“Una pensión” de Javier Aristu, en campo abierto

una pensión

“El modelo de capitalismo que funciona actualmente tiene poco que ver con el que estudiaron los autores clásicos. Siguen teniendo validez sus fines —la ganancia sin límites, como la llamada de la selva para los leones— pero su morfología y su manera de actuar han cambiado de manera extraordinaria. Aunque haya todavía “grandes capitalistas” con nombres y apellidos el sistema se viene desarrollando a través de dos mecanismos: por un lado, el anonimato de los accionistas, en gran medida sociedades diversificadas y oscuras que funcionan a través de las redes informáticas y otros mecanismos muy complejos; por el otro, la importancia cada vez mayor de los “gerentes a sueldo” que son los que llevan el día a día de las inversiones, se responsabilizan de la gestión empresarial y, por ello, toman parte de los grandes beneficios o, cuando ello ocurre, no se responsabilizan de las pérdidas. En la película “Margin call” se visualiza perfectamente esta nueva especie depredadora. Cuando el fracaso ocurre, son despedidos de la mejor manera, se embolsan una buena cantidad en indemnizaciones y se marchan a otro grupo empresarial a ganar más dinero. Se ha perdido lo que leíamos en aquellos manuales de hace un siglo o menos, la implicación entre proyecto empresarial y vida personal de su patrón. El apellido y la saga familiar han dado nombre a aquellas grandes iniciativas empresariales que marcaron la economía americana o europea: Rockefeller, Carnegie, Ford, Krupp, Rotschild, Thyssen, Agnelli, Dassault, etc eran los dueños casi totales del tinglado. Había otros accionistas pero ellos eran los decisivos y por eso su nombre estaba en el frontispicio de la entrada de la fábrica. Aquí, en España, sólo podemos hablar en estos años de Amancio Ortega (Zara) o de Emilio Botín (Santander) como principales exponentes de este modelo de propiedad empresarial.  En esta etapa del desarrollo del capitalismo éste ha dejado de tener apellidos para identificarse a través del anonimato del inversionista que hoy pone su dinero aquí y mañana en otro lado. Y para que esto ocurra, que ganen mucho dinero los grandes accionistas, necesitan al “nuevo intelectual orgánico del capitalismo”, el consejero-delegado, el presidente, el director general que, teóricamente a sueldo, desarrolla sus conocimientos a fin de generar cada vez más beneficios para su patrón… y para él…”

 

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