«Podemos y el peligro de una sociedad sin divisiones», de José María Ruiz Soroa en El País

we are occupy

“Podemos no divide a la sociedad sino que coloca fuera de ella a quienes considera sus adversarios, de forma que contradice el pluralismo democrático y en ese sentido preciso es totalitario

El análisis más común de la estrategia de Podemos señala como su acierto básico el haber trazado un nuevo eje de comprensión y definición políticas y, consecuentemente, haber imaginado una nueva forma de definir al antagonista. Si hasta ahora ese eje utilizaba categorías relacionales cargadas de ideología, tales como izquierda/derecha o progresismo/conservadurismo, el nuevo discurso habría tenido la fuerza para imponer al imaginario de la sociedad española una frontera distinta: la que separa la gente/la casta, una divisoria en la que de un lado cae la ciudadanía normal, plebeya o decente (la nueva política) y, de otro, los privilegiados o corruptos que sólo merecen reproche moral y expulsión como residuo político (la vieja). Estaríamos no más ante una exitosa aplicación de la teoría política del discurso de Laclau y Mouffe ayudada, desde luego, por la coyuntura de una indignación social difusa contra la política normal.

Este análisis es correcto pero insuficiente. Pone de relieve las razones del éxito funcional del discurso y su rentabilidad política inmediata, pero no avanza en definir más objetivamente la naturaleza de esa propuesta, ni tampoco las consecuencias a que ésta conduciría a medio plazo si Podemos se hiciera con una mayoría gubernamental. Es cierto que en la teoría del discurso no tiene mucho sentido remitirse a una objetividad situada fuera del mismo discurso (hors du texte), pero en términos politológicos más clásicos sí es posible indagar en la naturaleza de la propuesta que encubre el discurso. Y, a nuestro juicio, esa propuesta es en términos políticos marcadamente totalitaria, por mucho que no lo sea con los rasgos de los totalitarismos clásicos del siglo XX.

Tengo en mente la caracterización del totalitarismo de Claude Lefort, como un fenómeno de representación de la no división. “El totalitario es el modelo de una sociedad que se instituyese sin divisiones, dispusiese del dominio de su organización, se refiriese a sí misma en todas sus partes, y estuviese habitada por el mismo proyecto de edificación del socialismo”. La nota esencial del totalitarismo es que produce una apropiación completa del lugar del poder consecuente a una negación de cualquier división interna de la sociedad, así como de cualquier posibilidad de alteridad (legítima).

Reflexionemos: cuando Podemos propone discursivamente su eje de antagonización, lo que sugiere no es una división de la sociedad en dos o más propuestas políticas distintas, lo que hace es declarar que la sociedad toda (la “gente decente”) está de un lado del eje, del suyo, y lo que queda del otro lado es pura ganga política y moral (prescindible). De hecho, no propone un eje sino un límite. La sociedad decente que asume como suya Podemos no está atravesada por divisiones, ideas o intereses plurales, sino que es única o, si se quiere, es una realidad total no dividida: toda la gente decente, que por definición son todos los ciudadanos respetables, está ahí, en el lado del pueblo, que es su lado. Lo que queda fuera de esa totalidad no es sociedad, es corrupción. O es gente que todavía no ha descubierto su auténtica subjetividad porque su mentalidad está todavía manipulada por el marco comprensivo neoliberal (Monedero).

Podemos no pretende representar a unos intereses o sentimientos políticos faccionales, sino a todo el pueblo, entendido como totalidad indivisa, preexistente y antagónica de eso otro que termina por ser inevitablemente el no-pueblo. En este sentido, la propuesta de Podemos de comprensión y tratamiento del espacio político contradice directamente al pluralismo democrático y, en ese preciso sentido, Podemos es totalitario.

Esta consecuencia es inexorable porque la definición de la subjetividad protagonista del movimiento se hace en unos términos tan genéricos que sus límites coinciden con los de la misma sociedad. Cierto que el partido político predominante en las democracias actuales, el catch-all-party, también pretende atraer a cuantos más posibles segmentos de intereses sociales mediante la técnica de rebajar su dosis de identificación ideológica y presentarse retóricamente como el paladín de todos, pero ello no pasa de ser una técnica electoral. Pero en el caso de Podemos su estrategia discursiva es su substancia política: una vez que se define de forma “total” al sujeto resulta que no queda espacio (espacio legítimo o moral queremos decir) para ninguna otra parte social que, por definición, no puede existir sino como la antisociedad o el antipueblo…”

Texto completo en http://www.caffereggio.net/2015/01/09/el-peligro-de-una-sociedad-sin-divisiones-de-jose-maria-ruiz-soroa-en-el-pais/