“Una época ha terminado (y 3)”. Gregorio Morán. La Vanguardia

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“No creo que sea fácil encontrar un año tan delirante como este 2016 que ahora termina. Me refiero al caso español y dejo de lado otros elementos que han ido apareciendo en las dos sabatinas anteriores. Con todos mis respetos hacia las excepciones, no hay sector al que no le hayan saltado los fusibles, desde la política a la cultura, de los medios de comunicación a aquello que conforma una sociedad sana y alternativa.

Nadie ha superado el tsunami y se les ve dando bandazos de aquí para allá. Bastaría decir que si hace seis años alguien pensara que se mantendría una rocambolesca variante de Gran Coalición PP-PSOE, con Mariano Rajoy en gran estadista, provocaría risas hasta de José María Aznar. Llevo varias semanas sin referirme a Catalunya porque no entiendo nada y menos que nada los diez patufets que forman la CUP, que condicionan la vida política catalana y cuya definición ideológica – patufets– consagró el talento del showman Sisa. Son la variante más divertida, por alucinante, de la política en Catalunya. Un análisis de la CUP tendría más éxito que unos Juegos Florales. ¡Se han tirado más de una semana rompiendo fotos del Rey en trocitos, algo que les consagraría como el primer grupo político catalán influido, sin saberlo, por el psicoanálisis; pero nada del de la escuela de Viena, sino a un Sigmund Freud ignoto, vinculado a los Aromas de Monserrat y las herencias carlistas. Como el juego de los cromos pero creyendo que se está derribando el mundo, y el mundo asiste perplejo a esta patochada de niños malcriados.

Escribir sobre Catalunya y el referéndum imposible es la cosa más aburrida del mundo. Primero, porque con el tiempo y los cambios meteorológicos he perdido los referentes, y no sé muy bien quién es el dirigente de quién, e incluso cómo se llaman algunos partidos. El tejido político catalán ha pasado a emular a aquel de antaño que se disolvió en la ruina, la frivolidad y la incompe­tencia.

La política española, en general, está hecha para gente poco seria. Todo empieza en el mismo punto, la última democracia europa occidental no es la que más ha aprendido sino la más corrupta de todas. Ahora entiendo aquellos elogios de banquero según el cual hemos hecho la transición más profunda sin tocar nada de lo que había que derribar. ¡Y la izquierda lo consideró un éxito! ¡Qué carácter! Quizá por eso se pueda decir que una época ha terminado. Aquello que se llamó proceso de transición ha saltado por los aires y estamos viviendo un Gobierno de coalición que es como un perchero. Unas veces dejas el abrigo aquí , otras allá. Y el partido más corrupto que conocieron los tiempos sonríe, con ese gesto de hiena, mientras va pactando, hoy con unos, mañana con otros.

Si hubiera que plasmar la imagen tendríamos al corrupto derrotado en todo lo que tiene que ver con la dignidad política, y a su lado un par de perroflautas exigiendo acuerdos, pactos, que aseguran firmaron en su día y que el jefe de la tropelía les va dosificando. Ni él puede ir más allá, ni los otros más acá. ¡Qué espectáculo el de la política española! Posiblemente no hay lugar para nadie más, o los jugadores no admiten más competidores. Pero lo evidente es que gobierna el PP y hacen de palanganeros el PSOE y Ciudadanos. Y entre tanto la ciudadanía perpleja, esperando el día que a Mariano Rajoy le dé por barajar las cartas y diga hagan juego señores. “Su oportunidad ha llegado hasta aquí”.

Una simpleza que dejará al PSOE en posición de mendigo y a Ciudadanos en aspiraciones de amante despechada, pero gobernarán ellos, con la mierda hasta el cuello y la desvergüenza fuera de control. Con un rigor y una insistencia de rico que se juega lo único que tiene –que no es precisamente el talento– irá perforando al adversario que le puede hacer daño.

Podemos, por ejemplo, que lleva entre sus virus la semilla de su disolución. No hay abuela de Podemos que les salve. Necesitaría mucho talento Errejón para entender la celada en la que le han metido. Los obreros son políticos torpes pero consecuentes, los profesores de universidad son presuntuosos por naturaleza. Me temo que romperán y arrastrará con él mucho más de lo que su talento merece.

¿Echarle un pulso al poder? Esa es tarea para titanes, no para gentes que se pasan el día discutiendo de nombramientos. Es bestia decirlo, pero Podemos discute menos de política ante la sociedad que el Partido Popular, que es una organización formada para la trampa y el negocio y la permanencia.

Pero digamos lo que digamos queda por explicar el porqué de una afirmación tan rotunda. ¡Una época se termina! Y decirlo así, a las bravas, cuando la clase política española apenas si se ha renovado, ni la judicial, ni todas aquellas que salieron heridas en el honor que habían dejado en el camino de una larguísima dictadura.

Una época se termina porque se han agotado los recambios, porque se ha pasado de listos a cínicos, porque no se han constituido partidos sino organizaciones mafiosas dedicadas a ganar elecciones y otorgar sus votos al capo, que sabrá recompensarles. Una época se termina porque nadie con un pequeño acervo de dignidad podrá echar mano de aquella gran impostura que fue la transición como modelo. A menos que se considere un modelo la impunidad, la corrupción, los apaños entre partidos, cuyo único interés se reduce al reparto del pastel, ¡y qué pastel!

Se agotó el modelo y la orquesta del Titanic sigue tocando. No se cansarán mientras nadie les eche. ¿Y quién puede echarles sino ellos mismos? En ocasiones como esta, cuando el modelo se ha agotado y todo el que no sea idiota detecta que una época, la nuestra, ha terminado, me vienen a la memoria los procuradores de las Cortes del franquismo. ¡A mi, mientras haya una puerta giratoria que me garantice el futuro, seré un ferviente monárquico y un fiel demócrata respetuoso de un hombre, un voto! ¡Siempre que gane, como diría el inefable Donald Trump!”