Respuesta a Javier Aristu: El valor de los distingos, los matices y las diferencias. Gabriel Flores. en campo abierto

Por  Gabriel FLORES

Publiqué hace pocos días un modesto artículo, escrito con urgencia para un periódico digital, Nueva Tribuna, en el que pretendía salir al paso a la utilización interesada y superficial de dos etiquetas (un gobierno de concentración nacional y unos nuevos Pactos de La Moncloa), en lo que me parecía un claro ejemplo de lo que no debe ser un debate político; menos aún, si la pretensión de tal debate es que la ciudadanía pueda entender sus claves.

La utilización de esas dos consignas, que por ahora son poco más que agitación, por parte de los principales líderes políticos, algunos insignes analistas y buena parte de los medios mejor conectados con los poderes económicos, nos permite vislumbrar dos cuestiones de cierta importancia que no conviene perder de vista:

Primera, es bastante probable que en las próximas semanas se produzca una intensificación de confusos debates e iniciativas en torno a las propuestas de un gobierno de concentración nacional, destinado a sustituir al actual gobierno de coalición progresista, y de una reedición de los Pactos de la Moncloa que tenga por objetivo tratar de forma más equilibrada los contradictorios intereses en juego en esta crisis económica, de un lado, las necesidades de salvaguardar empleos, derechos laborales y rentas de las clases trabajadoras y los sectores sociales más vulnerables, y del otro, la rentabilidad y liquidez de las empresas para impedir una espiral de quiebras y destrucción de fuerzas productivas que termine arrasando empleos y tejido económico y empresarial competitivo y con futuro.

Y segunda, en el debate político que se está produciendo en España predomina una mirada muy corta, con pocas ideas y propuestas concretas, dificultades por parte de la oposición de derechas para respetar el juego y las formalidades democráticas básicas y una utilización generalizada de etiquetas como significantes vacíos que no ofrecen un contexto y unas referencias precisas a los contenidos de esas propuestas.

Si el debate político público sigue discurriendo por esos carriles, no cabe esperar acuerdos y alternativas a la altura de los retos y problemas que se están tratando de superar en estos momentos ni con los que habrá que afrontar en los próximos meses.

Mi preocupación y hasta mi alarma por la situación política es mucha, porque todo indica que los análisis y debates políticos van a seguir anclados, como en los últimos años, en las turbulentas aguas de la crispación política y la ausencia de una mirada o, menos aún, un proyecto de país y de Europa a medio plazo. Por eso agradezco tanto a Javier Aristu su comentario crítico y su esfuerzo por leer con atención mi artículo y abrir un espacio propicio para profundizar en el análisis de la situación, intercambiar ideas, preocupaciones y puntos de vista y tratar de precisar las diferencias.

Voy al meollo político de las posibles diferencias entre nosotros, exponiendo con la máxima precisión que pueda mi posición, espero que la inevitable simplificación de los argumentos no haga baldía la tarea, sobre los términos de este debate y lo que está en juego.

Uno. Es muy importante consolidar y prolongar la experiencia de cooperación entre las dos fuerzas que conforman el actual Gobierno de coalición progresista en la acción política, sobre la base de unas medidas que sigan la línea trazada hasta ahora de hacer compatible la superación de la crisis sanitaria y el rescate social, garantizando que ningún sector vulnerable se quede al margen o al descubierto, con la máxima protección del tejido productivo y empresarial existente y los empleos y salarios que lo conforman. Los ERTES, la paralización de los desahucios o las fórmulas de extensión de las rentas mínimas que finalmente se aprueben tienen ese sentido: minimizar la destrucción de capacidad y factores productivos, sostener la demanda interna y mantener lo fundamental del aparato productivo, listo y lo más intacto posible para una pronta recuperación de la actividad económica. Recuperación económica o reactivación que dependen de tantos factores que no creo que merezca la pena especular mucho sobre la intensidad de la recesión (en cualquier caso, ya sabemos que será mucha) y en cuánto tiempo se podrá superar. Sencillamente, no tenemos información; la incertidumbre es, en este tema, radical.

