Venezuela: represión y paramilitarismo. Artículos de Mikel las Heras y Marco A. Ponce.

venezuela, febrero 18

Mikel las Heras nos envía el artículo Doble rasero: el caso venezolano.: “Los derechos humanos son universales, se dice, pero no se pone en práctica este precepto. Y no se pone, porque se anteponen intereses de todo tipo sobre ellos.

 

Impresiona constatar cómo fuera de Venezuela, con pretextos a veces ideológicos, a veces con la excusa de “que no hay información disponible”, otras veces con argumentos fuera de toda lógica como “es que es una sociedad polarizada de ricos y pobres”, o “de izquierda y fascistas” o de otras tonterías absolutamente alejadas de la realidad, se convalida la violación, a estas alturas sistematizada violación, a los derechos humanos.

 

En Europa, por ejemplo, se acatan decisiones de tribunales europeos e internacionales de derechos humanos, se leen con atención los informes y se pide a los gobiernos que hagan caso de ellos, de organizaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Wach, Periodistas Sin Fronteras, etc.

 

Todas esas organizaciones han emitido informes y acciones urgentes sobre Venezuela, y no solo en los últimos días, y no han recibido eco ni de gobiernos, ni de organizaciones sociales, ni de partidos partidos políticos europeos. Tampoco hemos visto mayores quejas por ejemplo, de la venta a Venezuela por parte de España, de gas lacrimógeno y otros insumos que son usados para la represión. O de los tremendos negocios que hacen Telefónica y Repsol en un país donde el petróleo “es del pueblo” y las telecomunicaciones están bajo control estatal. Venezuela está fuera de la agenda de muchos dirigentes políticos y sociales que hablan sobre neocolonialismo, injerencia y derechos humanos, pero claro, en países donde no gobiernan partidos y presidentes “amigos”. Doble rasero.

 

Pero esa forma simplista, primaria, de ver las cosas en blanco y negro (y luego hablan de polarización cuando se refieren a Venezuela), adquiere una dimensión importante cuando el tema en cuestión es el de los derechos humanos.

 

En Venezuela, hoy, se tortura. Hay ejecuciones extrajudiciales. Se usan las armas de fuego para controlar manifestaciones. Existen grupos paramilitares y parapoliciales actuando con impunidad. Se criminaliza la protesta de trabajadores, indígenas, campesinos, estudiantes y ciudadanos en general. Hay más de 3.000 personas sometidas a juicio y con medidas cautelares emitidas por los tribunales, por protestar. En Venezuela existe un entramado de leyes (Ley Antiterrorista, Ley de Zonas de Seguridad, etc) que hacen posible la aplicación de una doctrina de seguridad nacional, similar a la que aplicaron las dictaduras de latinoamérica en los 70.

 

Pero la cosa no queda ahí. Especialmente en los últimos tiempos se ha avanzado profundamente en contra de la libertad de expresión. El gobierno maneja por ley el mercado cambiario de divisas y no está concediendo divisas para la importación de papel periódico. Poco a poco vemos cerrar diarios y reducir el número de páginas de muchos de ellos. En paralelo, se interviene en forma descarada, vía bloqueo (el estado controla acceso a internet) o hacking, a un sinnúmero de páginas webs, redes sociales, sitios de recorte de vínculos o de difusión de imágenes, y se ordena a las operadoras de cable el retiro de emisoras de noticias, como el reciente caso de NTN24. Censura.

 

No es legítimo ni ético usar el lugar común de “quieren dar un golpe” para convalidar, abiertamente o con el silencio, todas esas violaciones. O decir que “la derecha quiere tomar el poder”.

 

Vale la pena ponerse a pensar por qué existen tantas protestas en Venezuela (en 2013 hubo más de 4.000 protestas laborales, por vivienda, seguridad, salud, etc) y por qué se está dando ahora esta ola de manifestaciones con contenido más político pero que no ha dejado de lado el contenido de reivindicaciones sociales. Vale la pena ponerse a pensar por qué Venezuela está atravesando esta profunda crisis económica, social y política, tras quince años de gestión de un gobierno con profundas raíces militares y militaristas. Vale la  pena ponerse a pensar en lo que muchos venezolanos pensamos a diario: ¿A dónde han ido a parar todos los ingresos que hemos tenido por la renta petrolera con un barril sobre los 100 dólares? ¿Por qué ahora dependemos de las importaciones de productos alimenticios que hasta hace unos años producíamos para nuestro consumo? ¿Por qué la escasez de alimentos y medicinas? ¿De dónde han surgido todas esas nuevas fortunas de lo que llamamos en Venezuela “boliburguesía? ¿Por qué tenemos que ver uniformes militares a toda hora y en todas partes, desde en el alto gobierno hasta en las colas que hacemos para comprar alimentos? ¿Por qué el gobierno gasta tanto dinero en compras de armamento para la Fuerza Armada Nacional? ¿Por qué, si supuestamente gozamos de un buenísimo sistema de salud, todos los empleados y trabajadores de la administración pública tienen por contrato pólizas privadas de seguros de salud? ¿Por qué los dirigentes se tratan en clínicas privadas o en el exterior sus enfermedades? ¿Por qué este gobierno tiene más de 400 contratos colectivos de sus trabajadores vencidos y sin negociar? ¿Por qué tanta muerte? ¿Por qué tanta impunidad?

