«Una foto económica en campaña electoral» de Juan Laborda, en vozpopuli

depredadores sociales

Nos encontramos de lleno imbuidos en la fase postrera de una campaña electoral cuyos inicios se remontan bastantes meses atrás. Por eso, convendría repasar brevemente donde estamos ahora, desde un punto de vista económico, y tratar de transmitir a la ciudadanía una imagen lo más fidedigna posible de la realidad. Tanto la economía global como la patria se están desacelerando y existe una probabilidad nada desdeñable de entrar en recesión a lo largo de 2016. De eso casi nadie habla, como tampoco se comenta que los mercados financieros internacionales son una bomba de relojería donde los problemas de deuda e insolvencia bancaria global acabarán finalmente estallando.

Según los datos suministrados mensualmente por el CPB Netherlands Bureau for Economic Policy Analysis, en septiembre de 2015, por primera vez desde noviembre de 2009, se registró una contracción interanual del volumen de comercio mundial. La anterior vez que la tasa interanual de crecimiento del comercio mundial entró en territorio negativo fue en noviembre de 2008, en plena crisis sistémica, en plena recesión global.

La política monetaria, que se diseñó al servicio exclusivo de las élites, solo genera burbujas y un aumento de la desigualdad

Regreso a 2008

Pero ¿por qué después de tanto destrozo hemos vuelto al punto de partida, 2008? La respuesta ya la saben ustedes, un diagnóstico inapropiado y unas recetas erróneas. La mezcla de políticas económicas recomendadas desde los distintos organismos multilaterales, con el apoyo entusiasta de la inmensa mayoría de los economistas, ha fracasado, no ha funcionado. Se propuso para salir de la crisis una combinación de política fiscal restrictiva -la falsa austeridad expansiva-; política monetaria laxa -ampliación de los balances de los Bancos Centrales y tipos de interés cuasi-cero-; y recortes salariales –eufemísticamente denominada devaluación interna-. Las hipótesis utilizadas para justificar cada una de ellas eran y son falsas.

La política monetaria, que se diseñó al servicio exclusivo de las élites, solo genera burbujas y un aumento de la desigualdad. La política fiscal se ha pervertido a niveles nauseabundos. Se ha producido una brutal expansión de la deuda pública en la práctica totalidad de las democracias occidentales. Detrás de ello no se pretende sostener el empleo, los ingresos, las pensiones, la seguridad de una vivienda, tener unos estándares salariales mínimos o el derecho a una educación digna como elemento de mejora social. Sólo se ha incrementado para financiar a terceros, sanear los desaguisados de la superclase. Finalmente, el abaratamiento generalizado de los salarios y del despido ha acabado hundiendo la demanda efectiva -paradoja de costes-, de ahí la ausencia de inversión productiva. Pero los efectos colaterales de todas y cada una de estas recomendaciones de política económica han sido tremendos: pobreza, desigualdad, concentración de poder…

La sociedad en su conjunto, desde 2008, ha interiorizado uno de los aspectos más relevantes de la actual crisis sistémica, la salida del armario de los depredadores sociales. Cuando los días de vinos y rosas tocaron a su fin, se pusieron manos a la obra, no fuera a ser que, ahora sí, perdieran esa riqueza que con “tanto esfuerzo” habían acumulado vía burbujas financieras e inmobiliarias, y/o a golpe de lobbies, grupos de presión. Se apropiaron de las rentas de la sociedad. Ante la que se avecinaba, la evaporación de su fortuna, aquí y allá, empezaron a maquinar e imponer un abanico de mezcla de políticas económicas absolutamente inservibles para la ciudadanía, pero de mucha utilidad para ellos; les permitía mantener su riqueza a la par que seguían controlando los resortes del poder…”

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