Sobre el 2D en Andalucía: “Andalucía y el PSOE (3)”/ “Y ahora ¿qué? (y 4)”. Javier Aristu. en campo abierto

Por  Javier ARISTU

Continuamos con el análisis tras las elecciones del 2D.

  • Ciudadanos, la fuerza en ascenso. Es un partido que se presenta por primera vez en 2015 alcanzando con 369.000 votos la modesta cifra del 9 por ciento de los votos. Venía a recoger, en cierta manera, una bolsa de votos de capas medias incorporadas recientemente a los procesos electorales o que habían ido recorriendo diversos partidos como UPyD, PA o incluso PSOE y PP. Ya en 2018, y tras su apoyo legislativo al gobierno de Susana Díaz, llega a superar el medio millón de votos y un porcentaje del 18 por ciento. Ciudadanos puede representar a esos segmentos sociales, de estratos medios, situados en un difuso “centrismo ideológico” pero que parecen ser muy extendidos en la sociedad española. Son capas medias sometidas al bombardeo ideológico confuso y contradictorio a veces de un neoliberalismo económico combinado con un reforzamiento de ciertas señas identitarias españolas o nacionales. Poco que ver con las capas populares marginadas del tipo “chalecos amarillos” de Francia o votante medio de los Cinco Estrellas italiano. En Ciudadanos reside hoy un porcentaje importante de nuevos sectores incorporados a la economía de mercado a través de múltiples modalidades: autónomos individuales, pequeños empresarios castigados por la crisis, profesionales con aspiraciones, consumidores golpeados por las grandes empresas, etc. Es en estos momentos, y dada la estrategia imprimida por su actual equipo dirigente, una fuerza que puede seguir creciendo o bien desinflarse en un par de elecciones.
  • Vox, ¿fascismo o indignación? La gran sorpresa de las elecciones andaluzas al llegar a obtener 400.000 votos cuando tres años antes solo había recibido la confianza de 18.000 andaluces. ¿Qué significa Vox en el panorama político andaluz que parece ser la antesala del nacional? Esta es la gran pregunta de los próximos tiempos. ¿Se parecerá a la función que desempeña un Front National francés de Le Pen en el país galo o es solo la voz transitoria del votante desencantado con el PP? ¿Hay detrás de Vox un auténtico proyecto de recomposición de la derecha española? ¿Tendrá sostenibilidad la teoría (Enric Juliana) de las tres voces de la derecha española y un solo señor?
  • El bloque de izquierda se debilita. Aun sabiendo que es poco claro hablar en Andalucía de un “bloque de las izquierdas”, esto es, de la confluencia electoral de los votantes del PSOE y Podemos más Izquierda Unida en una pretendida alianza de programas, es por otra parte evidente que el ciudadano medio discrimina perfectamente los votos de esos dos partidos como “la izquierda” frente al resto de partidos (PP, C’s, Vox) que son considerados “la derecha”. Pues bien, haciendo un repaso a los resultados de todos los procesos electorales desde 1982, llegamos a conclusiones novedosas. La gran señal de alarma que marca el 2D es que por primera vez el bloque de las derechas supera en votos y porcentaje a las izquierdas. En 2018 la alianza de PP, C’s y Vox alcanza el 50 por ciento frente al 44 por ciento del bloque PSOE-AA. Es la gran ruptura respecto a los 35 años anteriores. Durante esas tres décadas siempre el bloque de izquierdas había superado, a veces holgadamente, a la confluencia de partidos que no se identificaban con la izquierda: desde un 50,8 por ciento de 2008 hasta el 67,4 por ciento de 1990. Pues bien, 2018 marca la gran frontera, no sabemos si provisional o permanente, que demuestra que la izquierda está perdiendo fuelle y es superada en votos y porcentaje por las derechas. Andalucía 2018 se convierte por tanto en el gran desencanto del mito del granero de la izquierda. Veremos si es una señal efímera o es signo de los tiempos.

Las consecuencias de este dato, y de la lectura de la serie cronológica de estas tres décadas, es fundamental a la hora de sacar lecciones para el futuro. Se desmonta la leyenda de que la competencia, incluso agresiva, entre las dos fuerzas de la izquierda beneficiaba a alguna de ellas, y se hunde también el mito de que el votante andaluz es un votante prototipo de izquierda. Al contrario, podemos sacar una primera conclusión: la crisis que viene atacando las bases del pacto social andaluz (y español) desde 2008 desarma las tradicionales cohesiones de la izquierda social y política, moviliza a segmentos sociales medios hacia opciones de derecha y ancla, posiblemente, a las fuerzas de la izquierda en segmentos tradicionales, corporativos o más débiles ante las acometidas de la crisis y que necesitan por tanto el apoyo subsidiario del poder político, y de capas medias urbanas.

