Tras las elecciones catalanas: “O repensar o morir”. Javier Aristu. en campo abierto

Me pongo, tras una noche agitada y sorprendente, a poner por escrito algunas reflexiones a partir de las elecciones de ayer en Cataluña, reflexiones que tratan de interpretar tendencias más abajo de los propios resultados numéricos.

  1. Las cosas siguen igual en Cataluña; lo cual, tras los acontecimientos del 6 y 7 de septiembre, del 1 de octubre y del 27 de octubre, quiere decir que posiblemente están peor que antes. Los bloques políticos, más que diluirse o abrirse al reconocimiento del adversario, se enquistan y consolidan. Malos tiempos para el diálogo.
  2. El independentismo ha soportado muy bien las andanadas, potentes cañonazos, de parte del Estado y del Gobierno del PP. No cede terreno aunque tampoco avanza. Puede que estos resultados favorables al independentismo sean una respuesta del catalán cabreado ante el acoso del Estado o puede que sean la expresión de un proyecto ya establecido y permanente dentro de la sociedad catalana. Lo veremos en un próximo futuro.
  3. Los resultados de Ciudadanos abren una perspectiva analítica de enorme importancia si queremos entender lo que está pasando en Cataluña. En “la Cataluña española” la hegemonía se ha desplazado desde la izquierda clásica (PSC, PSUC-Iniciativa per Catalunya) hacia un partido desideologizado y tendente a posiciones liberales en economía. Pero con potentes conexiones en la masa popular de la Cataluña no independentista. Desde mi punto de vista este es el dato más novedoso de estas elecciones. Dato que ya venía anunciándose en 2015 si observamos los resultados de Ciudadanos entonces. Quien se sorprende hoy es porque no vio entonces lo que allí ya estaba anidándose. ¿Es C’s la derecha como antes lo fue el PP? En mi opinión poco que ver. Es la diferencia entre una España (Cataluña) conservadora, pegada a las viejas dependencias del Estado y una nueva España (Cataluña) que está haciéndose hueco dentro de una sociedad con pocas similitudes con la de hace quince años.
  4. La izquierda sigue anclada en paradigmas inservibles para captar las nuevas derivas sociales. O bien se ha lanzado a una competición por ver quién es más “catalanista de verdad” (es el caso de la Ada Colau de los momentos cumbres del procés) o ha seguido pensando que las llamadas “ciudades rojas” le siguen la estela como siempre lo hicieron (caso de algunos segmentos del PSC). No seré yo quien afirme que ya no existen “ciudades rojas” –como alegremente afirma Ignacio Escolar hoy en su periódico–; claro que existen si por eso entendemos concentraciones urbanas populosas donde habita la mayoría del pueblo trabajador. Lo que ocurre es que se ha roto la tradicional costura que existía entre demanda social y representación política. Son muchos años de “institucionalización formal” de los representantes políticos, que abandonaron el lenguaje social, el discurso del trabajo, la gramática de los problemas reales por una obsesión por el diccionario del “discurso político” y vacío de respuesta concreta. Al final, ese pueblo trabajador se ha encontrado con que, abandonado por la izquierda del trabajo, obsesionada esta por el problema identitario y nacional, ha hallado en Ciudadanos el escudo con el que defenderse de la agresión independentista que le amenaza con expulsarlo de la plaza pública.
  5. No se trata solo con volver al “discurso social” como atinadamente Xavier Domènech ha tratado de hacerlo a lo largo de la campaña electoral; se trata de provocar una verdadera catarsis intelectual y cultural dentro del universo de la izquierda. Catarsis que signifique no volver a viejas certezas, ya caducas e inservibles, ni dejarse arrollar por novedades de última hora –auténticos merengues culturales sin solidez–. Hablamos de construir una nueva gramática de las necesidades sociales de la mayoría, sin estrecheces y sin esquematismos. También sin soberbias o supremacías intelectuales a las que la izquierda está a veces muy acostumbrada: es significativo el desprecio intelectual con que muchos representantes de esa llamada izquierda tratan a Ciudadanos: cuanto menos a este partido le han votado más de un millón de trabajadores catalanes. Si no lo han hecho a la izquierda –a la que antes votaban– ésta tendrá que preguntarse por qué.
  6. El papel de las instituciones sindicales es fundamental en esta fase que se recompone. Anotemos el inteligente llamamiento que hace en su blog José Luis López Bulla. Los sindicatos tienen en su mano ir construyendo un nuevo-clásico discurso de reconocimientos de los auténticos problemas de los trabajadores, de detección de las fallas sociales. Superar el nacionalismo excluyente y las opciones independentistas no va a venir de discursos autoritarios o de confrontaciones desde el Estado (opción 155); en gran medida vendrá de la confrontación lenta pero consistente desde el terreno del conflicto económico y social, el terreno más natural para desvelar las verdaderas contradicciones de una sociedad. Pero esto significará también que el sindicalismo catalán irrumpa decididamente en esa vía abandonando cualquier veleidad identitaria o nacionalista.

O repensar o morir