“Resistencia y alternativas a la ‘ley Wert” de Agustín Moreno, en cuartopoder

resistencia y alternativas A.M.

“Cuando parece que todo se derrumba, hay que tirar de principios. La ley Wert es una puñalada trapera a la educación pública. La ley tiene certificado de caducidad al aprobarse sin ningún consenso por el sectarismo político con el que ha aplicado el programa máximo de la derecha española. Toda la oposición se ha comprometido a derogarla. Mientras tanto, hay que contraponer un discurso ideológico fuerte, organizar las formas de resistencia y pensar y construir la escuela que queremos.

Lo primero que hay que cuestionar de los recortes y de la LOMCE es que pretende negar la esencia de la escuela pública como base de la igualdad de oportunidades. Su aplicación supone un retroceso en equidad, cohesión social y atención a la diversidad, es decir, suprime el carácter compensador que tiene que tener la escuela. A la ley Wert la impugnaran varias comunidades autónomas con recursos de inconstitucionalidad porque invade sus competencias; los sindicatos darán la batalla en los tribunales y ante la Unión Europea; la objetarán muchos profesores en base a la libertad de cátedra. Y tendrá que haber movilizaciones coordinadas con otros sectores en defensa de los servicios públicos y, en su caso, contra los decretos de implantación de la ley y otros como el trilingüismo de Baleares. Pero lo más importante es lo que podamos hacer desde los centros para que se conviertan en espacios de resistencia a una ley disparatada y avanzar en las alternativas.

Podríamos hablar de evitar el carácter penalizador de la alternativa a la religión, de rechazar los grupos homogéneos y segregadores de alumnado, de negarnos a fomentar la competitividad entre personas, de boicotear pruebas externas por las familias, de configurar un currículo que recupere optativas, de un fortalecimiento de los proyectos educativos de centro, etc. Hay varias cuestiones fundamentales sobre las que hay que seguir trabajando para que la escuela funcione con el menor daño posible, independientemente de lo que diga la ley. Para hacer frente, por ejemplo, a algunos de los ejes más perniciosos de ésta: la segregación clasista y antipedagógica, el modelo de aprendizaje solo basado en la memorización y repetición para afrontar pruebas externas y reválidas, y las restricciones a la participación de la comunidad educativa. Vayamos por partes.

DIVERSIDAD. Dice Caetano Veloso que visto de cerca nadie es normal. Tiene razón, las personas somos muy diversas, si no raras. También en la escuela. Sin hablar del profesorado, en ella hay todo tipo de alumnado: tímidos e impulsivos, motivados y desmotivados, con familia estructurada o sin ella, con biblioteca en casa o sin libros, lugareños o foráneos, seguros de sí mismos o con baja autoestima, con alguna discapacidad y de altas capacidades… Todo ello se traduce en diferentes ritmos de aprendizaje y en maneras distintas de ser y de estar en la escuela.

La diversidad es lo normal, es la vida misma. Este principio de realidad es un imperativo pedagógico: todos iguales, todos diferentes. De ahí que el empeño en negarla, en buscar estrategias que busquen grupos homogéneos de aprendizaje es un error educativo por antinatural. Este es el principal desatino de la LOMCE: segrega al alumnado a través de itinerarios tempranos, reválidas, bachilleratos y centros de excelencia, programas bilingües, concentración del alumnado con necesidades educativas especiales, etc. Todo ello es, sencillamente, un disparate peligroso que se ha ido aceptandhttp://www.cuartopoder.es/laespumaylamarea/resistencia-y-alternativas-a-la-ley-wert/327o. La comunidad científica y los países con mejores resultados  educativos defienden una escuela plural, diversa, es decir, heterogénea…”

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