«La United Fruit Company y el empréstito de 1922 en El Salvador» de Héctor Lindo-Fuentes, en Boletin de la AFEHC

jorge melendez

“Introducción

2Este breve artículo es un avance de investigación sobre la historia política del empréstito de 1922, episodio que coloca a la presidencia de Jorge Meléndez en la categoría de una de las más dañinas en la historia de El Salvador. El incidente incluye corrupción, la United Fruit Company, banqueros salvadoreños, franceses, ingleses, y de Estados Unidos, intentos de golpes de estado y numerosas visitas de barcos de la Marina de Guerra de Estados Unidos. La constante que se mantiene en el transfondo es la falta de legitimidad percibida de los gobiernos de la llamada dinastía Meléndez-Quiñónez.

3El hecho que no se conozca esta historia o que por lo menos no tenga la preeminencia que merece en la narrativa de la historia salvadoreña es testimonio del éxito de la censura de prensa. Muchos de los aspectos que se discutirán a continuación apenas se vislumbran o no se encuentran por ningún lado si se consultan las fuentes periodísticas tradicionales como La Prensa, el Diario del Salvador, o el Diario Oficial. Los muy pocos trabajos de historia que tocan este tema, como la excelente obra de Jan Suter, no están traducidas al español1. Tampoco se encuentra traducido el trabajo de Dana Munro que describe los arreglos del préstamo desde el punto de vista del Departamento de Estado de Estados Unidos2.

4A pesar de la falta de atención que ha recibido, el empréstito de 1922 es indispensable para comprender las dificultades del país para reaccionar ante la gran depresión de la década de los treinta, la obsesión del General Maximiliano Hernández Martínez con la austeridad fiscal, y la poco comentada pérdida de autonomía de El Salvador en la toma de sus decisiones económicas debido a la prolongada y activa presencia de un representante de los bancos estadounidenses en El Salvador.

5A continuación se discutirán algunos aspectos selectos de la problemática: la recesión de 1920-1921, la respuesta popular, la inestabilidad política, las negociaciones del empréstito, y el papel de los Estados Unidos en la determinación de las contrapartes y las condiciones del contrato final. Se dejará de lado el esfuerzo de unión centroamericana que se llevó a cabo paralelo al aniversario del primer centenario de la independencia. Este último es un tema conspicuo en las narrativas de la política de la época y aparecía prominentemente en las páginas de los periódicos. Sin embargo, la documentación consultada no deja en claro la seriedad de los personeros del régimen al tratar este asunto. Ciertamente en el futuro cabe una discusión sobre las verdaderas posibilidades del ideal unionista en esta coyuntura histórica, pero para la discusión del empréstito de 1922 es un elemento que, curiosamente, los actores dejaron prácticamente de lado en sus discusiones.

La adopción del patrón oro puro y la recesión de 1920-1921

6Jorge Meléndez fue electo a la presidencia en enero de 1919. Antes de su elección su antecesor, su hermano Carlos, había sufrido un derrame y se rumoraba que el cuñado de ambos, el Dr. Alfonso Quiñónez Molina, aspiraba también a la magistratura. A fin de cuentas el candidato fue Jorge. Las circunstancias casi dinásticas de la sucesión fueron suficientes para que se cuestionara su legitimidad desde el primer momento. Además, las elecciones presidenciales fueron problemáticas. Semanas antes había llegado al puerto de La Unión el USS Marblehead, un barco de guerra norteamericano, para asegurarse de que la turbulenta situación política salvadoreña se desenvolviera sin más dificultades. El comandante informó a sus superiores que su visita había tenido un efecto saludable puesto que quedó clara la intención de Estados Unidos de intervenir si se presentaban nuevas complicaciones3.

7El origen más inmediato de la crisis económica y política que llevó al empréstito de 1922 se encuentra en la adopción al patrón oro mediante la Ley Monetaria del 11 de septiembre en 1919. Según Victor Bulmer-Thomas el hecho de que el precio de la plata fuera alto permitió a los bancos locales comprar oro a buen precio y así obtener reservas saludables4. Pero el cambio representó un desafío político. El nuevo sistema chocó con los intereses de los bancos y la oposición era tal que el presidente temía por su vida. Hubo rumores de revolución la semana misma en que se aprobó el decreto.

