Raimon. Artículos de Antoni Puigverd y Manuel Vicent.

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Antoni Puigverd ha publicado en La Vanguardia [¡No me toquen a Raimon!] “Ahora es Raimon el problema. Manifestó ciertas dudas sobre la independencia y una numerosísima legión de tuiteros y comentaristas de diarios digitales catalanes sentenció, en los oscuros juzgados de internet, que Raimon sea expulsado del templo de la catalanidad. “¡Vete a Valencia –le dicen– con los del PP!”. Esta es la grosería más dulce que le vomitan encima. No son cuatro insensatos. Son muchísimos. Tantos, que deben ser considerados, no anécdota, sino categoría. Se burlan de la trayectoria de Raimon. Lo tratan de miserable, vendido y cobarde.

Saben que Raimon ha sido excluido de su País valenciano precisamente porque desde hace 50 años, habiendo nacido en la calle Blanc de Xàtiva, es el emblema de la unidad de la lengua de Llull, March y Rodoreda. Saben que sin Raimon, sólo los eruditos podrían citar ahora versos de Ausiàs March, Roís de Corella o Espriu. Sin Raimon, la lengua catalana quizá no habría llegado a la democracia en condiciones de ser protegida, ya que, en el inacabable silencio de la dictadura, fueron muchos los que, a pesar de haberla recibido de los padres, ya no la usaban ni en la calle, ni en las tiendas, ni cantando bajo la ducha.

Cuando los Sírex y Mustang, por legítimas y naturalísimas ganas de vender discos, componían sus éxitos en castellano y salían cada domingo en Escala en Hi-Fi de la televisión franquista en blanco y negro, Raimon componía y cantaba en su lengua natal y, por ello, era vetado en radio y televisión. Sus recitales eran prohibidos o parcialmente censurados, siempre férreamente vigilados. Sin Raimon, la cançó no habría alcanzado ni el vuelo interior ni la proyección internacional que conquistó. Cuando, por miedo o por comodidad, la mayoría de los catalanes callaban y se acomodaban al franquismo, Raimon cantaba a pecho descubierto y avanzaba el amanecer democrático.

Raimon es, por encima de todo, un artista originalísimo, con un sentido musical extraordinario, que ha avanzado a contraviento, desafiando las modas pop, folk y rock que han imperado en su época. Sin olvidar otra de sus grandes virtudes: es un poeta delicioso.

Si los más intransigentes partidarios de la nación catalana desprecian el formidable bagaje de Raimon es que se ha producido una mutación aberrante en una parte del catalanismo. Una mutación pariente de la estridencia de Beppe Grillo y del tremendismo de Roberto Calderolli. Al detectarse esta ola subterránea, sulfurosa y excluyente, debería haber encendido una luz de alarma, en los partidos y organizaciones soberanistas.

Raimon es el flamante Premi d’Honor de este año, un galardón que Òmnium concede para honrar a una gran obra cultural y a una personalidad ejemplar al servicio de la cultura catalana. Pero Muriel Casals no lo ha defendido. Lo ha justificado: “Hay gente que necesita más argumentos para tomar su decisión y otros que lo tienen muy claro”. No, Muriel, no es esa la respuesta que requerían los miserables ataques que ha recibido Raimon, desde que Sílvia Cóppulo lo entrevistó. Estas legiones que vociferan en el circo del populismo, amparadas en el secreto, pero cobijadas por medios no sólo digitales, no pueden ser puestas en el mismo plano que Raimon. He echado de menos que alguien (no sé: el presidente de la Generalitat o la propia presidenta de Òmnium), con ese tono indignado que a veces gastaba Pujol, exclamara: “Però qui s’han cregut que són, aquests!”…”

 Texto completo en http://www.caffereggio.net/2014/05/12/toquen-raimon-de-antoni-puigverd-en-la-vanguardia/


Manuel Vicent ha dicho en sin permiso [Raimon y Cataluña: Diguem no]: “ Raimon ha sido durante toda la travesía de su vida, con vientos casi siempre contrarios, un resistente imbatible de la lengua y la cultura catalana. 

Ausias March en el poema Veles e vents enumera los vientos favorables y adversos, que encontrará en los dudosos caminos de la mar durante la travesía de regreso a Valencia, su patria, desde algún lugar de Italia. El poeta también describe el peligro de la tempestad, que pondrá a hervir el mar como una cazuela al horno.

Raimon ha cantado este poema de amor, azar y muerte de Ausias March con una inspiración extraordinaria. Raimon ha sido durante toda la travesía de su vida, con vientos casi siempre contrarios, un resistente imbatible de la lengua y la cultura catalana, un artista que ha puesto su talento al servicio de la propia identidad. La canción Diguem no fue su grito de rebeldía, que se inició durante la dictadura franquista y que a lo largo de los años se ha ido adaptando como una protesta ritual a cualquier fanatismo de uno u otro bando que nos ha golpeado.

El espíritu del no es el que educa al niño contra cualquier capricho, el que afirma la personalidad del adolescente frente a la primera tentación, el que hace libre al joven ante cualquier estupidez, el que impide al viejo bajar los brazos ante la adversidad. Ahora mismo en Cataluña el proceso hacia la independencia es esa cazuela al horno que Ausias March encontró de regreso a la patria y en torno a esa tempestad gira la rosa enloquecida de los vientos…”

Texto completo en http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=6936

 

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