«Quietud y desconcierto». Javier Aristu. en campo abierto

Por  Javier ARISTU

Nunca habíamos asistido a un silencio tan apabullante. La izquierda, las izquierdas andaluzas más propiamente, está callada, muda, sorprendida ante los resultados del 2D y sin saber cómo actuar ante el nuevo marco surgido de aquel domingo que pasará sin duda a la historia de sus desgracias. Desde aquella jornada en que salieron por el tablero de la televisión las cifras que le trajeron la desventura no hemos escuchado ni una sola propuesta operativa desde el PSOE ni desde Adelante Andalucía. Es como si todavía estuvieran noqueados por el impacto. Alelados.

Y sin embargo, la dinámica política abierta tras aquel domingo es mucho más incierta y afanosa que antes. Se ha puesto en marcha un tiempo político que estará sujeto a tormentas y tempestades. Ya nada será como antes, con aquella tranquilidad y bonanza que hacía las delicias de cualquier gobernante. Hemos iniciado un proceso que algunos denominan ya como de máxima volatilidad y extraordinaria provisionalidad. Por eso es en cierto modo escandaloso que los antes habladores portavoces de la(s) izquierda(s) andaluza(s) estén callados y sin decir ninguna propuesta sobre las acciones que están desarrollando las derechas andaluzas.

Vayamos a la constitución de la Mesa del Parlamento, aunque ya sea a toro pasado. El resultado de la no-negociación desembocó en una pérdida de fuerza y capacidad de presión de los partidos de izquierda en dicha institución. Si AA hubiera aceptado, como en otras ocasiones de los últimos treinta años, el puesto “que por votos populares” le correspondía y que Ciudadanos le ofrecía, hoy la proporción de la Mesa sería de 4 por un lado (PP, Cs y Vox) frente a 3 (PSOE y AA). Sin embargo, el predominio de la retórica de vagos principios moralistas sobre el principio de la operatividad política ha hecho que, al final y para todo el periodo de cuatro años, la posible mayoría gubernamental (PP más Cs) tendrá 4 votos que harán posible imponerse sobre la oposición (PSOE, 2 votos, ninguno de AA) sin necesidad de recurrir a Vox. De 4-3 hemos pasado al 5-2. Lo que podía haber sido una legislatura “activa y abierta” ha pasado ya a ser una película completamente previsible. ¿Qué principio político soporta la idea de que AA (584.000 votos) merecía por derecho estar en la mesa y no así Vox (396.000 votos)? ¿No es cierto que para llevar a cabo la voluntad del art. 36 del Reglamento de la cámara andaluza («Todos los partidos, federaciones y coaliciones que, habiendo concurrido a las anteriores elecciones, hubieran obtenido en las mismas representación suficiente para constituir Grupo parlamentario, tendrán derecho a estar presentes en la Mesa») hay que pasar por la frontera del art. 34 que establece el mecanismo de votación y elección de dichos miembros? Una cosa es «tener derecho a estar» en la Mesa y otra «tener derecho de voto» en dicha Mesa. ¿Por qué aceptar el ofrecimiento de Cs a Adelante Andalucía para obtener ese puesto de Tercer Vicepresidente era una indignidad y no lo era aceptarlo del PSOE como así parece que quería la formación de Teresa Rodríguez? El resultado de todo ese conjunto de despropósitos de AA ha sido, como decía antes, que está fuera del órgano de decisión al no poder tener voto. En una legislatura que, presumo, va a ser muy movida y dinámica y donde nadie puede afirmar que el pacto alcanzado por PP y Cs vaya a ser permanente y sostenible los 48 meses de dicha legislatura. ¿No es evidente que la volatilidad y dinamicidad del actual proceso político andaluz y español impide establecer ninguna estabilidad ni previsión cierta para los próximos seis meses? ¿Por qué cerrarse por tanto a la posibilidad de aprovecharse en un próximo o más alejado futuro de las contradicciones que el propio pacto PP-Cs está ya mostrando? ¿Damos por sentado que el tridente PP-Cs-Vox es una coalición estable?

Estamos asistiendo en estos días precisamente a la tensión que ese proyecto tripartito va a ocasionar en Cs de Rivera y en el PP de Casado. Es un completo error definir a los más de 1.800.000 votantes de esos tres partidos como el “bloque fascista” y oponer ante dicha realidad la vieja y ucrónica respuesta del “No pasarán”. Si Pasionaria levantara la cabeza les diría algo más que “cabezas de chorlitos…”. Tras esos tres partidos hay un bloque social donde pululan, de forma inorgánica y confusa, segmentos de ultraderecha, ciertamente, pero también votantes antisistema, descontentos con la situación política, precarios hartos de su provisionalidad social, gente en definitiva que andaba muy cansada con el modelo político que representaba el PSOE andaluz y al que los de AA no supieron convencer para que los votaran a ellos. O se comprenden las dinámicas sociales que llevan a este tipo de resultados electorales o nunca se acertará en política.

Me he visto sorprendido estos pasados días festivos por la declaración (¡obviamente en un Twit!) de Teresa Rodríguez contestando a un comentario del economista Juan Torres con el que criticaba la incapacidad de las izquierdas (PSOE y AA) por llegar a ningún tipo de coordinación entre ellas. Contestaba la dirigente de Podemos y AA hablando del Parlamento como “cloroformo institucional” y aludiendo a la “lucha en la calle” como estrategia verdadera. La sorpresa que fue este twit para Juan Torres se convirtió en auténtico pasmo en mí mismo. La incapacidad de la dirigente izquierdista para entender cómo articular una batalla parlamentaria en un contexto de un conflicto social hace saltar todas las alarmas. Entre la pasividad mayestática de Susana Díaz que no termina de asumir el momento actual y la ausencia de Teresa Rodríguez del centro de actividad política, las izquierdas en Andalucía andan erráticas y desconcertadas. Nunca habíamos estado en Andalucía tan carentes de liderazgos responsables y coherentes con la propia sociedad progresista andaluza.

Un tiempo nuevo acaba de comenzar en Andalucía. Un tiempo confuso, volátil, indefinido y abierto a múltiples posibilidades. Para saber encajar en él hace falta, ante todo, desprenderse de los viejos hábitos y de las antiguas fórmulas. Si la(s) izquierda(s) andaluza(s) quieren intervenir en este proceso y quieren navegar sin que naufrague la nave tendrán que cambiar de bitácora, de carta de navegación…y posiblemente también de comandantes de nave.

Acabada de escribir y publicar esta entrada me llega la noticia de un Manifiesto por el diálogo en Andalucía, la democracia y los derechos humanos que se ha lanzado por ‘sectores de la izquierda andaluza’. Sin más información disponible, en próxima entrada lo analizaremos.

Quietud y desconcierto