“Víctor Erice, una poética del silencio en el cine” de Pedro García Cueto, en fronterad

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“Pocos directores españoles han llevado a cabo un pulido tal de su cinematografía como el caso de Víctor Erice, director olvidado para muchos, pero esencial para otros. Porque su cine es un ejercicio de la mirada, donde el silencio de los personajes cobra toda relevancia. Erice, autor de solo tres películas en cuarenta años, es un hombre meticuloso, que busca profundizar en el lenguaje cinematográfico para convertirlo, por el poder seductor de la imagen como arte intemporal, en eterno.

Sin duda alguna, Erice está a la altura de autores españoles de la talla de Carlos Saura, mucho más prolífico. Ambos investigan en sus películas el ejercicio de la mirada, su poder, la devastadora influencia de una época que ha dejado huella. En la película El espíritu de la colmena, en el caso de Erice, o en La caza, en el caso de Saura. También es un cineasta que busca la imagen como espacio donde transitan las alucinaciones de unos personajes envolventes que viven sus espejismos en un mundo onírico, lejos de la mediocridad de la España franquista de la época.

Erice nació en Carranza (Vizcaya) en 1940, aunque se trasladó a San Sebastián con pocos meses, donde vivió hasta los diecisiete años. Allí cursó el Bachillerato Superior. Más tarde se trasladaría a Madrid, donde comenzó sus estudios de Ciencias Políticas en la Universidad Central, un pretexto del futuro director para acercarse al Instituto de Investigaciones y Experiencias cinematográficas que existía entonces en la capital. En 1960 ingresó en el citado Instituto, posteriormente llamado Escuela Oficial de Cinematografía. Debutó con dos cortometrajes realizados durante el curso 1960-61:Entrevías (de 16 mm) y Páginas de un diario perdido (de 35 mm). Se graduó en el curso siguiente.

Durante su etapa de estudiante cinematográfico comenzó su trayectoria como crítico de cine en Cuadernos de Arte y Ensayo (más fructífera que como director) y, especialmente, en Nuestro Cine, de la que formó parte del consejo de redacción durante la primera etapa de la revista.

Erice debutó como director con Los desafíos, película rodada en 1969, donde ya indaga en las relaciones humanas, entendidas como un juego de poder. El intercambio de parejas de los protagonistas revela una constante temática en su filmografía: la soledad de los personajes, su ausencia de comunicación. Algo que se verá mejor en su obra maestra, El espíritu de la colmena.

El título de este filme del director vasco tiene que ver con el enfrentamiento entre dos hombres, Charley y Julián. Mientras en la obra Los desafíos el pueblo es un espacio abierto, un lugar que funciona a modo de testigo mudo (reflejo de la incultura de una España profunda) donde presagiamos la desgracia futura de sus protagonistas, esta historia transcurre en un espacio cerrado. De hecho, el título hace referencia a la colmena, la sociedad encerrada en sus traumas (en el periodo de la terrible posguerra española) marcada por la incomunicación y con un pasado que no acaba de cicatrizar para los protagonistas de la historia.

El espíritu de la colmena (1972) supone la consagración de Erice como director de cultoSu filmografía es muy escasa, pero contiene tres obras maestras que han marcado otros directores, mucho más prolíficos y que aún así nunca han alcanzado el poderío visual y la certeza de un lenguaje cinematográfico tan amplio y profundo…”

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