Manolo [Sacristán] de manera más sistemática”. Aunque siempre había considerado que Gramsci había hecho una lectura de Marx filológicamente no adecuada, “gracias a esta lectura filológicamente no adecuada, hizo avanzar el marxismo, p.ej., su noción de ideología es muy distinta de la de Marx”.

Antonio Gramsci./ Wikimedia Commons

Por descontado, proseguía, que lo admirable de Gramsci era su biografía: que con sus características aguantara lo que aguantó y lo aguantara con aquel talante moral hasta el final de sus días y el sentido del humor que tuvo, ponía de manifiesto que fue alguien “fuera de lo normal”.

Todavía entonces, en 2011, señalaba el autor de Por una universidad democrática, en el curso de filosofía que impartía en la Facultad de Humanidades de la Pompeu Fabra [7] daba como tema una comparación entre la vida y obra del revolucionario sardo y Simone Weil, “porque de todos los personajes del s. XX que he leído con pasión, son los que más me han impresionado, aunque por otra parte son muy distintos” [el énfasis es mío]. Probablemente, conjeturaba, si les hubiéramos puesto frente a frente en una habitación, “habrían saltado chispas y no hubieran podido ni hablar”. Sin embargo, era su tesis, lo que ambos pensaron, lo que hicieron, lo que escribieron, aun procediendo de tradiciones distintas y pensando con su propia cabeza, tenía muchos puntos de contacto.

Precisamente sobre ambos autores elaboró FFB para sus clases de filosofía moral y política un escrito breve no fechado. Lo resumo:

Está por hacer, comenta en él, un estudio comparativo de los escritos ético-políticos de Gramsci y de Weil en los años treinta, en los años de entreguerras. Sería muy interesante hacerlo, apuntaba, podría ser tema para tesina o tesis. Para introducir la obra de Weil, sin dejar del todo a Gramsci, avanzaba algo sobre esta comparación.

La gran crisis bolsística y monetaria iniciada en EE.UU en 1929, había tenido una enorme repercusión en Europa. El fascismo mussoliniano se había consolidado en Italia a comienzos de los años treinta y Hitler acababa de subir al poder en Alemania. Eran años en los que el desempleo y la conflictividad social estaban en primer plano en toda Europa. Eran los años de la II República en España (el profesor “Buey” recomendaba en este punto a sus alumnos la película La lengua de las mariposas).

Mientras en Italia, Gramsci, ya muy enfermo, estaba escribiendo en 1934-1935 sus cuadernos en el aislamiento de la cárcel, Weil había tomado una decisión muy drástica en su vida: había dejado su puesto de profesora de filosofía en un instituto de enseñanza secundaria y había decidido solicitar trabajo en una fábrica, “primero en una empresa eléctrica, la fábrica Alsthom de París, y después en la fábrica de automóviles Renault de Boulogne-Billancourt”.

Gramsci y Weil habían tenido, pues, algunas experiencias parecidas. Ambos eran universitarios y ambos habían conocido de cerca la experiencia de la gran fábrica: Gramsci, 18 años mayor que la autora de Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión, había tenido esa experiencia al acabar la primera guerra mundial, en la Fiat de Turín, entre 1919 y 1921. Weil, catorce años después, en la Renault de París. En los años que iban de 1921 a 1935 se estaba produciendo una reconversión industrial importantísima, y sobre todo, añadía el coautor (junto a Jorge Riechmann) de Redes que dan libertad, se estaba produciendo un cambio sustancial en la organización técnica del trabajo de fábrica.