  • Fin de la identificación Andalucía y PSOE. Susana Díaz centró toda su campaña en el binomio Andalucía=Susana. Otras convocatorias fueron sobre el binomio Andalucía=PSOE. Da igual, aparte del mayor grado de personalización que ha supuesto la campaña de 2018, la clave simbólica y la habilidad del partido gobernante ha sido provocar en el elector medio andaluz la idea de la identidad entre esos dos símbolos, Andalucía y el Partido socialista. En cierto modo, ha sido una interpretación particular de lo que esa teoría ha supuesto en Euskadi (identidad País vasco y PNV) y en Cataluña en la época del honorable (Catalunya y Convergencia pujolista). Desde 1982 se ha venido elaborando y desarrollando la construcción de un proyecto nacional andaluz en torno al PSOE. Hoy, en diciembre de 2018, podemos decir que ese proyecto está seriamente tocado. No en ruinas, ni mucho menos, pero sí con averías importantes en la estructura que sostiene el edificio. La posible pérdida (escribimos el 17 de diciembre) del gobierno andaluz por parte del partido de Susana Díaz supondrá la pérdida de los instrumentos decisivos y operativos de ese modelo de intervención social que basaba su poderío y su eficacia de forma sustantiva y decisiva en el presupuesto anual de la Junta de Andalucía y de sus organismos.

Es evidente que el PSOE pasó a ser el instrumento de modernización[1] de la sociedad andaluza tras el final del franquismo. Una sociedad que había sufrido impactos de gran trascendencia como la emigración de 1,5 millón de personas, la transformación de la agricultura tradicional en una de tipo capitalista, la industrialización rápida de ciertas zonas y la irrupción de un turismo de masas, necesitaba resituarse ante los nuevos retos de la democracia y de la integración europea. El PSOE ha sido el factor de consenso social masivo, capaz de aplacar brotes de rebeldía social en el medio rural y de homogeneizar una sociedad urbana cada vez más numerosa. Para ello se expandió por todas las zonas geográficas de Andalucía, creando un auténtico poder incontestable en el medio rural durante estas tres décadas y ayudando a generar una nueva cultura urbana de masas que no rompiera a su vez con las tradicionales identidades (fueran religiosas o de diferencias de clases). Sin embargo, progresivamente y conforme el modelo de servicios y de subvenciones se iba apagando ­–entre otras razones por la disminución de las trasferencias de Europa– el modelo ha ido perdiendo fuerza. Primero en las grandes capitales y zonas urbanas del litoral, cuando vimos cómo la antigua AP, el partido heredero de Franco, transformado en un PP de una nueva derecha, conquistaba en pocos años, a partir de los años 90 del pasado siglo, las alcaldías de las principales ciudades: Granada (1991), Málaga (1995), Sevilla (1995), Cádiz (1995), Huelva (1995), Córdoba (1995). Y a partir de ahí en amplias zonas del litoral mediterráneo, el espacio donde más está creciendo su población por razones inmigratorias, la fuerza del PSOE perdió brío y cedió el terreno a otras opciones entre las que destaca el PP.

[1] Usamos el término modernización como equivalente a adaptación de las estructuras sociales y económicas a los modelos dominantes y provenientes del marco europeo, fundamentalmente en las estructuras agrarias y de servicios.

Andalucía y el PSOE (3)

 

Y ahora ¿qué? (y 4)

Por Javier ARISTU

Culminamos con esta entrada nuestro análisis provisional sobre los resultados de las elecciones andaluzas del 2D.

  • Andalucía del interior y del litoral. Podemos suscribir la teoría, entre otros, de Trujillo y Ortega de que ya en 2012  «El PSOE tiene una mayor implantación electoral en el Valle del Guadalquivir, Sierra Morena y Sistemas Béticos —el interior andaluz—. Por el contrario, en el litoral y en las áreas metropolitanas el apoyo socialista es menor».[1] Se ha venido “ruralizando” cada vez más y perdiendo influencia y presencia en las grandes áreas donde reside la mitad de la población andaluza; en estas el PSOE recibe sus peores resultados en la segunda década de este siglo XXI. Los datos de 2015 y 2018 son significativos: las pérdidas del PSOE en las 29 áreas de más de 45.000 habitantes –que recordamos acogen a la mitad de la población andaluza, unos 4 millones de personas– son proporcionalmente más importantes en esos núcleos metropolitanos que en el global andaluz.

Una de las explicaciones que dan los citados Trujillo y Ortega es que el PSOE se beneficia de la participación y es perjudicado por la abstención. Al ser mayor el índice participativo en las zonas rurales ello beneficia al sostenimiento del partido del gobierno y, por el contrario, al aumentar la abstención en los núcleos metropolitanos y del litoral ello le perjudica.

