«Podemos y la desunión popular» de Sebastián Martin, en eldiario.es

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“Entre las primeras virtudes del estratega destaca la de ajustarse a los tiempos. No parece que la dirigencia de Podemos esté en posesión de esta habilidad. Aplicar las mismas claves en mayo de 2014 y en noviembre de 2015 va a suponer un craso error. Desde el comienzo, Podemos tuvo la vista puesta en las generales. Las elecciones andaluzas y el paso de las municipales y las autonómicas aparecían como un estorbo. Sin embargo, lo que va camino de convertirse en un verdadero obstáculo para sus propósitos mayoritarios es el no extraer una sola lección de esos comicios.

En mayo de 2014, con la táctica Podemos recién estrenada con relativo éxito –un 8% en unas elecciones inocuas–, y con Izquierda Unida en torno al 10%, resultaba a todas luces contraproducente proponer su coalición. Los métodos, las estrategias, los discursos y su público respectivo aparecían diferenciados netamente. Aunque podía pensarse en una cooperación poselectoral entre ambas formaciones, todo aconsejaba discurrir por separado, pues allí donde, en apariencia, podía llegar Podemos con su hipótesis populista, IU no alcanzaría, y los convencidos a los que esta coalición podía mantener repudiaban con visceralidad al nuevo partido. Coaligarse no era, en efecto, una buena idea.

¿Seguimos en la misma situación? Los resultados de municipales y autonómicas parecen responder que no.

En primer lugar, la “hipótesis Podemos”, de naturaleza eminentemente cultural y discursiva, tiene un recorrido limitado en esta sociedad del espectáculo. Su aplicación obstinada les hará tropezar el próximo noviembre con un techo de cristal de no más del 15% de los votos. En segundo término, las elecciones vividas han mostrado que este límite solo puede desbordarse con otras prácticas políticas, donde se combinen confluencia ciudadana, liderazgo carismático, compromiso y honestidad de los candidatos y participación popular en la elaboración de las listas.

Seamos claros: el dilema de las próximas generales no es ganarlas de forma incontestable o perderlas. La insistente retórica de la victoria –«¡Salimos a ganar!»–oculta torpemente un hecho capital del escenario presente: a día de hoy, las mayorías inapelables no están al alcance de la mano. Lo máximo a que puede aspirarse es a conseguir una minoría relativamente decisiva para la gobernación. Y aquí la encrucijada no es otra que la siguiente: o repetimos dirección conservadora y neoliberal, con el auxilio de Ciudadanos o el mucho más improbable apoyo del PSOE, o logramos rectificar el rumbo presente con una mayoría de izquierdas. Pero esta mayoría progresista puede adoptar dos formas: o tiene al PSOE como fuerza predominante o la relega a una posición secundaria. Contemplada la cuestión desde la envergadura del cambio a realizar, es aquí donde radica la clave del asunto.

Tal y como va diseñándose el campo de las izquierdas de cara a las próximas elecciones, con cada vez más desprecios y divisiones, lo más probable es que el PSOE termine preponderando. Y basta con apuntar alguna inclinación distintiva, como la postura de los socialdemócratas españoles ante el TTIP, para adivinar la dimensión real que tendrán las transformaciones impulsadas por un ejecutivo liderado por los socialistas y apoyado desde el Parlamento por Podemos y por Ciudadanos…”

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