“Sobre las órdenes comunistas de “destrucción” de la Rosa de Fuego en enero de 1939 (más algunos pecios complementarios)”, Crónicas Sabatinas, de Salvador López Arnal, en Rebelión

Barcelona entrada fachas

Para José Luis Martín Ramos, por su magisterio, por su sensibilidad, por su permanente ayuda

Para los y las compañeras del 21M: ¡a pasearnos a cuerpo que anunciamos algo nuevo!

Para los ocho activistas condenados: contra la sentencia del TS y el acuerdo del gobierno de la Generalitat catalana y sus aliados.

 

Me parece muy bien que hayáis encontrado piso, y que lo pintéis, y que esté en un sitio tan agradablemente barcelonés como esa manzana, en la que estuvo la escuela de Comercio, y en la que una vez estuve a punto de matar a un señor (a un cerdo, para ser más exacto) o de que me matara él a mí, y que es la manzana de al lado de la de la Pensión Cisneros, donde yo he vivido dos veces cuando, antes de llegar a no tener nada, me encontraba en la más absoluta miseria. Muy divertido todo.

Por lo que dices, las aberturas están orientadas a Poniente, es decir, a Enrique Granados, o hacia la Plaza Letamendi. En la Plaza Letamendi hay un estanquito donde una vez me metí para despistar a gentuza y, para no despertar sospechas del estanquero, salí, casi media hora después sin una peseta, pero con mucho tabaco y con una pitillera de piel de testículo de toro que le regalé a Anna [Adinolfi], la cual quizá se acuerde todavía. Pero la plaza, que era muy agradable en los años 40, quedó hecha una birria al cubrirse la zanja del tren de la calle Aragón y al instalarse un garaje monstruoso de SEAT en el chaflán NO. En el chaflán SE hay, o había, una ferretería, de la que proceden nuestros cubiertos de acero inoxidable. Giulia [Adinolfi], que era tan europea, sólo quería acero inoxidable cuando en España no se fabricaba apenas. Y una tarde, esperando por allí una rebuznión, vi descargar una caja que llevaba una gran etiqueta: ”Cubertería de acero inoxidable”. De modo que al día siguiente fuimos a comprar los cubiertos. Item más: en la acera de Enrique Granados entre Consejo. de Ciento y Aragón hay o había una parroquia en una especie de garaje, regentada durante años por uno de los curas más fascistas de Barcelona. En el chaflán SO de Balmes y Aragón hay una pastelera, más patriota catalanista que buena. Y un poquito más lejos, en el tramo de Consejo. de Ciento, entre Enrique Granados y Aribau, hay tiendas y talleres muy atractivos: carpinterías, papelerías, una granja a la antigua con cosas muy buenas. Un poco más lejos, en el tramo de Aribau, acera de los pares, entre Consejo de Ciento y Aragón, hay un restaurante muy camp que, salvo que esté en temporada de moscas, resulta muy agradable. Además, en el cine que está en Aragón, acera montaña, entre Aribau y Muntaner, se consumen tantas pipas como el La Bordeta o en el Besós. En suma, es un microbarrio muy divertido.

Carta de Manuel Sacristán, desde México DF, el 14 de julio de 1983 (“194 aniversario de la toma de la Bastilla, que total, ¿para qué?”)

Querido hijo:

¿Cómo estás?, ¿cómo va todo? Te echamos (¿con hache o sin ella?) muchísimo en falta.

Tu padre está bien pero muy cansado. Levantarse a las 5 de la mañana empieza a pesarle mucho. Además le ha dado por ir todas las tardes al huerto de La Sagrera. Todas. Es tan tozudo como todos los maños (yo excluida, soy maña como sabes). El huerto, eso sí, le cambia la vida. Es otro hombre. Es y será siempre un campesino.

Yo también estoy muy cansada (sin ser campesina aunque lo fui ¡y a mucha honra!). Ahora me levanto, hacen que me levante dirías tú, antes de las 4. De 4 a 8 limpio los váteres llenos de mierda (con perdón) de la IGNIS, una gran innovación laboral, y desde las 8 a las 2 estoy en la fábrica. Pongo, ayudo a poner puertas. ¡Qué maravilla tan maravillosa! ¡La tecnología es la octava o décima maravilla del mundo! La señora Esperanza, la madre de tu amigo Miguel, me ayuda mucho. Me lo paso bien con ella. En grande. No paramos de hablar. ¡Menos mal! ¡Un toque de humanidad en la cadena no sienta mal! Somos libres entonces.