Finalmente, otro aspecto que interesa destacar porque ha sido, además, objeto de innumerables comentarios y de creación de estereotipos, es el de la relación entre nivel socioecónómico y cultural y voto socialista. Según estos autores «el voto del PSOE a nivel municipal se correlaciona de forma positiva con el nivel de desempleo y el controvertido subsidio agrario». Ello vendría a redundar en la idea de un voto socialista expandido por las zonas rurales, del interior andaluz, ancladas más en culturas tradicionales, mientras habría ido perdiendo las bolsas de voto en las ciudades litorales y grandes concentraciones metropolitanas, más abiertas a los procesos de globalización cultural y de nuevas economías.

 

  • PSOE, primer partido en Andalucía. Como decíamos antes, esta es la gran paradoja que muestran las elecciones del 2D: el PSOE es todavía un gran partido en cuanto a extensión y número de votos. Es primer partido en la gran mayoría de los municipios y obtuvo más de un millón de votos, sacando 250.000 al siguiente partido; su porcentaje es del 28 por ciento, sacando 8 puntos al PP. No se puede decir, en consecuencia, que estemos ante el desahucio de ese partido, ni mucho menos. Ha sufrido una derrota electoral, que creemos es consecuencia de una profunda mutación del electorado andaluz además de errores y defectos de gobierno importantes, pero que podría cambiar su cara en futuras convocatorias. Todo ello si ese partido acometiera una correcta lectura de lo que ha pasado el 2D, un profundo reajuste de sus parámetros estratégicos y una renovación de su proyecto programático. Creemos que el PSOE está ante una tesitura histórica: es el primer partido de la izquierda en Andalucía, tiene base suficiente para crecer y hacer política… pero a la vez tiene que corregir la dirección de su proyecto, incorporar a nuevas capas sociales hoy despegadas de su campo, abrirse a una nueva etapa histórica de futuras alianzas de gobierno (¿modelo País Valenciano?) y asumir su condición ya de primus inter pares. Dejando atrás aquellos grandilocuentes momentos de Segundas Modernizaciones o similares proyectos que se quedaron en casi nada, lo que creemos que debería de hacer hoy ese partido es localizar los puntos clave por los que se mueve la sociedad en Andalucía, las principales transformaciones en curso y comprender las demandas de las capas más activas y hegemónicas. Y a partir de ahí, construir un proyecto renovado en contenidos programáticos y en personas.

  • Una coda. Alianzas de gobierno. En estos días postelectorales se está discutiendo cómo se configurará el próximo gobierno andaluz. Todo apunta a que sea un ejecutivo a partes iguales entre PP y C’s, presidido por el candidato del PP, con el apoyo externo de Vox. Esa fórmula, al parecer, podría suponer la pérdida de la “imagen centrista” de C’s dado que podría ser incomprensible alcanzar un gobierno con el apoyo de la extrema derecha. ¿Es posible, era posible, otra forma de gobierno? Sí, con los números del 2D es posible otro modelo de gobierno que incluiría básicamente a PSOE, C’s y Adelante Andalucía. Tal ejecutivo tendría el apoyo del 65 por ciento de la cámara y dejaría a la derecha andaluza en minoría con 38 escaños. La fórmula de ese tripartito solo podría ejecutarse, parece ser, a partir de una presidencia de Ciudadanos y con participación o apoyo de las otras dos fuerzas de izquierda. ¿Por qué no se ha planteado esta fórmula? ¿Qué impide explorarla? Varias razones: la obsesión por sacar al PSOE del gobierno, la prepotencia socialista que no admite ser desalojado del mismo, la obcecación del equipo dirigente de Adelante Andalucía por mantenerse en una rumbosa oposición que les podría llevar a la nimiedad…en fin, toda una rutina política que viene repitiéndose una y otra vez en Andalucía desde hace bastantes años. Y, sin embargo, el cambio en todas las fuerzas políticas es necesario para afrontar la nueva etapa que no tendrá nada que ver con lo que hemos vivido hasta ahora.
  • Todo indica, por tanto, que tendremos en el próximo mes de enero un gobierno de coalición entre PP y C’s apoyado desde fuera por Vox. Va a ser una experiencia repleta de emociones y de contradicciones, sin duda. No vale lamentarse ahora de por qué ha ocurrido esto ni vale tampoco el reclamo a ejercitar una dura y consistente oposición, que se supone se hará. Lo que tendremos que saber a partir de enero es si nuestras y nuestros líderes de la izquierda (?) están dispuestos a evaluar lo acontecido, a analizar con seriedad y sin trampas lo que ha pasado y a afrontar un verdadero cambio de contenidos y de actitudes.
  • Mientras, solo me queda desearle a los lectores de este blog el mejor año y las mejores fiestas que nos podamos conceder.

[1] Trujillo, José Manuel y Ortega, Carmen (2015). «Un estudio ecológico del voto socialista en el medio rural-urbano andaluz, 1999-2012». Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 152: 143-166. (http://dx.doi.org/10.5477/cis/reis.152.143).