‘Una historia de la conciencia: Ensayos escogidos’, de Angela Y. Davis. Mireia Sentís. fronterad

Angela davis ensayos

Introducción

 

 

“El que no habla es vulnerable”.

Angela Davis

“Si no hay lucha no hay progreso”.

Frederick Douglass, citado por Barack Obama en

su discurso inaugural del Mes de Historia Negra,

1 de febrero, 2011

 

La trayectoria vital e intelectual de Angela Davis se enmarca en la tradición estadounidense de la resistencia civil, que nace con las revueltas de los primeros africanos trasladados por la fuerza al hemisferio occidental. Como tantos militantes que pusieron en cuestión la legitimidad de las leyes del Estado, ha sido perseguida, encarcelada y difamada. En 1970, cuando saltó a la escena pública internacional al ser incluida entre los criminales más buscados por el FBI, se la presentó como una revolucionaria violenta y “enemiga del Estado”. En realidad, era una ciudadana consciente, que participaba en la organización de un movimiento cuyo objetivo era lograr la inconstitucionalidad de la pena de muerte y la liberación de los presos políticos. Profesora de Filosofía en la Universidad de California en Los Ángeles, nunca ocultó su pertenencia al Partido Comunista, convencida de que el activismo político no era incompatible con ser una educadora eficiente. Pero en 1969 Ronald Reagan, gobernador de California, preparaba su candidatura a la Casa Blanca y necesitaba demostrar a los conservadores que era capaz de aplastar a los activistas de izquierdas –especialmente a los negros, muy implicados en la reivindicación de sus derechos civiles–. En consecuencia, forzó la expulsión de la joven profesora, un suceso que resultaría mucho más mediático de lo previsto. Al recibir la noticia de su destitución, Angela Davis decidió continuar impartiendo sus clases al aire libre. A sus estudiantes habituales, se sumaron entonces cientos de otras disciplinas, que manifestaron su repulsa a lo que consideraban un despido injusto. Finalmente, fue readmitida. Sin embargo, empezó a recibir cartas injuriosas y amenazas de muerte. Una de las dos armas que adquirió para defenderse, desencadenaría su persecución por parte del FBI.

Como activista en favor de los derechos de los presos y contra la pena de muerte, formó parte de la defensa de Soledad Brothers, tres reclusos de la prisión californiana de Soledad acusados de promover huelgas y revueltas, en una de las cuales fallecieron dos presidiarios y un vigilante. El Estado pedía para ellos la pena capital. George Jackson, que llevaba diez años entre rejas por asalto a una gasolinera (70 dólares de botín), se hizo marxista, integrante del Black Panther Party y escritor. En uno de sus libros –Soledad Brother: The Prison Letters of George Jackson (1970)– (1), incluyó la correspondencia mantenida con la profesora universitaria. La visibilidad de Angela en la causa de los Hermanos Soledad y su acercamiento a los Black Panthers, desencadenaron su expulsión definitiva de la universidad (“me había convertido en un símbolo a destruir”). Escéptico con respecto a los lentos métodos legales a los que recurrían Angela y los restantes defensores de los Hermanos Soledad, Jonathan Jackson, hermano menor de George, irrumpió armado en la sala donde se celebraba un juicio contra ellos en agosto de 1970. Con ayuda de los acusados, hizo rehenes al juez, al fiscal y a varios miembros del jurado. En el subsiguiente tiroteo resultaron muertos el juez y el propio Jonathan. Las autoridades acusaron a Davis de planear el secuestro y facilitar las armas, y ordenaron su captura. Convencida de la imposibilidad de ser sometida a un juicio justo, incluso a cualquier clase de juicio, decidió fugarse. Los carteles con la inscripción “Se busca” que el Gobierno distribuyó por todo el territorio iban acompañados de la leyenda “armada y peligrosa”. Fue arrestada en Manhattan nueve semanas después. No portaba ningún arma y había recorrido cinco Estados camuflada con maquillaje y una peluca lisa, mientras la policía interrogaba a centenares de mujeres que llevaban su peinado afro. Una vez en la cárcel, Angela sorprendió a los atentos medios de comunicación internacionales anunciando que asumiría su propia defensa. Solo contaba 26 años.

La conciencia política de la profesora Davis, nacida en Birmingham, Alabama, en 1944, tenía sus raíces. Había recibido de sus padres el aprecio por el potencial liberador de la educación. Ambos maestros y activistas de la NAACP (Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color), fundada en 1909 para defender los derechos civiles de los negros, su madre era además miembro del Negro Youth Congress, una organización de colectivos antifascistas respaldada por el Partido Comunista. Debido a tales conexiones, su familia fue vigilada por el FBI durante la era McCarthy. Con solo seis años, Angela era consciente de hasta qué punto el Gobierno hostigaba a los ciudadanos que disentían del orden establecido. Muy pronto aprendió también a vincular teoría y praxis. En la escuela de Nueva York donde estudió de adolescente, leyó por primera vez El Manifiesto Comunista y participó en los piquetes que protestaban a las puertas de Woolworth contra las prácticas segregacionistas de la cadena de almacenes.