Eran los orígenes del taylorismo y del fordismo que habían nacido en los EE.UU. (FFB recomendaba ahora a sus alumnos Tiempos modernos) y se estaban difundiendo por toda Europa (Metrópolis era aquí la película recomendada), Gramsci y Weil habían reflexionado casi simultáneamente, en 1934-1935, sobre lo que este cambio significaba, sobre lo que estaba representando la mal llamada “organización científica” del trabajo, la mecanización de las funciones y los inicios de la automatización en el trabajo de fábrica. Gramsci lo había hecho en las notas de los Cuadernos de la cárcel dedicadas específicamente el tema “taylorismo, americanismo y fordismo”. Weil en un ensayo que lleva por título La condición obrera. También, añadía FFB, en algunos pasos de sus Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión socialGramsci y Weil, siendo como eran los dos personas de letras, personas con formación humanista principalmente, se habían formado en tradiciones que (en general y sin olvidar graves desvaríos) tenían un gran respeto por la ciencia y por sus aplicaciones prácticas, tecnológicas: Gramsci en la tradición marxista, que había vinculado la emancipación de los hombres al progreso técnico y científico [8]; Weil en constante contacto con su hermano matemático (André Weil [9]), dialogando con él sobre cuestiones científicas, había hecho la tesis en 1931 sobre un tema relacionado con la ciencia cartesiana: “Ciencia y percepción en Descartes”. Pero en cualquier caso, “ambos se han dado cuenta de la peligrosidad del cientificismo y del espíritu tecnocrático: Gramsci ha denunciado, en los Cuadernos, lo que llama “la superstición científica”, la infatuación de la ciencia de la época, que conlleva “ilusiones tan ridículas y concepciones tan infantiles que hasta la superstición religiosa acaba ennoblecida””. Weil había denunciado la tecnocratización y la idea de progreso técnico como una nueva forma de alienación y de empobrecimiento intelectual de los seres humanos.

Ambos, Gramsci y Weil, tenían entonces, en 1934-1935, un altísimo concepto de la ética. Eran altruistas, idealistas en lo moral. Aunque no se sienten a gusto con la formulación del imperativo categórico kantiano actúan como si ese fuera su ideal: hacer un “nosotros” del propio “yo”. Se atienen a un altísimo concepto de la ética en sus vidas: “en ambos casos se trata, en cierto modo, de una ética del sacrificio”. Gramsci, en la cárcel y a pesar de la enfermedad, del aislamiento y de la soledad, “se niega reiteradamente a firmar una petición de gracia al régimen mussoliniano con el argumento de que no quiere disfrutar de una situación privilegiada en comparación con otros trabajadores encarcelados por el fascismo por los mismos motivos que él”; no quiere convertirse en “un pingo almidonado”. Weil quiere vivir como viven entonces los trabajadores/as de fábrica, compartir sus vivencias y sus sufrimientos. Rechaza todo tipo de privilegios, quiere ser uno, una de ellas [10].

Para ambos la ética de la convicción, en el sentido weberiano, era esencial y para ambos el hacer era la mejor forma de decir. Ambos, proseguía FFB, tenían como centro principal de interés la condición obrera. No sólo por interés intelectual o sociológico (por conocer y analizar) “sino con la idea de que este conocimiento es básico para que la clase obrera pueda emanciparse”. Gramsci pensaba en el proletariado industrial y en el campesinado pobre; Weil en estos años también. Pero cada vez más “en los desgraciados, desdichados, humillados y ofendidos en general”. Ninguno de los dos había pensado que la clase obrera estaba destinada a ir al Paraíso (recordemos la película de Elio Petri) por su procedencia o por su lugar en el mundo. Los dos habían dado muchísima importancia a la subjetividad, a la voluntad de los sujetos. Uno era, en muchos aspectos, voluntarista; Weil era, en muchos aspectos, personalista.

Ni Gramsci ni Weil habían sido políticos “profesionales” en el restringido sentido weberiano. No les satisfacía la política al uso y se sentían vinculados, más bien, a formas alternativas de hacer política en opinión de FFB. Ambos criticaron la concepción de la política como mentira necesaria. Ambos piensan que decir la verdad es revolucionario también en política [11]. Ambos estaban viviendo además, en esos años, “la tragedia personal que representa el complementar convicción ética y responsabilidad sociopolítica”.

Hasta aquí el estudioso de Gramsci y Weil (y de muchos otros autores). Cito algunos ejemplos de las temáticas que, en mi opinión, podrían ser objeto de reflexión y estudio:

1. ¿De dónde y por qué del interés (tardío, no inicial) de un filósofo materialista y ateo como FFB por una pensadora como Weil? ¿Le influyeron en alguna medida los escritos y reseñas del joven Sacristán sobre la filósofa francesa y el personalismo?

2. ¿Idealizó en exceso el autor de Utopía e ilusiones naturales la consistencia entre el decir y el hacer de Weil y Gramsci?

