“¿Para cuándo una auditoria del BCE?” de Juan Laborda, en vozpopuli

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“El Banco Central Europeo lo ha vuelto a hacer de nuevo: enésimo engaño a la ciudadanía, enésima bajada de tipos de interés, enésima expansión de balances, enésimo fracaso. En dicha institución se da la quintaesencia del Gran Fraude Académico del pensamiento único, el Consenso de Washington, que derivó en la financiarización de la economía. Son rehenes del pensamiento dominante. Toman decisiones cargadas, en el mejor de los casos, de juicios de valor. Son el ejemplo más nítido de la manipulación de la historia económica por razones ideológicas y de defensa de los intereses de clase -la bancaria-. Hoy más que nunca es necesario un control democrático de su toma de decisiones y consecuencias.

En una recesión de balances como la actual, la política monetaria es ineficiente, no vale para nada. De ello venimos hablando desde 2007. Y ya han transcurrido más de 8 años. Pero les da igual, ahí siguen, a lo suyo, ganando tiempo, generando burbujas aquí y allá, contribuyendo al aumento de la desigualdad, haciendo más frágil e inestable el sistema bancario, promoviendo políticas distópicas que nos abocan a un mundo indeseable, a los “Juegos del Hambre”. Demoledor el artículo de hace solo unos días publicado por el BIS (Banco de Pagos Internacionales) bajo el título Wealth Inequality and Monetary Policy. ¿Para cuándo una auditoría de las políticas y consecuencias de los Bancos Centrales?

La política económica implementada en la mayoría de las democracias occidentales desde el inicio de la actual crisis sistémica se ha diseñado al margen de la defensa de los intereses de la ciudadanía. Por un lado, la expansión monetaria sólo ha servido para proteger la riqueza de las élites. Por otro, la austeridad garantizaba la disponibilidad de fondos públicos para rescatar a terceros, bancos básicamente; mientras, con la devaluación salarial se implementaba el enésimo apretón de tuerca al factor trabajo. Pero han fracasado. Hay más deuda, la banca está mal capitalizada, la inversión productiva no llega, la pobreza y la desigualdad se disparan. ¿Para cuándo una auditoría de las políticas y consecuencias de los Bancos Centrales?

Los errores capitales de los Bancos Centrales

Los Bancos Centrales, desde un punto de vista temporal e histórico, son los segundos responsables en el germen de la cadena que confluyó en la actual crisis sistémica. Primero fue el diseño de políticas económicas destinadas a perjudicar el factor trabajo, a rebajar los salarios nominales. La consecuencia, un incremento y persistencia del desempleo. Segundo, en este contexto de descenso de salarios nominales, los Bancos Centrales implementaron una política monetaria irresponsable en plena fase de financiarización de la economía global, hundiendo salarios reales. Las consecuencias ya las conocemos: explosión de deuda, pobreza, desigualdad y un sistema financiero insolvente.

Déjenme profundizar un poco más en esta idea. Para ello me remonto a 1998, cuando economistas de la Reserva Federal de Cleveland publicaron un artículo clarividente, Beyond Price Stability: A reconsideration of Monetary Policy in a Period of Low Inflation. Hace casi 20 años predijeron de manera impecable todo el desastre actual. Ante sus recomendaciones, los banqueros centrales no hicieron ni caso. Vayamos a lo substancial del mismo.

Según recoge dicho artículo, la globalización presenta una serie de rasgos básicos. En primer lugar, se produce una infravaloración del factor trabajo respecto al factor capital, al incrementar de manera notoria la oferta de trabajo y promoverse desde un punto de vista económico unos sindicatos débiles, una mayor flexibilidad del trabajo y una reducción de salarios. En segundo lugar se produce un aumento del peso de los países emergentes, que aportan la producción de materias primas y de bienes finales, tanto de consumo como de capital, de manera que la exportación, y en algunos, como China, la inversión han sido los motores de su expansión económica. En tercer lugar, al disminuir los costes unitarios laborales, se producen descensos en los precios de ventas de numerosos bienes, y se genera lo que se denomina deflación buena o “a la Keynes”, que consiste en un aumento de la holgura monetaria consecuencia de la caída de precios: con una determinada cantidad nominal de dinero se puede comprar más bienes, por lo tanto, los saldos reales aumentan…”

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