República Democrática del Congo: «Europa y los minerales de sangre», de Andrés Zaragoza (IPIS). Periodismo Humano

minerales de sangre

“Desde hace más de 15 años, la población del este de la República Democrática del Congo (RDC) sufre las consecuencias de un conflicto armado que parece no tener fin. La zona es escenario de los más graves abusos sobre los derechos humanos de la población civil: masacres, violaciones en masa, desplazamiento de personas a gran escala o reclutamiento de niños por grupos rebeldes son solo algunos ejemplos. Las cifras son controvertidas pero la mayoría de los cálculos hablan de cientos de miles de desplazados y varios millones de víctimas mortales fruto del enfrentamiento armado, incluyendo el hambre y la enfermedad conectadas con el conflicto.

Los minerales de conflicto o smartphones de sangre

Fue a partir de la década pasada cuando, progresivamente, el rol de la explotación y comercio de los recursos minerales en el conflicto pasó a un primer plano.

Las campañas de sensibilización y lobbying político se centraban en las atrocidades cometidas por los grupos armados y su financiación a través del comercio de minerales. Aquellas enfocadas a amplios sectores de la población, especialmente en Estados Unidos, destacaban directamente la relación entre nuestros smartphones, los minerales necesarios para su producción y los graves abusos sobre los derechos humanos de la población en la RDC. Se utilizaban términos como “minerales de conflicto” o “smartphones de sangre” para centrar el foco de la atención pública en un conflicto a menudo calificado como olvidado.

En Julio de 2010, el Congreso de los Estados Unidos decidió legislar sobre los minerales de conflicto mediante la ya famosa “Section 1502” en el “Dodd-Frank Act”. Como reconoce el propio texto, el objetivo de fondo era tratar de impedir que la explotación y el comercio de los minerales apodados como 3Ts: Casiterita, Columbita-tantalita (Coltán), Wolframita y Oro, continuara ayudando a financiar un conflicto caracterizado por niveles extremos de violencia, especialmente violencia sexual contra las mujeres ejercida tanto por los grupos rebeldes como por el ejército regular.

Dicha legislación impone a las empresas registradas en la Comisión Nacional del Mercado de Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés) ciertas responsabilidades respecto a la divulgación del origen de los minerales utilizados en la manufacturación de sus productos y las medidas de debida diligencia tomadas para asegurarse que el comercio con dichos minerales no ha contribuido al conflicto armado en la RDC.

No fue hasta finales de 2012 cuando se aprobó el reglamento que clarifica las obligaciones específicas de las empresas afectadas por la Sección 1502 de Dodd-Frank. Las causas de este retraso fueron la dificultad para regular un asunto tan técnico y, sobre todo, la presión de los grupos empresariales en EEUU, contrarios a la regulación y que intentaron impedir su desarrollo.

Los efectos sobre el terreno

Mientras tanto, el sector de la minería en el este de la RDC se resentía. Las empresas dejaron de importar minerales de Congo por el riesgo que suponía para su reputación. Antes de conocerse el reglamento final de Dodd-Frank, en septiembre de 2010 el gobierno congoleño decidió suspender la explotación minera artesanal y el comercio de minerales en el este del país, en un intento infructuoso y contraproductivo de interrumpir la violencia y la financiación de grupos armados (incluido el propio ejército regular). La minería artesanal es aquella que, a diferencia de la industrial, se basa primordialmente en el esfuerzo físico de las personas, con mínima o inexistente tecnología y maquinaria.

Aparte de no contribuir a mejorar la situación del conflicto, la suspensión de la explotación y del comercio de minerales, junto con la disminución de la demanda internacional, crearon importantes efectos negativos sobre las condiciones socioeconómicas en el este del país.

La minería artesanal supone una de las principales fuentes de ingresos para las familias, estimándose que entre 500.000 y dos millones de personas trabajan en el sector, donde el numero aproximado de mineros activos en la minería de oro es cuatro veces mayor que el de los 3Ts. Este es un factor importante en la financiación de grupos armados ya que casi la totalidad de la producción de oro de la RDC es exportada a través del contrabando. Ello permite a dichos grupos financiarse fácilmente mediante la minería, el comercio o la imposición de tributos.

La minería artesanal es un sector opaco y mayoritariamente informal donde las condiciones laborales y de seguridad son terribles. Describir las implicaciones negativas que el sector minero artesanal de Congo tiene sobre los derechos humanos requeriría otro análisis adicional que hablara sobre los derrumbes en las minas, el trabajo infantil o el trabajo esclavo, entre otros muchos problemas; sin subestimar la extrema importancia de este tema, este artículo se centra en los minerales de conflicto…”

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