3. ¿Por qué le deslumbró tanto su praxis, su compromiso poliético, su estar-en-el-mundo? ¿Hay algo en su propia práctica política y social que le vincule a ambos autores?

4. ¿Se sostiene bien el paralelismo que FFB estableció entre ambos? ¿No hay diferencias insalvables? ¿No hay mucha lejanía de perspectivas en muchos asuntos?

5. De los autores que FFB presentó y comentó en Poliética además de la filósofa francesa (Karl Kraus, György Lukács, Walter Benjamin, Bertolt Brecht, Primo Levi, Hannah Arendt), ¿fue Weil la más cercana a las posiciones, tensiones y preocupaciones poliéticas de Gramsci? ¿Por qué puso FFB su foco en ambos y no, por ejemplo, en Gramsci y Brecht, o en Gramsci y Lukács?

Cinco sugerencias; otras perspectivas y aproximaciones son posibles por supuesto.

Las listas de las que antes les hablaba.

Artículos de (entrevistas a) FFB publicados en El Viejo Topo

1. “Los herederos de Marx”, núm. 1, octubre 1976, pp. 5-9.

2. “La obra de Gramsci en España”, núm. 2, noviembre 1976, pp. 43-44.

3. “La banalidad institucionalizada”, núm. 5, febrero 1977, pp. 7-10.

4. “Notas sobre Gramsci consejista con algunos problemas de hoy como fondo”, núm. 7, abril 1977, pp. 21-25.

5. “La revolución rusa como problema histórico”. Extra 2, 1978, pp. 6-9.

6. “Apuntes para un debate sobre el ideario comunista”, núm. 28, enero 1979, pp. 4-8.

7. “A los que nacieron en 1968 (aproximadamente)”, núm. 70, diciembre 1993, pp. 75-77.

8. “Ideas para un programa roji-verde-violeta”, núm. 99, septiembre 1996, pp. 17-24.

9. “Ideas para una cultura federalista”, núm. 111, octubre 1997, pp. 15-25.

10. “¿De qué hablamos cuando hablamos de comunismo?”, núm. 125, enero 1999, pp. 21-29.

11. “Retornar a Marx. Entrevista a Francisco Fernández Buey”, núm. 143, septiembre 2000, pp. 10-20.

12. “Breve y bueno”. Reseña de Tres preguntas sobre Rusia de Rafael Poch de Feliu, núm. 145, noviembre 2000, p. 74.

[…]

Artículos de Francisco Fernández Buey (y entrevistas) publicados en El País

1. “El pez cornudo en el estanque helado”. El País-Libros, 28 de abril de 1985, pp. 1-2.

2. “El destino de los moralmente fuertes”. El País-Libros, 1 de setiembre de 1985, p. 3.

3. “Tal como éramos”, 12 de marzo de 1986 https://elpais.com/diario/1986/03/12/opinion/510966011_850215.html.

4. “Marxismos e ideologías”. Reseña de la traducción catalana de Jordi Moners de Die deutsche Ideologie. Suplemento Quadern de El País, edición catalana, 17 de diciembre de 1987.

5. “Contaminación, ciencia y sociedad”, 13 de enero de 1990 https://elpais.com/diario/1990/01/13/opinion/632185209_850215.html.

6. «La ecología política de la pobreza», 9 de junio de 1990 https://elpais.com/diario/1990/06/09/opinion/644882410_850215.html.

7. “Descendiendo de las cumbres abismales”, 25 de julio de 1990 https://elpais.com/diario/1990/07/25/opinion/648856812_850215.html.

8. “Las huellas de nuestra historia”. El País (Libros), 11 de noviembre de 1990, pp. 10-11.

9. “La política como ética de lo colectivo”. El País, 24 de enero de 1991, pp. 11-12

10. “Construir la izquierda europea”, 22 de abril de 1991 [junto con J. Trías Vejarano]https://elpais.com/diario/1991/04/22/opinion/672271210_850215.html.

11. “¿Moratoria o eutanasia nuclear?”, 9 de mayo de 1991 [junto con Enric Tello]https://elpais.com/diario/1991/05/09/opinion/673740010_850215.html.