En la Universidad de Brandeis (Massachusetts), tuvo ocasión de asistir a conferencias de James Baldwin, del mismo modo que durante su estancia europea de 1962 escuchó las de Theodor Adorno en Fráncfort, además de estudiar francés en la Sorbona (2) y acudir al Festival Mundial de la Juventud en Helsinki. Alumna de Herbert Marcuse en Brandeis, no solo profundizó en el pensamiento marxista, cuyos análisis le mostraban un mundo saturado de racismo y explotación de clase, sino en las conexiones entre marxismo y filosofía existencialista. Adorno, con quien estudió en la Universidad de Fráncfort entre 1965 y 1967, le transmitió la necesidad de respaldar los cambios radicales –los golpes revolucionarios– con una constante revisión teórica. Esa revisión continua queda patente en unas declaraciones de 1993 a propósito del feminismo: “Mi forma de ser feminista mañana puede ser diferente a la de hoy. El concepto que tengo de mí misma como feminista evoluciona en la medida en que voy comprendiendo de qué asuntos necesitamos ocuparnos. Es más productivo que adherirse a categorías rígidas”.

Los casi dos años que Angela pasó en prisión estuvieron repletos de acontecimientos dentro y fuera de su celda. En el exterior, se publicó un libro –If They Come in the Morning (1970)– (3) con escritos suyos y textos y cartas de los representantes del movimiento internacional constituido en su defensa, llamado primero Free Angela Davis, y más tarde, a instancias de la propia Angela, Free Angela Davis and All Political Prisoners. En el interior, su propia experiencia, unida a la relación entablada con otras reclusas, le proporcionó una información básica para su futura dedicación a la causa carcelaria; una huelga de hambre hizo peligrar su vida; aprendió yoga, cuya práctica nunca abandonaría; escribió ensayos y  preparó intensamente su propia defensa, que, tras poner de relieve la brillantez de su pensamiento, concluyó en absolución. Mi juicio demostró que los ciudadanos pueden lograr que se les escuche. Pueden lograr que las cosas cambien”. Las entrevistas concedidas durante su cautiverio dan prueba de su preparación, serenidad y aplomo. A una pregunta sobre si estaba a favor de la violencia, contestó que la propia pregunta revelaba una total falta de información respecto a la violencia con la que Estados Unidos trataba a los negros. En su barrio de Birmingham, Alabama, al sur del país, los vecinos tenían que montar guardia para defenderse de las agresiones racistas, como la que hizo estallar una bomba en una iglesia y mató a cuatro niñas, a pesar de lo cual los negros seguían organizándose de forma pacífica para reclamar justicia e igualdad. “¿Y usted me pregunta si estoy a favor de la violencia?”, concluía Angela (4).  

Desde la misma perspectiva debe considerarse su relación con los Black Panthers, grupo fundado para proteger los barrios negros de la violencia policial. Cualesquiera que fuesen las derivas posteriores de los Panthers (5) el Partido se articuló para impulsar proyectos comunitarios tales como escuelas autogestionadas, distribución de alimentos en los colegios infantiles y entre adultos necesitados, acceso gratuito a la asistencia sanitaria, fomento del voto y protección frente a la violencia policial. Su programa de diez puntos defendía, entre otras cosas, el derecho a poseer armas, ya que en Estados Unidos dicha posesión era legal… para los otros. “Mi compromiso con los Black Panthers –recapitularía Angela Davis– fue una fase muy emocionante de mi vida. Su radicalidad y su rabia eran esenciales en aquella época. Pero no estaba de acuerdo con quienes predicaban el nacionalismo negro, la creación de una nación afroamericana separada de Estados Unidos o el regreso a África. Tampoco con el machismo imperante en el Partido, ni con su falta de democracia interna”.

Tras su absolución en junio de 1972, Angela Davis emprendió durante dos años una gira de conferencias por los numerosos países que se habían sumado al movimiento Free Angela Davis. En todos ellos, fue recibida con honores, especialmente en Alemania y Francia, donde entró en contacto con las teorías postcoloniales de Frantz Fanon. Su conocimiento de las culturas y lenguas de ambos pueblos ayudó a que las salas donde impartía sus conferencias estuvieran siempre abarrotadas. Su fuerza, su juventud y su inteligencia la convirtieron en icono internacional de la resistencia política. Y también en un icono pop. En 1972, tanto los Rolling Stones como Yoko Ono & John Lennon le dedicaron sendas canciones: Sweet Black Angel (Exile on Main St.) y Angela (Some Time in New York City). En ambos casos, las letras hacen referencia a la injusticia del trato recibido y piden su libertad. ¿Y qué camino tomó Angela Davis a continuación de esos baños de multitud? El de la desaparición de la escena mediática (6).

