«¿Quieres ganar dinero? ¡Invierte en sanidad!» de Laia Altarriba. Viento Sur

agonia privada

“»El sector sanitario está en constante evolución y consolidación, cosa que amplía el campo para encontrar nuevas vías de inversión. La demanda de los consumidores emergentes, la austeridad económica y los cambios normativos están generando nuevas oportunidades». A partir de estos planteamientos Fidelity Investments, uno de los principales fondos de inversión del mundo, en un opúsculo del 2013, daba consejos para sacar el máximo de beneficio de la inversión en las diversas áreas de negocio ligadas a la salud.

Que invertir en salud es un buen negocio lo constataba, nuevamente, el pasado mes de junio, el ranking de la prestigiosa revista económica ’Forbes’, que sitúa varios pesos pesados del sector sanitario internacional entre las 100 compañías del mundo con más beneficios. Este sector está encabezado por la rama de equipos y suministros médicos de Johnson & Johnson, que es la 34ª empresa más grande del mundo, con una capitalización bursátil de 244 600 millones de euros. En el lugar 48 del ranking encontramos la farmacéutica Pfizer (cuya capitalización es de 187 800 millones de euros), en el puesto 52 se encuentra Novartis (241 800 millones de euros) y en el 65 la compañía de servicios de salud United Health Group (99 400 millones de euros).

En el otro extremo de la balanza, el mismo mes de junio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertaba que 400 millones de personas en el mundo no tienen acceso a los servicios sanitarios más básicos. Además, añadía que el 6% de la población de países de ingresos bajos y medios han caído en la pobreza extrema precisamente por los gastos médicos. A la vez, la propia OMS está viendo fuertemente amenazada su independencia por la presión de corporaciones y fundaciones privadas como la Gates Foundation, o empresas como GlaxoSmithKline, Hoffmann-Roche, Novartis, Bayer, Merck y Pfizer entre otras, cuyas donaciones ya representaron el 77% del presupuesto de este organismo internacional en el 2014.

Sistemas de salud y beneficio privado, la ecuación de la desigualdad

Pero, ¿cómo se lo montan las empresas para hacer negocio? En buena parte lo hacen con la mercantilitzación y privatización de los sistemas sanitarios, donde consiguen quedarse con una parte del dinero público destinado a la sanidad. Y lo pueden hacer a través de varios métodos, en buena medida basados en los procesos conocidos como la “Nueva Gestión Pública” (NGP), a través de la cual se introduce el sector privado y los mecanismos de competencia en la función pública. Así, por una parte, en muchos sistemas sanitarios hay participación privada a través de la gestión de centros hospitalarios, centros de atención primaria o de otras áreas de atención. También se introducen sistemas de copago por servicios específicos o por la totalidad de la atención sanitaria. Y por otra, hay lugares en que el gasto gubernamental no llega a cubrir las necesidades de asistencia sanitaria de forma adecuada, y esto obliga a la contratación de servicios privados por parte de las personas que se lo pueden pagar.

Conciertos sanitarios y mercantilització sanitaria

La gestión sanitaria privada de centros públicos es una práctica que se ha ido extendiendo durante las últimas décadas en todo el mundo. Se trata de contratar los servicios de empresas privadas que disponen de centros de hospitalarios o ambulatorios para que presten su servicio en la red pública, en lo que se conoce como conciertos sanitarios. Esta práctica, también conocida como el modelo PPP («Public-Private Partnership»), o de colaboración público-privada, es una vieja conocida de la sanidad en Cataluña, puesto que el sistema catalán de salud nació como fórmula mixta pública-privada a principios de los años ochenta. La Ley de Ordenación Sanitaria de Cataluña (LOSC) en 1990 separó las funciones de compra y provisión de servicios, y la posterior reforma de 1995 introdujo formalmente «el ánimo de lucro” en la sanidad pública. Durante estos últimos años las políticas de la consejera Marina Geli, intensificadas por las del consejero Boi Ruiz, han aumentado la imbricación del sector privado dentro de la esfera pública, con el propósito anunciado de fomentar la eficiencia pública pero con la consecuencia de que las compañías privadas que participan en esta consigan beneficios…”

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