Podemos y el anticapitalismo actual” de Rocío Cruz, Juan Medem y Clara Marañón, en Viento Sur

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« Podemos ha irrumpido con tal fuerza en la escena política del Estado español que ha provocado, por un lado, la inmediata reacción a su discurso por parte de su propio blanco de tiro —no es difícil pensar en los intentos de emulación de Pedro Sánchez en su primer discurso como secretario general del PSOE/1, o los intentos de neutralizar torpemente el término casta por parte del PP /2—; por otro lado, la reestructuración de las fuerzas de izquierda con un PSOE en colapso, una IU al borde del estancamiento y una izquierda alternativa que oscila entre el entusiasmo, la confusión, el escepticismo y el rechazo más virulento.

Como militantes anticapitalistas que entienden la importancia de intervenir en Podemos, vemos la necesidad de un análisis detenido del discurso predominante de esta nueva fuerza política, sus mecanismos de articulación, sus límites y potencialidades para extender una ideología antagónica, su capacidad como herramienta de transformación social. Con este artículo tratamos, en definitiva, de pensar el papel y el margen de intervención de las y los anticapitalistas en el ciclo político que se acerca.

El discurso instalado por la promotora de Podemos, que tiene una gran hegemonía dentro de los círculos y que ha conseguido apelar al resto de organizaciones políticas del país, se desarrolla en el marco teórico del populismo latinoamericano de la mano de autores como Chantal Mouffe y Ernesto Laclau, quienes se apoyan en una lectura de Gramsci fundamentalmente semiótica, desde la perspectiva del discurso y no de la lucha de clases.

Es importante entender la base teórica de la que se parte, porque desde ella se han ido desarrollando los binomios que determinan nuestra intervención en Podemos. Tengamos en cuenta que, en este marco teórico, las identidades políticas se construyen como agrupamientos a partir de elementos comunes articulados en un relato, en una narrativa que compite por atribuir un significado político determinado a un hecho social contra otras, diferentes o antagónicas, ante las que se define por oposición, según la lógica amigo/enemigo formulada por Carl Schmitt /3. Así, el sujeto populista ha de ser nebuloso, abierto, no definido por su función en la estructura social ni por el lugar que ocupa en el modo de producción, sino sólo por la nominación laxa del enemigo en la propia narrativa y la agregación en torno a reivindicaciones ya muy extendidas en la población.

Es por ello que el discurso de Podemos es reconocidamente keynesiano/4 y apuesta por el blindaje de los derechos sociales básicos y la aplicación de políticas redistributivas. Se trata, a fin de cuentas, de exigencias de un gran consenso social en torno a las que articular, en oposición a un enemigo determinado, una identidad amplia: la gente, la gente normal, la gente decente, por oposición a la casta en el afuera y al activista en el adentro; la gente que no tiene ideología sino sentido común, del que Podemos es sólo un altavoz y un método, la gente que es la que tiene que hacer política incluso si no participa del debate colectivo porque la gente normal, la gente decente no tiene tiempo y las nuevas herramientas de comunicación le permiten participar de todos modos, y Podemos está abierto a la gente y por eso es nuevo, no como la casta o la izquierda del discurso perdedor que están cerradas a la gente, a la gente normal, y son inevitablemente viejas.

Se trata de un discurso bien articulado a partir de cuatro binomios: (1) gente/casta-activista, (2) abierto/cerrado, (3) nueva política/vieja política, (4) delegación/participación, a los que se añade la experiencia heredada del 15M en su sentido más anti-vanguardista y también en la insatisfacción general ante la ausencia de soluciones políticas. El uso de este anti-vanguardismo, encauzado contra el sistema de delegación, hace difícil cualquier intento de estructuración en que el debate colectivo como generador del discurso, y el poder decisorio de los círculos como herramienta de empoderamiento, sean los pilares esenciales. La insatisfacción por la ausencia de un cambio institucional tras la explosión en las plazas se concreta en una admisión de la derrota del 15M en el plano político y la necesidad consiguiente de un liderazgo mediático para que éste consiga, por fin, dar el salto a la política; es a esta sensación de derrota a la que se apela toda vez que el binomio eficacia/democracia, o más bien proyección a la sociedad y control democrático del líder —la herramienta de proyección—, se ponen en tensión dentro de Podemos. La presencia de un liderazgo fuerte, pese a resultar incómoda a las bases, es vista como necesaria y por ello se ha comulgado y se comulgará con ciertas pérdidas de democracia interna/5.

El primer binomio, central en la retórica de Podemos y al que el resto se subordina, se configura pues bajo el concepto de gente, que denomina un sujeto indefinido sólo acotado por sus opuestos y articulado por un discurso post-ideológico en el que se intenta superar el eje izquierda-derecha mediante el sentido común —la decencia, la defensa de los Derechos Humanos— y la regeneración democrática a través de un método —primarias abiertas, programa participativo, financiación colectiva, herramientas de participación telemática…”

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