“Podemos: los Sólidos y los Líquidos” de Santiago Alba Rico, en cuartopoder

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“Cuando Podemos la convocó en noviembre, pensé que la manifestación del pasado 21 de enero era un completo error y hay que reconocer que ha salido bien. ¿Estaba equivocado? Pienso que no, que, con independencia del resultado, no fue una buena idea y que, si ha salido bien, es porque se equivocó la realidad, con la que, sin embargo, hay que contar siempre. Me explico. A mi juicio las decisiones de Podemos se inscriben en un “contexto” -de vicios contrarios que nos mantienen de pie en la virtud, por recordar a Pascal- en lo que lo más fácil es hacer las cosas mal y lo normal es que salgan bien. Si cambia ese contexto, cuando cambie ese contexto, puede empezar a ocurrir, al revés, que se hagan las cosas bien y salgan mal, que es, por cierto, lo que le ha venido pasando a la izquierda durante los últimos cuarenta años. Hemos hecho muchas cosas bien y todas nos han salido mal. Pero tan peligroso es creer que se hacen bien porque salen bien como creer, al contrario, que no importa si salen bien si las estamos haciendo bien.

De lo que se trata, por tanto, es de interpretar este “contexto” hoy favorable a Podemos. ¿Por qué salen bien las cosas? ¿Por qué podrían empezar a salir mal? Cuando se clasifica un fenómeno -o se escribe un cuento- se suele recurrir a los números 2, 3, 7 o 10 para dividir arbitrariamente su contenido. Si se trata de juzgar las diferentes interpretaciones que, dentro o en los aledaños de Podemos, abordan esta cuestión, podríamos considerar que hay menos de 7 y más de 3, pero en beneficio de la simplicidad voy a recurrir a una simple división binaria. Digamos que hay dos posiciones al respecto. A la primera la llamaré la de los Sólidos y a la segunda la de los Líquidos, sin que ello presuponga -al menos de principio- ningún prejuicio valorativo, pues conviene, por ejemplo, que el vino no sea sólido y el pan no esté demasiado duro y conviene, en cambio, que ni los diamantes ni los helados se derritan del todo. Lo que sí cabe decir quizás es que el estado de mayor o menor solidez tiene que ver con la relación que se mantiene con la organización: cuanto más dentro se está de una organización más se solidifican las posiciones y cuanto más fuera o más en la periferia más líquidas se vuelven. En cuanto a los que están totalmente fuera porque no aspiran a formar parte de ella son normalmente gaseosos, en el sentido de que son “normales” y en el sentido también de que constituyen la “atmósfera” en la que están obligados a moverse, si no quieren dejar de respirar, tanto los Sólidos como los Líquidos.

Respecto del “contexto” favorable que ha convertido una mala idea en un éxito innegable, la diferencia entre Sólidos y Líquidos no atañe, desde luego, a la composición del bipartidismo antagonista ni a la campaña en los medios. ¿Cuál es entonces? Digamos que para los Sólidos ese “contexto” está relacionado con el cansancio y la indignación de una población poco preparada para el cambio que se politiza positivamente a través de la ambigüedad calculada -o del medido ajuste- del discurso oficial de Podemos, pero que en su mayoría sigue perteneciendo -digamos- al “pueblo de la televisión”. Esta interpretación justifica la dependencia mediática del proyecto y de su liderazgo y expone, por eso, a algunos peligros que no se pueden desdeñar. La televisión es como la criptonita, el mineral radioactivo que debilitaba a Supermán; sin ella -sin la tele- no se adquiere existencia, pero la TV reclama el sacrificio de miles de doncellas todos los días, de manera que, bajo su luz engañosa, verde y morada, se envejece enseguida, y ello con independencia del discurso. La sobre-exposición induce a errores y deslices que se olvidan enseguida dejando una capa de sarro, pero produce, sobre todo, un efecto de normalización que integra al interpelado, también con independencia del discurso, en el horizonte del “régimen”. Yo creo que la “casta”, caducada ya la frescura de la novedad, usa muy bien contra Podemos este doble efecto de la sobre-exposición y que por eso los dirigentes podemistas, obligados a seguir ahí bajo esa luz engañosa, deberían empezar a bajar el tono y aumentar el contenido. Esa -me parece- es la diferencia entre la lamentable intervención en la Sexta de Pablo Iglesias el día 26 de enero y su vibrante, brillante, redondo y convincente discurso en el cierre de la concentración en Sol del sábado pasado.

Texto completo en http://www.cuartopoder.es/tribuna/2015/02/04/podemos-los-solidos-y-los-liquidos/6753