La calle, nuestra calle (¡Agricultura!) sigue igual, sin asfaltar, con charcos como océanos los días de lluvia, y las tiendas, las pocas que quedan, se van cerrando poco a poco. Como si viviéramos en un barrio fantasma. Lo que no cierra, eso sí, es la fábrica de la calle Marruecos, al ladito de casa. El azufre lo tenemos metido en los pulmones todos los días. ¡Hasta aquí estoy! ¡Me voy a soltar el moño y verán! La ciudad, esta ciudad que a ti tanto te gusta, no es muy cariñosa con nosotros. Aquí pierde su nombre, saca sus garras… y nos abandona tras golpearnos. Somos, nos hacen ser parias (¿me enseñaste tú la palabrita?, ¿no eran los parias de la Tierra los que debían unirse?)

Tengo que dejarte. Mi doble trabajo, como tú también dices (sin colaborar por cierto mucho en el segundo) llama a la puerta y no siempre lo hace dos veces.

Recuerda: si puedes, sólo si puedes, no grites nunca ¡viva la araña!, a tu abuelo no le gustaría. ¡Era muy mirado para esos bichos! Y ten cuidado, sé que lo tendrás, con los fastidios, ¡acostumbran a fastidiar! Toda atención es poca. Seamos prudentes por un vez en la familia. Hasta ahora la locura ha sido nuestra fiel compañera.

Tu madre, que te quiere y te echa (¡con hache o sin, puñetas!) mucho de menos. ¿Piensas en mi, piensas en nosotros? Yo sí, todos los días.

Mercedes Arnal Mur (junio de 1976) [*]

 

I

¡Quemad Barcelona! de Guillem Martí

Toni García [TG] hablaba el pasado 5 de marzo en el global-imperial –y, cada día que pasa, más ferozmente anticomunista y más afablemente sionista- [1], de una novela que, se indicaba en el titular, rescataba a un dirigente del PSUC que “se negó a arrasar la ciudad en 1939”.

¿Arrasar la ciudad? ¿Estamos hablando de la rosa de fuego, la actual millor botiga del món hasta que “Barcelona en comu” no lo remedie, en 1939?

Un breve resumen de la información.

Contar la historia del hermano de su bisabuelo, comenta TG, no era sólo una cuestión personal para Guillem Martí (1988, Barcelona, licenciado en Administración de Empresas y Derecho). Era “un acto de justicia”. La ópera prima del joven escritor, ¡Quemad Barcelona!, en opinión de TG, “resultará sorprendentemente luminosa para los aficionados a la historia y la literatura”. Es ficción basada en hechos reales (¡hechos reales!, ¡vaya por Dios!): arrancan estos “hechos” cuando en 1939 Miquel Serra i Pàmies, consejero de Obras Públicas del gobierno de la Generalitat y, añade TG, “dirigente del comunista PSUC”, recibe la orden de la KOMINTERN, soviética nos informa TG, de arrasar –este es el verbo utilizado- Barcelona antes de la entrada de las tropas fascistas, de Franco escribe TG. “las industrias, los transportes, los principales edificios… Todo debía ser reducido a cenizas para que los nacionales encontraran una ciudad destruida”. Todo es todo y los “nacionales” -¡cómo es posible que se siga usando esa falsa e insultante palabra 75 años después! ¡cómo admitir ese permanente atropello!- refieren a las tropas del general golpista, dictador y criminal.

Era la política “de tierra quemada para el enemigo”, explicó en una carta el propio Pàmies a su hermano en 1949 afirma TG. La novela, a punto de aparecer en Destino en catalán y también en castellano (la nota, por descontado, tiene mucho o bastante de publicidad comercial), narra “este episodio histórico”.

La orden, prosigue TG, nunca se ejecutó. Pàmies se opuso a que Barcelona “se convirtiera en una gigantesca hoguera”. El protagonista de la novela explica en la carta citada que en una reunión entre los militares encargados de las demoliciones, todos del PCE y el PSUC por supuesto, dijo “que debería ser un hombre del mundo civil y con responsabilidad política el que debía decidir el momento. Todos estuvieron de acuerdo. Mi actuación, en apariencia entusiasta y decidida, fue dilatoria”.

Resultado: el ejército franquista entró sin que se destruyera Barcelona.

Más aún. “¿Quién mandaba entonces?”, se pregunta el autor del libro. La respuesta según TG: “Pues había tres gobiernos, por así de decirlo: uno era la Generalitat catalana, que era un elemento residual; el segundo era el gobierno de la República; y el tercero, obviamente, era el Partido Comunista de España, el que daba las ordenes con el apoyo de la Internacional Comunista y sus agentes”. Es decir, los comunistas mandaban y el gobierno de Negrín en las nubes sumisas.

