«Venezuela: Manumisión de los esclavos» de Miguel Azpúrua, en El Universal

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“El origen de la esclavitud en Venezuela, se remonta a la llegada de los alemanes representantes de los banqueros Welser, quienes trajeron esclavos negros a comienzos del siglo XVI; pocos años después los españoles introdujeron unos 100 esclavos que trabajaron en las minas de Buría, contingente que se levantó contra los españoles, en la rebelión del negro Miguel, en 1553. Portugueses, holandeses, franceses, españoles e ingleses, principalmente, fueron los que emprendieron el negocio del tráfico de esclavos africanos, dado que poseían empresas navieras para el transporte de «carne negra», supliendo el requerimiento de mano de obra esclava, en las colonias americanas; inclusive Inglaterra obtuvo mediante el vergonzoso Tratado de Utrecht (1713), el privilegio de surtir de esclavos las colonias españolas durante 30 años. Venezuela no fue la excepción, los amos de haciendas criollas compraban en los mercados de esclavos, establecidos en Santo Domingo, La Habana, Portobello, Cartagena de Indias y La Guaira; la llegada del cargamento humano, constituía un gran acontecimiento, los «grandes cacaos» acudían a comprar esclavos, revisándolos cuidadosamente como si de ganado se tratara.

Hubo una tranquilidad relativa en la provincia de Venezuela por casi 200 años. Hasta que se produce la llamada «Rebelión de Andresote» (1730-1732), protagonizada por el zambo Andrés López del Rosario, conocido contrabandista que traficaba entre las islas antillanas holandesas y tierra firme, burlando las férreas disposiciones de la Compañía Guipuzcoana, que ejercía el monopolio de comercio en la provincia; éste se alzó en armas contra los españoles, a la cabeza de un grupo de indígenas, mestizos, mulatos y negros cimarrones, en el territorio del hoy estado Yaracuy, asoló la zona asaltando y asesinando,  hasta que perseguido se refugió en Curazao, donde murió. Otro importante alzamiento fue el del liberto José Leonardo Chirinos y José de la Caridad González, contando con esclavos negros y «loangos», que se rebelaron en 1795 proclamando la «ley de los franceses», en las serranías falconianas; y que todos conocemos cómo terminó, con la ejecución de los cabecillas.

Una vez producido el movimiento del 19 de abril de 1810, la Junta Suprema de Caracas, prohibió el tráfico de esclavos por decreto del 14 de agosto siguiente; sin duda alguna el antiesclavista per se fue el Libertador Simón Bolívar Palacios, quien manumizó  a sus propios esclavos, predicando con el ejemplo. Una vez llegado en la «Expedición de los Cayos», en 1816, al día siguiente de tomar Carúpano (1 de junio) decretó la libertad absoluta de los esclavos; ratificando esta propuesta en el célebre y memorable  «Discurso de Angostura», pronunciado ante el Congreso, el 15 de febrero de 1819, exigiendo la libertad de los esclavos y la garantía de igualdad entre todos los ciudadanos, expresando: «Imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República». Una vez consolidada la independencia de Venezuela, luego de la decisiva batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821; Bolívar hace un especial petitorio al Congreso de Cúcuta, el cual decreta la «Ley de manumisión del 21 de julio de 1821», considerando la gradual eliminación de la esclavitud, ante las posiciones de los legisladores conservadores, dado que muchos de ellos eran hacendados y terratenientes…”

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