Sobre el 2D en Andalucía: «Más que un cambio de ciclo(1)»/ «Tras el 2D» (2). Javier Aristu. en campo abierto

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Por Javier ARISTU

Las elecciones andaluzas del pasado 2 de diciembre marcan un cambio significativo en la historia de Andalucía y de España. No es un simple acontecimiento electoral, ni de cambio de gobierno: los datos electorales son la señal de un vuelco del sistema de relaciones sociales y políticas hasta ahora conocido en Andalucía. A partir del 2D estamos ante un nuevo escenario que posiblemente se comparará, aun siendo tan diferentes, con aquel 28 de mayo de 1982. Hace ya la friolera de 36 años.

En esta serie de entradas vamos a analizar algunos detalles de los datos electorales que nos pueden servir para calibrar lo que ha pasado y calcular lo que puede venir.

Participación. Los niveles de participación han venido bajando desde 2012. Desde cifras que se movían en torno del 70 por ciento de participación hasta ese año hemos pasado en las últimas convocatorias de 2012 y 2015 a no superar el 63 por ciento con el récord de estas últimas del 58,6 por ciento, la cifra más baja junto con el año 1994. Es evidente que el electorado se siente cada vez más distante de los procesos políticos andaluces y ello puede estar relacionado también con la sensación de abandono social en el que se encuentran muchas personas.

 

Desintegración del bipartidismo. Un dato muy significativo y que afecta a lo que se viene denominando “el sistema político andaluz” es la pérdida cada vez mayor del bloque nuclear de ese “sistema”, los partidos PSOE y PP. Durante todo el ciclo que va desde 1982 hasta 2012 ambas fuerzas han venido acaparando en torno al 80 por ciento del electorado. Sin embargo, a partir de la convocatoria de 2015 la suma de PSOE y PP solo han alcanzado el 62,2 y en 2018 el 48,7 de los votos emitidos. Entre ambos han perdido desde 2008 un total de 2.150.000 votantes, es decir, cada uno ha perdido aproximadamente la mitad de su electorado. Por el camino de estos diez años el PSOE ha perdido uno de cada dos electores y el PP casi lo mismo. Un dato espectacular que desmentiría cualquier actitud triunfal en ambos partidos. De un sistema de bipartidismo (PSOE+PP) hemos pasado claramente a un sistema multipartidista con cinco partidos que tienen todos ellos proporciones consistentes de representación. Los partidos de fuera del bloque anterior ya conformaban en 2015 el 35 por ciento del voto emitido y en 2018 alcanzan el 45,4 por ciento. El electorado andaluz se ha diversificado claramente en los últimos ocho años, ha perdido el miedo a votar a “otros partidos” y ha resituado el mapa político en coordenadas muy distintas a las de hace una década.

 

  • Debilidad del PSOE. Es sin duda el titular de estas últimas elecciones y, al mismo tiempo, la paradoja. Este partido que ha gobernado durante los últimos 36 años ha perdido su situación decisiva, no va a tener juego para formar gobierno a pesar de haber obtenido el primer puesto. Era algo que se venía mostrando al menos desde 2012 y que se consolida en 2015. Entonces obtuvo porcentajes del 39,5 y 35,4, con pérdidas absolutas de voto: 650.000 votos en 2012, 118.000 en 2015 y 400.000 en estas de 2018: en total ha perdido más de 1 millón de votos en seis años. La tendencia es consistente, por tanto, y no responde a un fallo del momento: la pérdida de votos es una línea constante desde 2008 y tenía que haber significado ya hace tiempo una señal de alarma a los dirigentes de ese partido a fin de hacer una lectura más certera de lo que estaba pasando. Parece que eso no se hizo y ha llegado, como suele ocurrir siempre, la tormenta de improviso, descuadrando las vigas de la casa. Sin embargo, hay una paradoja que debemos tener en cuenta si se quiere leer bien esa cruda realidad: el PSOE sigue siendo el primer partido en la mayoría del territorio de la Comunidad. Es la fuerza más votada en 612 de los 778 municipios andaluces, 51 menos que en 2015, lo cual le permitirá resistir como estructura anclada y con organización en todo el territorio, cosa que, al día de hoy, no tiene ninguno de los otros partidos.

(Continuará)

Más que un cambio de ciclo (1)

(2)

Por Javier ARISTU

Seguimos analizando los resultados del 2D.

  • Fracaso del PP. El Partido Popular no puede cantar victoria tan fácilmente. La posibilidad de contar con la Presidencia del gobierno andaluz, debido a las combinaciones postelectorales, que por otra parte tanto ha criticado, no puede ocultar que ni siquiera ha sido una victoria pírrica: lo del PP es claramente una derrota como oferta electoral. Este partido, como el PSOE, también desde 2008 ha venido perdiendo votos: 159.321 en 2012, 506.665 en 2015 y, finalmente, 314.893 en 2018, lo que suma la no despreciable cifra de 980.000 votos perdidos en estos diez años. Hoy, aquel partido que ganó las elecciones de 2012 con el 40,7 del porcentaje ha pasado a tener el 20,7 de los votos. Los votos obtenidos en 2018 suponen la misma cantidad, aproximadamente, que la suma de Ap y UCD en 1982. Para pensarlo. No es precisamente para cantar victoria. Está por ver que si consigue tener la Presidencia de la Junta de Andalucía pueda cambiar esa tendencia negativa. Más bien podemos pensar que será difícil que la revierta dado el alto índice de competitividad que hay ahora mismo en ese campo de la derecha y los cambios culturales y generacionales que se están produciendo en el electorado andaluz.

 

  • Mutaciones en la izquierda andalucista. Recojo este adjetivo (“andalucista”) porque ha marcado de forma dominante la campaña última de Adelante Andalucía y, al parecer, no contraviene el proyecto de esa formación. Podríamos usar también el concepto de “izquierda radical” que han usado en otras ocasiones. Desde 1986 ha venido presentándose como Izquierda Unida, coalición hegemonizada por el PCE, con resultados generalmente modestos salvo en 1994. En la primera década de este siglo XXI se venía moviendo entre los 330.000 votos del año 2004 y los 430.000 votos en las elecciones de 2012, con porcentajes entre el 7 y el 11 por ciento. La irrupción de Podemos en la convocatoria de 2015 la llevó a los 275.000 votos, perdiendo casi la mitad de sus votantes. A partir de esta legislatura pasada ha iniciado un proceso de convergencia con la parte andaluza de Podemos presentándose ambos en coalición dentro de la candidatura llamada Adelante Andalucía que no ha dado los resultados esperados. Si ambas formaciones consiguieron por separado un total de 860.000 votos en 2015, ahora en la reciente convocatoria de 2018 han obtenido 660.000 votos, unos 200.000 menos, es decir, 1 de cada 4 votantes no le votó. El resultado no es positivo, obviamente, cuando, además, se ha perdido la posibilidad de ser llave para futuras coaliciones. Queda por delante un complicado y sinuoso proceso de clarificación, análisis y proyecto dentro de los grupos que componen esta formación electoral, así como su relación con el conjunto estatal. No será fácil.

Tras el 2D (2)