Dos. Reeditar los Pactos de la Moncloa es imposible. Preferiría no entrar en el debate de la conveniencia, necesidad o impactos de aquellos Pactos de 1977, no tanto porque no me parezca importante esa discusión, me lo parece, como porque observo aquellos hechos con mucha distancia (por mi parte, distancia descargada de la enorme carga ideológica y política que caracterizó aquel debate en aquellos años) y me parece más un objeto de análisis y debate entre historiadores que un factor con incidencia en la situación actual (más allá de su utilización propagandística o de los intentos de una artificiosa reafirmación de las posiciones partidistas de entonces). Ahora, efectivamente, como dices, son otros los problemas, el contexto, la economía, la sociedad, los actores políticos y las crisis en presencia. No me atrevo a decir si más graves o menos, tampoco en el terreno económico (más adelante trataré de explicar por qué). La reivindicación de unos nuevos Pactos de la Moncloa tiene mucho de simbólico y poco o nada de contenido. Puro postureo político y búsqueda de apoyo de la ciudadanía en aguas muy revueltas y sensibles por la situación de confinamiento, las muertes que siguen produciéndose y la angustia que provoca un presente y, todavía más, un futuro tan inciertos.

Tres. Me parece muy importante que el Gobierno Sánchez tome la iniciativa política y se abra al electorado de derechas y a sus preocupaciones (y obsesiones) y plantee propuestas concretas de colaboración y acuerdo a los partidos de derechas en los temas más peliagudos e importantes para superar la crisis sanitaria con los menores daños sociales y destrucción económica posibles. Y para reforzar la voz y propuestas de España destinadas a poner en acción las instituciones y políticas comunitarias y acelerar la posterior reactivación económica. O en la formulación de los acuerdos necesarios que planteas en tus comentarios. Lo importante ahora es señalar la importancia de plantear acuerdos y colaboración a la oposición y al conjunto de la estructura institucional del Estado de las autonomías. Pero no considero que sea necesario ni prudente (y, si mi apuras, ni posible), elevar el rango de esos acuerdos a un único Pacto de Estado de amplio contenido, porque haría más difícil de lo que ya es lograr algunos acuerdos posibles y, lo que es igual de importante, promover un funcionamiento normal en un sistema democrático en la resolución de las legítimas diferencias y en la decantación de la voluntad política mayoritaria. Más importante aún para desbaratar la estrategia que alimentan Abascal y Casado, que lejos de intentar algún tipo de acuerdo pasa por el emplazamiento, la crispación y la provocación. Los acuerdos que mencionas o los que planteo a vuelapluma en mi artículo son más que convenientes, muy probablemente imprescindibles para acelerar la superación de la crisis y defender el carácter popular de una salida favorable a la mayoría social, sin dar nuevas o más ventajas de las que han conseguido con la gestión de la crisis de 2008 a las elites económicas y los grandes grupos empresariales. El Gobierno de coalición progresista debería ser más diligente al explicar la necesidad de esos acuerdos y en la acción política a desarrollar para conseguirlos; pero también debe perseverar en su orientación política actual, por si no consigue grandes acuerdos o lo hace en muy pequeña medida. Situación que también es posible y hay que considerar como potencial escenario.

Me he extendido en demasía. Espero que podamos continuar aclarando posiciones y diferencias y tratando de entender la situación política y las tareas pendientes a desarrollar o apoyar. Dejo para mejor ocasión, si lo consideras importante en nuestro debate, el análisis del alcance y la intensidad de la nueva y profunda crisis en la que se ha instalado la economía mundial, sus enormes diferencias con las de los años 70 o la de 2008 y el relativo control sobre los desequilibrios macroeconómicos que proporcionan las últimas medidas aprobadas por el BCE y la Comisión Europea para prevenir el colapso. Y una explicación más detallada, si te parece importante (te adelanto que a mí no me parece imprescindible para avanzar en el análisis), de las razones que me llevan a pensar que hoy y por algún tiempo no es posible aventurar nada sobre el alcance, duración o intensidad de esta crisis económica. Mis últimos artículos trataban precisamente sobre estos aspectos de la crisis y la recesión económica en las que nos hemos adentrado.

Respuesta a Javier Aristu: El valor de los distingos, los matices y las diferencias