 

Hay muchas preguntas cómo las anteriores rondando en las cabezas de muchos de los que hoy protestan en Venezuela, de derecha, centro e izquierda, trabajadores, estudiantes y amas de casa, de muy diferentes condiciones y procedencias sociales. Es un insulto a la inteligencia pensar que, si estamos divididos en por lo menos “dos mitades”, una sea de pobres y la otra de ricos, o una legítima y la otra golpista. Vale la pena pensar sin doble rasero”.

 

 

   También Mikel las Heras junto con Marco A. Ponce han publicado en ConflictoVe Represión y paramilitarismo: “Crece la represión como herramienta de enfrentar la protesta ciudadana

El gobierno está obligado por ley a no permitir la actuación de grupos paramilitares

Cada lunes hemos dedicado este espacio a explicar y echar una mirada a las características de la protesta en Venezuela y a analizar los conflictos en desarrollo o que consideramos en ciernes. Hemos sido reiterativos en varios aspectos, uno de ellos es el carácter pacífico de los manifestantes venezolanos.

Los estudios realizados por el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) y el seguimiento diario de la protesta hecho por conflictove.org.ve demuestran que el 98% de las protestas tiene un carácter pacífico. Y ese es un dato que no puede pasar desapercibido, porque refleja en gran medida cómo, a pesar del desgaste de la calidad de vida, todavía quien sale a la calle a protestar, lo hace de una manera cívica y democrática.

Por eso hemos denunciado reiteradamente la incorrecta forma que el gobierno viene aplicando para enfrentar a los manifestantes. Y lo hace cada vez con más violencia y ensañamiento hacia un pueblo que sale de manera pacifica a expresar en las calles lo que piensa sobre las políticas públicas y los dirigentes.

El gobierno y las protestas

Nuestras leyes garantizan el derecho a la vida, a la libertad de expresión, a la manifestación pacífica, entre otros aspectos. También prohíben la tortura y los tratos crueles, inhumanos o degradantes. Sin embargo, lo que hemos visto en las últimas semanas es un desconocimiento absoluto y una violación a las leyes que garantizan la dignidad de los ciudadanos venezolanos.

En los primeros 12 días de febrero de 2014 se han incrementado las protestas pacíficas en Venezuela. Y el aumento de la protesta de calle ha tenido como respuesta gubernamental la ejecución de prácticas sistemáticas de represión y criminalización. Hemos contabilizado al menos, 3 fallecidos, más de 100 personas detenidas y más de 200 ciudadanos heridos durante el ejercicio del derecho humano a la protesta pacífica, incluyendo a trabajadores, sindicalistas, estudiantes universitarios y dirigentes políticos.

El carácter de las últimas protestas

La semana pasada, tras el llamado a protestar realizado por algunos sectores políticos que hacen vida dentro de la oposición, el movimiento estudiantil en su conjunto asumió la dirección de las marchas y protestas que se realizaron en el país.

La jornada del día 12, agridulce tras los hechos de violencia y muerte que sucedieron en Caracas después de haber realizado por lo menos 16 multitudinarias y pacíficas marchas de protesta en 16 diferentes ciudades del país, marcó un antes y un después de lo que sería una sucesión de protestas, pacíficas en su mayoría, en varias ciudades del país, pero tornadas violentas algunas de ellas, sobre todo en Caracas. Si bien es cierto que la violencia, como sucede usualmente, apareció tras la intervención de las fuerzas de seguridad del estado, también lo es el hecho que, especialmente en Caracas, en el municipio Chacao, los disturbios afectaron a personas, a periodistas y propiedades tanto públicas como privadas, los días viernes y sábado en horas de la noche. También pudimos ver este tipo de acciones en la zona de Los Ruices, dnde está la sede de la estatal Venezolana de Televisión.

Desde la dirigencia estudiantil, se dio a entender que son elementos infiltrados quienes intervienen en estos actos violentos, cosa que podría se cierta, pero corresponde a quienes conducen la protesta, conocen a quienes participan en ella y manejan los horarios, rutas, sitios, etc, la responsabilidad de que este tipo de acciones no sucedan.

Paramilitares en acción

Llama poderosamente la atención, y no podemos dejar de lado, la intervención de factores armados paragubernamentales, o parapoliciales, o paramilitares, en la represión de las protestas, intimidación y ataques a los ciudadanos ante la mirada impasible y complaciente de las autoridades.

La semana pasada el país entero vio con estupor la intervención violenta de algunos de esos grupos en Mérida y en Caracas. Ni la Fiscalía, ni la Defensoría del Pueblo, ni ninguna autoridad gubernamental ha tomado, hasta ahora, cartas en el asunto. Tratan con su silencio dar a entender que quienes forman parte de esas bandas son “representantes” del pueblo. Estos grupos, que actúan muchos de ellos encapuchados, portando y usando armas, son responsables de muchos de los actos violentos de los que fuimos testigos la semana pasada y son cómplices necesarios en la violación de derechos humanos por parte del gobierno. El sábado pasado, durante una alocución en cadena nacional de radio y televisión, de Nicolás Maduro hizo referencia – por primera vez- a estos “grupos armados” que están actuando. Recordamos al Ejecutivo Nacional que más allá de condenar este tipo de situaciones y pedirles que no actúen, su deber es enfrentarlos, desarmarlos y someterlos a la justicia, para que cese la impunidad con que actúan.

http://www.conflictove.org.ve/analisis-y-opinion/analisis-del-observatorio-venezolano-de-conflictividad-social-y-conflictove-represion-y-paramilitarismo-articulo-de-marco-a-ponce-y-mikel-las-heras.html