12. “Algo más que liberales”, 3 de enero de 1992https://elpais.com/diario/1992/01/03/opinion/694393208_850215.html

13. “Entrevista a Francisco Fernández Buey sobre Redes que dan libertad”, Fernando Valls, en El País (Babelia), 19 de noviembre de 1994.

14. “Sobre el fin del hombre nuevo” (Cartas al director), 21 de noviembre de 1994, p. 11.

15. «Igualdad y diversidad», 23 de marzo de 1995 https://elpais.com/diario/1995/03/23/opinion/795913207_850215.html

[…]

Para el listado completo: http://slopezarnal.com/para-ir-completando-la-bibliografia-de-francisco-fernandez-buey-una-sugerencia/#more-1328

Notas
1) Apartado, el de Libros, que habría que actualizar con los ensayos del autor que se han ido publicando tras su fallecimiento en Los libros de la Catarata (Antología. FFB, filosofar desde abajo, Víctor Ríos y Jordi Mir Garcia) y El Viejo Topo (Para la tercera cultura, Marx a contracorriente, 1917, Sobre Simone WeilBarbarie y resistencias, Sobre federalismo, autodeterminación y republicanismo). Está anunciado para 2020 o 2021 un nuevo ensayo preparado, anotado y presentado por Rafael Díaz Salazar en Trotta. El Viejo Topo reeditará La gran perturbación y ha anunciado la futura publicación de un libro de prólogos y otro de entrevistas. Queda pendiente, por otra parte, un libro con su rica y amplísima correspondencia.
2) En mi opinión, FFB ha sido uno de los grandes conferenciantes españoles de estas últimas décadas, tanto en sus intervenciones académicas como cuando hablaba en el ágora para una ciudadanía no especializada sobre asuntos políticos, morales y culturales.
3) Papeles de relaciones ecosociales y cambio global elabora y edita con frecuencia una bibliografía actualizada con los artículos (también entrevistas) publicados en la revista por el que fuera miembro de su consejo de redacción.
4) Los números de El Viejo Topo que convendría revisar son los siguientes: 1-131, extras, 133, 134, 135, 136, 139, 144, 148, 150, 154-155, 163, 166, 194, 284.
5) El autor insistió mucho en esta idea. Por ejemplo, en la que fuera probablemente su última entrevista, su conversación (citada) con Jaume Botey.
6) Entre otros numerosos escritos, véase, por ejemplo, Leyendo a Gramsci, Vilassar de Dalt, El Viejo Topo, 2001 (el volumen ha sido traducido al inglés por Brill con el título Reading Gramsci). Recordemos que su segundo libro publicado fue Ensayos sobre Gramsci, Barcelona, Editorial Materiales, 1978.
7) Que es una universidad pública, no privada como a veces se piensa. Anteriormente, FFB fue profesor de la Facultad de Económicas de la UB y de la Universidad de Valladolid.
8) Véase a este respecto el editorial, en cuya discusión participó, del primer número de mientras tanto, texto que puede verse ahora entre las notas complementarias de M. Sacristán, El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia, Vilassar de Mar, Montesinos (en prensa).
9) Uno de los grandes matemáticos del siglo XX. Nació en 1906 y falleció en 1998. Formó parte del grupo Nicolás Bourbaki. Puede verse, por ejemplo, John Horgan, “André Weil: El último matemático universal. Entrevista y esbozo biográfico.” https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/nacimiento-de-la-luna-194/andr-weil-el-ltimo-matemtico-universal-2903
10) Un ejemplo de una antología de textos de Weil que FFB confeccionó y distribuyó en sus cursos:
La civilización más plenamente humana sería aquella que tuviera el trabajo manual como centro, aquella en la que el trabajo manual constituyese el supremo valor. El trabajo manual no por la relación con lo que produce sino por su relación con el hombre que lo lleva a cabo. (1945)
11) Véase Francisco Fernández Buey, “Una reflexión sobre el dicho gramsciano decir la verdad es revolucionario.” https://kmarx.wordpress.com/2018/09/03/una-reflexion-sobre-el-dicho-gramsciano-decir-la-verdad-es-revolucionario/.

Para ir completando la bibliografía de Francisco Fernández Buey (más una sugerencia)