Sobre “Los años del plomo. La reconstrucción del PCE bajo el primer franquismo (1939-1953)”. Entrevista con Fernando Hernandez Sanchez de Enriqueta de la Cruz. Crónica Popular

años de plomo

“La historia enseña que el PCE se regenera, que “siempre surgen militantes capaces de arriesgarlo todo y volver a empezar, militantes que no se dan por vencidos pese al desprecio o persecución por parte de algunos núcleos de dirección”. Así lo explica quien bien lo sabe. Ha escrito dos obras fundamentales para el conocimiento de este partido histórico que tan gran papel jugó en la defensa de la República durante la Guerra Civil y que aún tiene mucho recorrido. Es Fernando Hernández Sánchez, autor de Los años del plomo. La reconstrucción del PCE bajo el primer franquismo (1939-1953). Autor también de Guerra o Revolución. El Partido Comunista de España en la Guerra Civil. Doctor en Historia Contemporánea, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid e integrante del Consejo Ejecutivo de la Cátedra Complutense de Memoria Histórica del siglo XX. Charlamos para entender la historia y, a partir de ahí, avanzar en el presente hacia el futuro. Charlamos con este historiador de estos dos libros suyos, y de la actualidad. Él ya había escrito anteriormente Comunistas sin partido: Jesús Hernández, ministro en la Guerra Civil, disidente en el exilio (2007). Es asimismo coautor, con Ángel Viñas, de El desplome de la República y participó en otro libro colectivo de referencia: Los mitos del 18 de julio.

Fernando entiende que estamos en un momento importante en que esa mirada histórica nos puede dar claves; yo también. En una sociedad que no admite verticalidad, dogmas, herida por los pactos de los partidos que han participado en el juego del poder tras la Dictadura, se presentan las dudas, ¿qué hacer? “La sociedad española ha cambiado; los campesinos se puede decir que no existen como clase, los trabajadores industriales (que fueron componente fundamental de los comunistas) son sustituidos por otro tipo de asalariado y de precariado, pero incluso entre ese precariado abundan los jóvenes con formación superior; y esa es quizá la demostración de que hace falta una nueva teoría para el tiempo nuevo. La melancolía lleva a la impotencia”.

Los años luminosos para el PCE fueron los de las alianzas: Frente Popular, alianza contra el nazifascismo, los años de apertura, los años en que los dogmas, el ensimismamiento o el sectarismo no le condicionaron, no acabó con sus propios camaradas, no siguió la senda trazada por los grandes intereses internacionales. “El movimiento comunista internacional –nos explica- es una especie de tren lanzado por una vía que lo lleva heroicamente al fin de la historia, pero cuya locomotora va dando tantos bandazos que hay veces que algunos pasajeros salen despedidos por la ventanilla”. Ahora es otro momento: revisar la Transición, mirar los momentos de gloria pero también conocer los errores, y trazar otro futuro con apertura de miras. Ahí van sus interesantes reflexiones. Nos aclara capítulos aún oscuros de la reciente historia española, nos regala datos muy interesantes.

¿Qué tenemos que saber sobre los años duros, o de plomo como dices tú, del Partido Comunista tras la Guerra Civil? De esos dos periodos tratan precisamente dos de tus libros.

En mi anterior libro, Guerra o Revolución, intenté reconstruir una etapa de la que se había hablado bastante en biografías, etc., pero no tanto desde la documentación primaria, porque los archivos no eran fácilmente accesibles y por la batalla ideológica, en la que muchas veces predominan más los prejuicios que las realidades. Historié uno de los periodos áureos del Partido Comunista, cuando se convierte prácticamente en la fuerza hegemónica de la política de apoyo a la República (el otro es el de la pretransición democrática, con la oposición al régimen franquista). Fue un partido que saliendo de las posiciones más marginales que se puedan imaginar en la II República, en un plazo muy breve -y quizá porque supo interpretar las condiciones de las guerras totales del siglo XX (la Guerra Civil fue una de ellas)-, se hizo con un ámbito de influencia enorme hasta el punto de que, como han dicho algunos historiadores, fue la expresión más acabada del pueblo republicano en guerra. Lo hizo por méritos propios y también por deméritos ajenos. Los espacios políticos no se conquistan solo por los méritos de uno, también se los ceden otros que cometen errores. El Partido Socialista cometió errores a la hora de interpretar el proceso bélico y otros sectores, como el anarcosindicalista, lo interpretaron en clave de revolución social pero no valoraron lo suficiente el contexto internacional; porque la Guerra no fue solo interna, sino internacional por interposición. Pero claro, a las etapas luminosas corresponden también etapas oscuras. La primera fue la del sectarismo de los años iniciales, que condujeron a esa posición marginal a la que ya me he referido y que duraron hasta el 34-35, cuando ya se hace portavoz de la política del frentepopulismo; y la otra, aparte de los años de destrucción de los 80, fue la de la inmediata posguerra, el primer franquismo, del 39 al 53, porque la muerte de Stalin va a marcar un giro y empieza a haber un Partido Comunista de antes y de después del 53.

Difícil hablar de esto, imagino, de la posición marginal…

Sí, porque de las victorias y de su gestión se escribe muy bien, de las épocas gloriosas, e incluso de los martirologios, se escribe con entusiasmo y cierto orgullo, pero de los errores, incluso de crímenes internos, es muy difícil escribir. Un partido que había llegado a tener cerca de 350.000 militantes en el periodo bélico, después se precipita en la más oscura de las clandestinidades y, claro, hay que gestionar esa derrota que, por cierto, no es que fuese imprevista; a partir del 38 todo el mundo sabía que la guerra estaba perdida, pero no se hizo quizás lo necesario para prepararse para la clandestinidad.

Pues cualquiera diría…

Parece mentira, sí, porque es un partido en cuya ideología figuraba el leninismo, y el leninismo siempre implica que un partido comunista debe tener un aparato visible y otro invisible o clandestino; pero en el terreno que iba cediendo a los franquistas no dejó ningún tipo de aparato, ni clandestino ni de propaganda, ni de dirigentes poco conocidos que pudiesen volver a articular el movimiento. Y a eso se suma que en la derrota y el exilio inmediato la dirección central (y hay que tener en cuenta que los partidos comunistas eran muy verticalizados y jerarquizados) va a quedar dispersa por medio mundo: un núcleo de dirección va a ir a la Unión Soviética, otro a México y otros países latinoamericanos, y otra fracción se va a quedar en Francia y norte de África. Lo dijo Luigi Longo: en esos años era muy difícil coordinar a un partido con una dirección repartida entre el exilio, el interior y las cárceles. Ése era el problema fundamental.

Pese a todo se reconstruyó y tuvo nuevamente mucha importancia. ¿Cómo fue posible? Lo digo porque ahora que está de nuevo en horas bajas, quizá sirva de pista…”

Texto completo en http://www.cronicapopular.es/2015/05/fernando-hernandez-sanchez-el-pce-tuvo-siempre-mayor-capacidad-de-influencia-cuando-se-abrio-y-alio/