Angela se volcó en una intensa y fructífera carrera docente, continuó su incansable activismo social y solo intervino en los medios de comunicación masivos –radio, televisión– cuando existía una estrecha implicación con el tema tratado. Si su figura desapareció de la presencia internacional, fue ganando peso en su propio país, hasta convertirse en una de sus intelectuales públicas más destacadas. A raíz de su apoyo a las reivindicaciones del movimiento Occupy Wall Street y de su presencia en algunas de sus acampadas –Oakland, Filadelfia, Nueva York, Berlín–, su imagen volvió a situarse en el primer plano internacional, después de toda una vida consagrada a dilucidar el verdadero significado y alcance de la libertad. No la libertad individual –hacer lo que uno quiera, siempre que esté dentro de la ley–, sino la colectiva, aquella que parte del derecho a ganar un salario decente, tener derecho a movilidad y no sufrir ningún tipo de violencia, ya sea sexual, económica o administrativa. Para ella, la libertad es un proceso participativo que requiere incesantemente nuevas formas de pensar y actuar. Davis sostiene que son los movimientos sociales –la imaginación y la acción de la gente corriente– los que producen cambios radicales, y no, como suele defenderse de forma fetichista, la obra providencial de seres excepcionales. En referencia a la elección de Obama, Davis escribió en el mencionado prólogo a la edición castellana de Dificultades técnicas, el libro de June Jordan: “Ya es hora de dejar de proyectar nuestro poder colectivo sobre individuos que parecen exceder la propia vida. Tal como June escribió: ‘Es a nosotros mismos a quienes hemos estado esperando’”.

Según The Atlantic Monthly (7), un intelectual público es un escritor animado por un fuerte impulso moral, que se dirige a su audiencia en un lenguaje accesible, que trata los temas importantes del momento y en cuyo pensamiento se confunden lo personal y lo histórico. Los escritos y vida de Angela Davis se ajustan por completo a esa definición: imagen del orgullo negro en la década de 1970, dos veces candidata a la vicepresidencia con el Partido Comunista (1980 y 1984), catedrática de Historia de la Conciencia, Estudios de la Mujer, Filosofía y Estética Afroamericanas, cabeza visible de la lucha contra el complejo industrial carcelario y el G4S (8) apoyo continuado del colectivo LGTB (9), del movimiento OWS (Occupy Wall Street), de la causa palestina… Los asuntos que, con su pensamiento preciso y su escritura-bisturí, viene examinando desde su juventud están ahora en el centro mismo de la sociedad contemporánea. “El reto más difícil para un activista es responder plenamente a las necesidades del momento y hacerlo de forma que la luz que intenta proyectar sobre el presente ilumine simultáneamente el futuro”.

La antología que presentamos da cuenta de los problemas que más han preocupado a Davis a lo largo de su trayectoria, que no son otros que los propios de una activista social, revolucionaria, filósofa y educadora, tal como la califica el Oxford Companion to African American Literature. Los ensayos aparecen agrupados en tres bloques: biográfico, feminista y penitenciario. El primero, incluye un texto extraído de las tempranas memorias escritas por encargo de la entonces editora Toni Morrison (An Autobiography, 1974; Autobiografía, Grijalbo, Barcelona, 1977). El libro fue recibido como descendiente del género llamado Slave Narrative (10), ya que la historia de los revolucionarios negros puede considerarse una extensión de las insurrecciones de los esclavos. El capítulo escogido transcurre en la universidad de Brandeis justo antes de su primera visita a París. Las conversaciones que mantuvo con estudiantes argelinos y de otros lugares de África le hicieron percatarse del carácter internacional de su lucha. De regreso a su país, retomó los estudios en Brandeis bajo la tutela de Herbert Marcuse, y se unió a las luchas del movimiento de los derechos civiles y del movimiento feminista. En la campaña a favor de su absolución, se hizo notar la participación de intelectuales franceses: Beauvoir, Sartre, Genet, Max-Pol Fouchet, Aragon, Prévert, Picasso… Mientras que en Estados Unidos Angela Davis formaba parte de una pequeña y repudiada minoría política carente de representación en Washington –la comunista–, en Francia fue inmediatamente reconocida como camarada por los numerosos seguidores de izquierdas…”

Texto completo en http://www.fronterad.com/?q=14491