Serra Pàmies, prosigue TG, fue conducido a Moscú: juzgado como traidor por no obedecer ordenes directas, fue enviado al gulag. La acusación en su contra: agente doble, agente franquista, culpable de la caída de Barcelona y de hacer que el ejército republicano perdiera la Guerra Civil. Sin embargo, “cuando llegó la hora del juicio se le comunicó que la pena consistía en ir a Chile para ayudar allí al partido. Cuando horas después cogió un tren que se dirigía al norte comprendió que su destino no era Chile”. Nada de Chile; su destino era el gulag.

Sin embargo, Miquel Serra i Pàmies se escapó. Atravesó Siberia y llegó a Japón. De ahí a Los Ángeles y, recorriendo el continente americano, llegó hasta Chile. Las presiones, que TG no detalla, hicieron que finalmente optara por exiliarse en México. Una odisea que atrapó a Martí, cuenta TG, “hasta obligarle a escribir una novela que contiene, además, una historia de amor más fuerte que la vida con el trasfondo de una Barcelona que ya no existe”.

La historia, tozuda, anota TG, se empeñó en ocultar este episodio de la Guerra Civil. De haberse concretado hubiera dejado un paisaje aterrador. Si la posguerra ya fue difícil en Barcelona, es el novelista quien habla ahora, “cómo hubiera sido con una ciudad arrasada. Bueno, supongo que la gente se hubiera ido a sitios como Badalona o Sabadell y hoy serían grandes núcleos urbanos”. En el fondo del escenario novelístico-histórico, como es de toda evidencia, la vocación destructiva e inhumana del KOMINTERN. Del comunismo soviético. Sin páginas blancas. Todo negro, bien negro.

Martí reconoce en su familiar la figura de un idealista que, en su opinión, “no encajaba en una ciudad donde Moscú dictaba las normas y donde se respiraba esa sensación de que todo se vendría abajo en cualquier momento”. Más aún: “El hermano de mi bisabuelo creía que los ideales estaban al servicio de la gente y no al revés y por eso se negó a cumplir las órdenes. Creo que era una concepción totalmente distinta de la política a la que se tenía en aquella época”. ¿Toalmente distinta? ¿Sólo él tenía esa concepción?

El libro, concluye TG, sirve como recordatorio de que en las guerras “ningún bando se libra de la barbarie”. ¡Vaya por Dios, al fin aparece la patita que imaginábamos! ¿Les suena la tesis? ¿Bando? ¿La II República, el gobierno de la II República, era un bando como lo fue el desalmado grupo de oficiales fascistas que se sublevaron, con poderosa ayuda civil (don Francesc no excluido) y con el apoyo del nazi-fascismo y afines, contra un gobierno legítimo?

Más aún. La barbarie republica-comunista no se quedó en eso. Es de nuevo el novelista quien habla: “Muchos te dicen que eso es imposible que pasara, que muchos de los defensores de Barcelona eran buenas personas incapaces de hacer algo así”. Pero él les dice: “las órdenes partieron de Moscú y no se ejecutaron, pero la política de tierra quemada se aplicó en Girona, Figueras y la provincia de Lleida, por ejemplo; se dinamitaron iglesias, se volaron puentes, se hicieron saltar polvorines…” ¡En Barcelona no pasó porque no se siguieron las ordenes comunistas! Su conclusión: “no cuestiono la bondad o la buena voluntad de aquellas personas, pero la política era la que era”. ¡Tremenda conclusión! Por todo ello, Martí espera que su libro “sirva para que los historiadores se interesen más por lo que paso aquí en 1939”.

¿Los historiadores no se han interesado hasta el momento por lo que pasó en Barcelona, en Cataluña, en 1939? ¿No? ¿Nunca han pensando en un episodio como éste? Raro, muy raro. ¿No les parece?

Algunas observaciones sobre lo que acabo de apuntar que toman pie en una comunicación personal de los pasado 6 y 7 de marzo del historiador y profesor de la UAB, José Luis Martín Ramos [JLMR].

1. Todo lo apuntado “es una sarta de mentiras, falsedades e ignorancias”. Desde la pe a la pa. “Este chico ha encontrado un filón, a pesar de las advertencias que se le han hecho de que lo que explica no es cierto”. El País, por su parte, “da la medida de su nula ética profesional y su absoluta desvergüenza. Como el librito de historia no se aguanta, ahora quiere pasar su mercancía so capa de literatura”.

2. Según lo que el mismo SP cuenta a su hermano quince años después de la guerra, prosigue JLMR, “recibió la orden de inutilizar las comunicaciones del metro, obviamente dinamitando túneles o vías, así como determinadas fábricas estratégicas entre ellas las centrales eléctricas”. Nada de destruir Barcelona por lo tanto, “sino de frenar el avance fascista en la ciudad y de evitar que se repitiera el bochorno de Bilbao, con toda su industria a beneficio de Franco”.