8A mediados de 1920 el nuevo régimen monetario experimentó desajustes debido a las repercusiones de la fuerte pero breve recesión económica de Estados Unidos de 1920-19215. La crisis se refleja en las cifras oficiales de 1921 que indican que las rentas fiscales bajaron del 30 por ciento de 1920 a 19216. En el mismo período el número de sacos de café exportado bajó un 25 por ciento7. La baja en la demanda por productos salvadoreños llevó a una pérdida del valor de la moneda local. Ante la baja de la demanda por café salvadoreño el gobierno empezó a gestionar, sin éxito, su venta en Europa : “el asunto es de una transcendencia enorme en los momentos actuales en que la potencialidad económica de la nación estaba amenazada de graves quebrantos” decía uno de los periódicos. En el mismo artículo se decía que :“El actual momento económico de El Salvador es de trascendencia8”. Escritos periodísticos como éste reflejaban el sentimiento de crisis que sentían los exportadores y que los llevaron a tomar medidas drásticas.

9Para mediados de septiembre la alarma generalizada llevó a una crisis bancaria. Ante la pérdida del valor del papel moneda local muchos buscaron aprovechar la convertibilidad del colón en dólares oro y corrieron a los bancos para deshacerse de sus billetes. Los mismos bancos empezaron a sacar oro hacia Estados Unidos, la fuga de oro llegó a constituir una verdadera hemorragia9. Durante cuatro días los bancos enfrentaron una situación que se aproximó a un pánico bancario. Los clientes llegaban con cientos de miles de colones en papel moneda para cambiarlos por dólares de oro10. El gobierno no tenía ideas claras de cómo enfrentar la situación pero los bancos se estaban desestabilizando. Se terminó impidiendo la exportación de oro.

10La baja en el valor de las exportaciones llevó a que disminuyeran los ingresos de las arcas fiscales. El gobierno comenzó a atrasarse con sus pagos. Tanto empleados civiles como militares dejaron de recibir su salario. La compañía de cables se rehusaba a transmitir las comunicaciones del gobierno por falta de pago11. Para febrero de 1921 la falta de pagos de empleados, el desempleo, la incertidumbre sobre el valor del colón, el descontento con el continuismo en el poder de la familia Meléndez y la corrupción habían creado una percepción de crisis generalizada. Ni siquiera los soldados habían recibido su salario. La colonia extranjera esperaba un golpe de estado de un momento a otro12. No se dio el esperado cambio de gobierno pero hubo potentes y violentas protestas populares. Primero, el 21 de febrero, hubo una importante huelga de zapateros que recibió amplio apoyo de los grupos obreros13.

11El detonador de las protestas más graves fue la medida de poner en práctica la desmonetización de la moneda fraccionaria de plata que era parte de la Ley Monetaria de 1919. El comunicado del Ministerio de Hacienda el 23 de febrero parecía inocente: “Se recuerda al público nacional y extranjero, que las monedas salvadoreñas de plata de 5, 10, 20, 25, 50 y 100 centavos de antiguos cuños y las extranjeras de cualquier valor y ley, quedaron desmonetizadas conforme al artículo 3 de la Ley Monetaria de 11 de septiembre de 191914. El anuncio de que se iba a hacer cumplir esta parte de la ley causó un verdadero furor. Dos días más tarde las señoras del mercado y los obreros convocaron una demostración de protesta15. A la manifestación en la Plaza Morazán acudieron más de cinco mil personas. Los asistentes no eran solamente obreros organizados, acudieron además personas de todo tipo. Los periódicos hablaban de ancianos de pelo blanco que se unieron a la manifestación desesperados por la pérdida de sus ahorros. Un artículo periodístico describe la perspectiva de la población humilde: “muchas de esas gentes que tenían plata en la alcancía, asustadas por la disposición del señor Ministro, ocurrieron a cambiar buenos pesos de 900 milésimos de fino, por la suma exigua de 75 centavos y hubo quien dio, según se informa, dos pesos en monedas de 5 y 10 centavos por un peso de papel, bien que con respaldo16”. Los más pobres, aquellos que guardaban en una alcancía sus ahorros en moneda fraccionaria, veían desaparecer de un plumazo de Ministro el fruto de sus esfuerzos.

12El episodio culminó con desórdenes en la capital el 28 de febrero de 1921 que incluyeron el ataque a comercios. Muchos establecimientos de inmigrantes chinos y árabes sufrieron saqueos. La policía disparó en contra de los amotinados y de acuerdo con cifras oficiales hubo seis policías y cuatro civiles muertos17. El mismo día la Asamblea Legislativa declaró el estado de sitio. Los considerandos del decreto respectivo hablaban de “turbas impulsadas por apasionamientos políticos”, que habían “perturbado la tranquilidad y el orden público rebelándose contra la autoridad constituida18”. El gobierno administró el estado de sitio de forma vigorosa con censura de prensa, numerosas detenciones, y torturas19…”

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