“Un bosnio en Sarajevo”. Javier Aristu. en campo abierto

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Conforme pasan los días la sensación de catástrofe es cada vez mayor. El 1 de Octubre en Cataluña puede significar una fecha maldita para el futuro de esta sociedad. No pretendo exagerar pero esas sensaciones son las que tengo cada vez que se acerca esa fecha y leo los mensajes tuiteros y las reacciones de una parte considerable de políticos catalanes y españoles. Políticos que —lo estoy viendo hoy mismo en el Intermedio de Wyoming— se dedican en la calle, delante del Congreso de Diputados, a contestar a la reportera de ese programa cómico-informativo sobre sus vestimentas playeras durante los meses de verano o bien exponen con absoluto desparpajo toda su vida íntima vacacional…que nos interesa un bledo a los españoles. El Hola y el Diez Minutos siguen estando presentes en las preocupaciones de esta nueva clase dirigente que no manda realmente nada pero que se embelesa con un tuit o una entrevista. Y mientras, el mundo a su alrededor está en peligro de hundimiento.

 

Estoy siguiendo, poco, bien es verdad, la serie de comunicaciones que se está desarrollando en Twiter a propósito del referéndum y donde aparecen políticos de todas las esquinas y posicionamientos además de ciudadanos de base expresando su opinión. Algunos son de una gran corrección y educación con el que piensa diferente pero, en otros casos y no minoritarios, hay auténticas bolsas de hooligans que se dedican a insultar y machacar al contrario, muchas de esas veces con mentiras, manipulaciones y distorsiones que da vergüenza. Son auténticas nubes tóxicas que van envenenando todo lo que les rodea. Hay políticos de profesión españoles y catalanes que son auténticos maestros en estas artes del maltrato; no digo sus nombres para no verme yo sometido, a lo peor, a ese envenenamiento, pero leer sus tuits avergonzaría a aquel maestro que les daría clase hace no muchos años atrás.

Una de las lecciones que estoy sacando de este proceso político que venimos padeciendo desde hace algunos años tiene un efecto desconsolador; siento ser tan duro y directo. El actual devenir de los acontecimientos está literalmente desgarrando a lo que quedaba de izquierda en España, incluida Cataluña por supuesto. Y cuando hablo de izquierda lo hago en sentido no estrictamente político ni partidario. Me refiero a ese universo de ideas, valores, comportamientos y actitudes que ha venido dando identidad en las últimas décadas a determinados grupos sociales que se sentían reconocidos a su vez con determinadas siglas y organizaciones políticas. Posiblemente el proceso de desgarro y descomposición se venía produciendo desde años atrás pero especialmente a partir de 2012  ha alcanzado niveles de alerta roja. En España la disputa entre Podemos y Psoe amenaza con desgastar a ambos pero la izquierda catalana está hundida y rota. Y es que Esquerra no es izquierda. Vemos dirigentes y militantes de aquella izquierda socialista o psuquera que tanto nos iluminaba pasarse literalmente al partido independentista. Asistimos con asombro a cómo militantes que en otros tiempos compartieron mítines y asambleas bajo la misma bandera roja hoy se apuñalan en los tuiter acusándose de todo. No es que asistamos a una crisis de estrategias o de tácticas. Estamos ante un auténtico terremoto que no va dejar en pie casi ninguno de los edificios que albergaron las ideas de solidaridad, libertad y de cambio social.

Podría dar bastantes ejemplos de lo que está pasando a través no solo de esos mortíferos tuits sino de artículos en medios, reflexiones sesudas en revistas de pensamiento “marxista”, teorizaciones sobre internacionalismo obrero y catalanismo independiente… todo un sinfín de posicionamientos que testimonian precisamente que toda una época y una manera de ver la vida social está ya sumergiéndose bajo las aguas. Un  inmenso naufragio. Un amigo que ha dedicado toda su vida a estudiar y explicar los procesos históricos del movimiento obrero en España me decía hoy por teléfono que posiblemente estábamos asistiendo a la mayor derrota de la izquierda desde 1939. El universo de ideas y de concepciones que fue propio de la izquierda ha sido absorbido —si no destruido— por otros universos, entre ellos el propio de la ideología del capitalismo y el de raíz etnoidentitaria. Hace setenta años la izquierda europea se enfrentó y combatió la oleada de convicciones étnicas y nacionalistas que amenazaba la permanencia de Europa como continente de libertades; entonces la izquierda era internacionalista, todo lo contrario de nacionalista, sin que eso supusiera dejar atrás a sus propias sociedades. ¿Cuándo ocurrió el desastre? ¿Cuál ha sido nuestro Dunkerke? ¿Dónde está esa madre de todas las batallas donde perdimos la guerra? Posiblemente no ha sido una sola batalla sino un conjunto de pequeñas y grandes derrotas de las que nunca supimos sacar lecciones. La izquierda nunca nos equivocamos, creíamos.

Hoy ya no es posible remediar esta sensación de sentirse en tierra de nadie. De nadie no es lo mismo que equidistante. Bruno Trentin escribió en sus desgarrados Diarios de los años 90: «Me siento como un bosnio musulmán; hijo de un serbio y de una madre croata». Cualquiera que siguiera aquella guerra sabe perfectamente lo que significaba ser bosnio musulmán en la asediada Sarajevo.

Otro estudioso, Josep Fontana, que fue nuestro historiador más seguido por los que antes de la Transición éramos estudiantes e ilusionados partícipes de la izquierda cultural y política, ha escrito un colofón a su libro sobre Cataluña (La formació d’una identitat. Una historia de Catalunya, ed. Eumo) que no puedo dejar de citar porque resume para mí de forma nítida el momento de derrumbe que estamos pasando, esa sustitución de universos conceptuales contrapuestos. Ante la derrota de la izquierda algunos restos de aquella se apuntan al proyecto nacionalista.  Traduzco a Fontana:

«Lo que yo quería explorar en estas páginas es la naturaleza de esta corriente, después de que a través del largo proceso de la formación de la identidad de los catalanes: un sentimiento que ha perdurado en el tiempo y que ha llegado en plena vigencia hasta la actualidad, después de haber resistido quinientos años de esfuerzos de asimilación, con tres guerras perdidas – la de 1652, en 1714 y la de 1939-, sometidos a campañas de represión social y cultural, que aún perdura hoy. Una carrera que le permite mantener la esperanza de que, pase lo que pase, esta voluntad de seguir siendo nosotros mismos, contra todas las negaciones y contra todos los desafíos, seguirá persistiendo en el futuro».

“Seguir siendo nosotros mismos”, dice hoy el brillante intelectual. ¿Hoy día los parias de la tierra se han hecho nacionalistas? Me quedo, en esta lucha final que estamos perdiendo, con aquellos versos que cantábamos: El género humano es la internacional.

Pues eso, somos bosnios en un Sarajevo en ruinas.

https://encampoabierto.com/2017/09/05/un-bosnio-en-sarajevo/