«Rentas mínimas, trabajo garantizado, rentas garantizadas… y renta básica: un pequeño balance y alguna perspectiva» de Daniel Raventós, en sin permiso

raventos 24

A lo largo de los meses de mayo y de junio ha tenido lugar en la sección espacio público del periódico digital Público, una discusión que a partir de la ILP que proponen CCOO y UGT, entre otras organizaciones, por una renta mínima garantizada, ha derivado hacia otras propuestas. Así, han aparecido en las distintas intervenciones diversas cuestiones directa o indirectamente relacionadas con esta ILP: el trabajo garantizado, las rentas garantizadas y la renta básica. Desde el periódico que organizaba el debate se invitó a participar tanto de forma escrita como en el programa de televisión del 25 de junio, a uno de los editores de nuestra revista, Daniel Raventós. El texto que a continuación publicamos es un repaso de algunas de las discusiones aparecidas. SP

En la distintas intervenciones editadas en este «espacio público», más de una docena, han aparecido muchas cuestiones relacionadas con la renta básica (RB), la renta mínima de inserción (RMI) y el trabajo garantizado (TG). Resultaría largo y poco útil tratar de responder a todas las cuestiones que han ido escribiéndose a partir de las preocupaciones e intereses respectivos de las distintas personas que han participado. Me limitaré a unas cuantas que, por repetidas en otros foros o por más o menos extendidas socialmente, creo que son merecedoras de alguna atención especial.

Hay quien ha escrito que la RB no es la mejor alternativa para enfrentarnos de forma inmediata al contexto de emergencia social en la que nos encontramos. Afirmación curiosa. Si en situaciones de mayor bonanza económica y social no era una medida «inmediata» y tampoco lo es en una situación de emergencia social como la actual, la pregunta es ¿la RB será alguna vez una medida a tener en cuenta? La pregunta es razonable y más cuando algunos de los que responden negativamente proponen medidas que quedan muy por debajo de la RB.

También algún interviniente se ha referido a que la RB tiene menos aceptación social que, por ejemplo, la RMI. La aceptación social es algo que varía muchísimo. Hace solamente un año, ya no digamos tres, ¿había alguien que pensase que las nuevas alcaldesas de Barcelona y Madrid, mero ejemplo, tenían mucha aceptación social? Una de las buenas formas para intentar que algo que no goza de mucha aceptación social la consiga tener al cabo de no mucho tiempo… es aportando razones. Creo que es lo que estamos haciendo algunos, ¿verdad? Claro que podemos estar también tratando con una profecía que se cumple a sí misma. El razonamiento seguiría más o menos esta dirección: la RB no goza de aceptación social, por lo tanto no hay que defenderla y lo que debe hacerse es apostar por lo conocido (aunque sepamos de sus deficiencias) por lo que nos opondremos fácticamente a que la RB tenga más aceptación social, etcétera.

Otra de las cuestiones planteadas es la preocupación por parte de algunos intervinientes en este debate del «costo económico» de la RB. En un estado como el español en donde hay una diferencia tan grande respecto a la media de la UE en cuanto al porcentaje del PIB dedicado al gasto social, resulta como mínimo chocante esta preocupación. Parece como si se implorara una respetabilidad de «seriedad» y «moderación» ante los habitual y algo ridículamente llamados policymakers, cuando la política económica que han venido practicando algunos de estos (volvamos a la memez) policymakers es lo que menos seriedad y moderación merece. En cualquier caso, la RB apunta a una dirección muy diferente a la que se ha venido practicando hasta el momento a lo largo de los últimos lustros. He participado, con otros miembros de la Red Renta Básica (www.redrentabasica.org), en un ambicioso proyecto de financiación en el Reino de España a partir de 2 millones de IRPFs en donde se explica con detalle cómo podría financiarse una RB de una cantidad igual al menos al umbral de la pobreza. Se resumían algunos resultados en mi anterior intervención en este debate, pero puede obtenerse gratuitamente el avance detallado de esta financiación.

Curiosa al menos es alguna afirmación sobre que el debate no debería ser entre una RMI o una RB en la actual situación. Entonces, ¿cuándo lo será? Es decir, cuando alguien plantea A (pongamos la RMI) y otro plantea que precisamente A está llena de defectos y es más que insuficiente para aproximarse a lo que supuestamente pretende arreglar, es normal que proponga otra cosa, B (pongamos la RB). Es lo que en todo debate acostumbra a pasar, tanto en los que son clásicos como me atrevería a afirmar hasta en los más extremadamente modernos.

Es más que cuestionable, tanto que yo lo niego, que una RMI (o una garantizada) sea un paso hacia la RB. Creo es necesario separar dos aspectos. 1) Que alguien plantee políticamente que determinada medida es un paso hacia el «objetivo» de la RB es perfectamente legítimo. Fantástico si así lo plantea algún partido político no muy convencido de las potencialidades actuales de la RB. 2) Pero diferente cuestión es cuando hay quien afirma sin matices que una medida (la RMI, por ejemplo) es un paso para la otra (la RB). Como si hubiera necesariamente algún tipo de automatismo. Creo que a estas alturas debe estar claro que se trata de propuestas muy diferentes y una no «acerca» necesariamente a la otra como algunos autores han afirmado. La condicionalidad es lo contrario de la incondicionalidad, así que parece raro aproximarse a algo mediante su contrario, por raros y originales que algunos quieran ser en la forma digamos de argumentar.

Hay algo más relacionado con este punto. En breve, se afirma que A es más posible (o realista o incluso «serio») que B. Así que si se plantea directamente B, resulta que estamos haciendo algo así como un brindis al Sol. Si usted está defendiendo la RB en vez del RMI (o renta garantizada o cualquier cosa parecida), está demostrando una gran falta de realismo porque la RB es irrealista y lo único posible es la RMI o la garantizada o una variante condicionada cualquiera. Y hasta hay quien califica de «radical» a la RB. (No es broma: hubo quien no hace muchos años afirmaba que la RB debía plantearse de una forma subrepticia, que recibía el nombre de «backdoor strategy», y aún hay quien lo plantea en algunas países en donde el debate público no está tan desarrollado como en el Reino de España: vivir para ver). El objetivo es claro: en determinados ambientes, lo «radical» es algo sinónimo a poco realista por lo que se excluye más rápidamente si ya ponemos la RB en este conjunto de irrealizables. Pero esto no es un argumento, es una argucia…”

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