Más aún. En opinión del profesor e investigador de la UAB, una universidad pública con grandes resultados en el ámbito de la investigación: “si se le dio fue una orden fue absolutamente justificada, que en ningún momento suponía arrasar Barcelona, ni quemar la ciudad ni nada de eso”. Incluso, añade, “dinamitar los túneles del metro no habría significado el derrumbe de un tercio de Barcelona… Hay que recordar la red de metro entonces existente y que si se utilizaban como refugio ante bombardeos era por alguna cosa”. Así, pues, dinamitar los túneles, “no habría hundido las calles”.

3. Por otra parte, SP no explica con precisión “quien le dio la orden, por qué se la dio a él y porqué no se cumplió”. Además, hubo muchos combatientes que no cumplieron órdenes aquellos años; no fue el único. Uno de ellos, recuerda JLMR, fue Pere Ardiaca, alguien que, por cierto, recibiría tiempo después la etiqueta de comunista soviético ultraortodoxo. Jamás se la pudo sacar de encima.

4. Todo el asunto se basa, además, “en una carta a su hermano. SP hacía más de diez años que ya no era militante del PSUC y resulta extraño que, en ese tiempo, nunca dijera nada a nadie al respecto” comenta JLMR.

5. Más aún. En La URSS “no fue enviado a ningún gulag; su compañero de partido, Del Barrio, ha explicado diversas veces la peripecia”. Llegaron ambos a Moscú para participar en el debate de la IC. “Allí el BP del PCE le acusó de estar al servicio del Deuxième Bureau – nunca se le acusó de estar al servicio de Franco- y de ser masón (esto último creo que era cierto)”. Por todo ello, la dirección de la Internacional Comunista decidió apartarlo de las discusiones “y lo sometió a una investigación interna, dirigida por la Blagoeva, responsable de cuadros de la IC -un “periodista” de La Vanguardia escribió, con falsedad, que fue sometido a un proceso judicial- y llegó a afirmar que se le liquidó”. Finalmente resultó exculpado de la acusación.

6. Prosigue nuestro historiador: “Relato de Del Barrio, después de su expulsión del PSUC en 1943 -conocí a Del Barrio en 1976, exageraba sus propias hazañas pero no cayó nunca en el anticomunismo pagado de Jesús Hernández, Gorkin y tantos otros-, después de las discusiones de Moscú y de la exculpación de SP, se les dio la instrucción de ir a América Latina -ya había empezado la II GM – como a Carrillo, y por la misma que vía pero no con él: Moscu-Vladivostok-Japón-California; el destino de los dos era Chile, y allí permanecieron algún tiempo”.

7. Del Barrio se integró en la política de partido de exilio, SP no, afirma JLMR. Este era un personaje peculiar, “de pocas palabras, taciturno, que, con razón, salió tocado moral y políticamente de la acusación injusta que se le hizo”. A pesar de todo, de Chile marchó a México “para que el PSUC pudiera desbloquear la cuenta corriente de la editorial Atlante, una tapadera del partido en el exilio y no sé si comienzo del curioso negocio editorial de Grijalbo. Su concurso era indispensable”. Atlante era una empresa hispano-mexicana: “para gestionar la cuenta se necesitaban las firmas del “empresario” mexicano y del representante del PSUC, la denominada parte capitalista, que era precisamente SP”.

8. ¿Alguien puede creerse el cuento chino que explica el sobrino-nieto?, se pregunta JLMR. “SP había decidido romper con el PSUC, sobre todo después de hablar con Comorera, cuando éste llegó a México, pero también decidió comportarse con decencia, no jugarle una mala pasada al PSUC y no apropiarse del dinero; también decidió rechazar la oferta que Comorera le hizo y reincorporarse al núcleo reducido del PSUC en México”. Firmó; se fue y “con Víctor Colomer, Miquel Ferrer y otros montó un grupo disidente, anti-PCE, pero nunca antisoviético”. Al menos en aquellos años.

9. Así, pues, todo lo de la versión novelada es falso. Parece, no le falta razón a JLMR, “que las versiones noveladas disculpan más las falsedades… “

10. La fuente de nuestro historiador: “todo eso no me lo explicó ningún agente de la KGB. Está documentado en el fondo Del Barrio, el fondo Serra Moret, el fondo Marlés y el fondo Ruiz Ponsetti. Que el sobrino nieto no ha sido capaz de trabajar, o entender…No fuera que se le fuera al carajo el negocio” [2].

En una comunicación posterior añadía José Luis Martín Ramos:…”

Texto completo en  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=196774