“Se vislumbra una crisis de balanza de pagos” de Juan Laborda, en vozpopuli

balanza de pagos

“El “repentino” e intenso empeoramiento de nuestro sector exterior durante los últimos trimestres ha incrementado la deuda externa neta de nuestra querida España hasta alcanzar un nuevo récord histórico, nada más ni nada menos que 1,021 billones de euros, el 99,8% del PIB. Aún no hemos salido de la crisis y una nueva crisis de balanza de pagos se cierne sobre nuestra economía.

¿Cómo es posible que esto esté sucediendo, se preguntarán aquellos que asesoran a Moncloa? ¿No iba la devaluación interna, eufemismo con el que se refieren al empobrecimiento masivo de la ciudadanía vía recortes salariales, a generar un boom de nuestro sector exterior? ¿No iba España encaminada a un nuevo Eldorado que nos proporcionaría pingües superávits en la balanza por cuenta corriente, al “estilo alemán”?

De nuevo volvemos al punto de partida de esta crisis. El diagnóstico que realizó la ortodoxia económica, entre ella sin duda los asesores del actual ejecutivo, sobre los problemas de nuestra querida España era erróneo, y, por lo tanto, sus recomendaciones de política económica tremendamente dañinas, muy dañinas. Pero vayamos por partes.

Efectos perversos de la reforma laboral

Los gobernantes actuales achacaban los males de la economía española a la ineficiencia del sector público y a una baja productividad del factor trabajo. Como consecuencia era cuestión irrenunciable e innegociable, según ellos, imponer una devaluación interna, un recorte salarial en toda regla. Aún recuerdo algún estudio memorable del servicio de estudios del BBVA donde se había encontrado ese nuevo maná, la evidencia empírica de que en España las bajadas salariales reales iban acompañadas de reducciones en la tasa de paro. Pura correlación espuria, ya que había una tercera variable, que ellos no consideraban, y que era la que en realidad provocaba dicha correlación espuria. Nos referimos a la deuda.

Ya hace tiempo los economistas Engelbert Stockhammer y Özlem Onaran demostraron que para economías tan dispares como las de Estados Unidos, Reino Unido o Francia, y contrariamente a las expectativas neoclásicas, no había ninguna evidencia de que los cambios en los salarios reales, y por lo tanto la distribución de la renta, afectaran al desempleo. Pero no solo eso, la sustitución de trabajo por capital en respuesta a una mayor participación de los salarios no se verificaba empíricamente. La conclusión política más importante es muy simple: las reducciones de los salarios no son eficaces en la lucha contra el desempleo, mientras que la demanda sí que importaba y mucho.

En realidad, la reforma laboral ha convertido España en un país de camareros -empleo precario, a jornada parcial, salarios miserables, con horas extras no remuneradas – y de ensambladores. Déjenme explicarles esto último con un ejemplo.

El sector de la automoción es uno de nuestros principales sectores exportadores. Sin embargo, aquí, aprovechando una mano de obra muy barata y cualificada, solo ensamblamos. Aunque ello está muy bien, ya que se mantiene el empleo, en realidad todos los componentes se importan, incluida la maquinaria necesaria para la producción. El valor añadido se va fuera, básicamente a Alemania. Como resultado la balanza comercial del sector al final  prácticamente acaba siendo nula.

El espejo de la balanza de rentas…”

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