“¿Qué hay detrás de las burbujas financieras?” de Juan Laborda, en vozpopuli

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“La práctica totalidad de los activos financieros de riesgo globales están fuertemente sobrevalorados, de manera que sus precios corregirán fuertemente a la baja y se activará lo que en su momento denominamos “ La Segunda Fase de la Gran Recesión”. Cuanto más tarden estas burbujas en estallar y más se inflen, tanto peor para la economía global; en definitiva, más dura será la caída. Pretendo explicar y detallar qué hay detrás de la generación de estas burbujas -política monetaria y el fracaso de la ortodoxia económica-; quién las ha esparcido sin ningún control -la banca-; y qué efectos generan -deuda y pobreza-.

Detrás del origen, expansión y estallido de todas y cada una de las burbujas o inflaciones de activos se encuentran los Bancos Centrales. Temerosos de caer en un proceso de deflación por endeudamiento se han dedicado a gestionar el riesgo. Para ello relajaban y relajan excesivamente la política monetaria, preocupados por determinados eventos que, aunque tuvieran una baja probabilidad, pudieran tener un impacto muy negativo en la actividad económica. Occidente desde finales de los años 90, bajo la actual y perniciosa ortodoxia neoclásica, solo sobrevive de burbuja en burbuja. Podemos distinguir tres grandes burbujas: la tecnológica, 1998-2000; la inmobiliaria, 2002-2007; la actual, 2010-actualidad, generada por la expansión de los balances de los bancos centrales y tipos de interés cero.

Se trata de una política monetaria preventiva de estabilización que genera un tremendo problema de riesgo moral, porque al final los inversores terminan incrementando aún más su apetito por el riesgo, aumentando su apalancamiento, haciendo todavía más vulnerable a la economía global. Desde el punto de vista de la valoración, se modifica el perfil temporal de los rendimientos de los activos mobiliarios e inmobiliarios, inflándolos hiperbólicamente. Al final estas exuberancias irracionales acaban pinchándose, pero cuando estallan, pensemos en nuestra burbuja inmobiliaria, terminan provocando recesiones-depresiones.

Fracaso de la ortodoxia económica

La política monetaria expansiva era parte de un recetario más amplio que en última instancia protege a aquellos que acumulan riqueza, y a los acreedores y gerencias bancarias. El objetivo era liberar recursos públicos para salvar al sistema bancario occidental a costa de gasto y protección social. Es decir, se aumentaba la deuda pública para financiar los excesos de la superclase, mientras se castigaba a la ciudadanía vía austeridad y devaluación salarial. Por lo tanto, la ortodoxia económica propuso para salir de la crisis una combinación de política fiscal restrictiva, política monetaria expansiva (ampliación de los balances de los Bancos Centrales y políticas de tipos de interés cero) y deflación salarial, donde, adornadas bajo una serie de hipótesis de partida falsas, en realidad se protegía a la superclase.

Por un lado, el multiplicador monetario no ha funcionado, al encontrarnos en recesión de balances. Además la expansión cuantitativa solo genera burbujas y un aumento de la desigualdad. Por otro lado, el impacto negativo de las restricciones presupuestarias sobre el crecimiento económico es cuatro veces superior al estimado por ciertos modelos neoclásicos que al menos sí asumían ese impacto -no hablemos de las estupideces de aquellos que aún a fecha de hoy defienden la austeridad expansiva-. Finalmente, el abaratamiento generalizado de los salarios y del despido ha acabado hundiendo la demanda efectiva –paradoja de costes–, de ahí la ausencia de inversión productiva. Véase el estudio del Fondo Monetario Internacional, Private Investment: What’s the Holdup?

La política monetaria implementada por los Bancos Centrales legitima la interpretación neoconservadora que Milton Friedman y Anna Jacobson Schwartz hicieron de la Gran Depresión. Según esta interpretación, el dinero cae de “un helicóptero”, de manera que cuando éste se pone en marcha, incrementando el stock de dinero en la economía, no habrá pánicos bancarios, se reactivará el ciclo del crédito, la inversión productiva se recuperará y con ello la actividad económica. Pero esta explicación, asumida e interiorizada por la mayoría de los economistas, es falsa. Ya lo hemos explicado hasta la saciedad. La oferta de dinero es endógena, no puede ser fijada de manera arbitraria por los Bancos Centrales, de ahí el fracaso más absoluto de la actual política monetaria global. En realidad viene determinada por la demanda de créditos y las preferencias del público. La base monetaria es un cociente de la cantidad de dinero bancario…”

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